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El tráiler de la segunda temporada de Ahsoka confirma el regreso de Anakin Skywalker y sitúa a Thrawn como una amenaza militar de escala épica contra los Rebeldes, mientras The End of Oak Street reinventa la película de dinosaurios en la suburbia ochentera.
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Opinión: Ahsoka puede convertirse en la historia más filosófica y emocionalmente honesta del Star Wars moderno si sabe cargar con el peso de la relación entre maestra y aprendiz; y The End of Oak Street demuestra que el caos y la inteligencia narrativa no están reñidos.
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Rory McCann sustituye al fallecido Ray Stevenson como Baylan Skoll en una serie que se estrena el 20 de enero de 2027 en Disney+.
Hay semanas en las que la ciencia ficción llega con todo. No con un solo impacto, sino con dos propuestas que, cada una a su manera, invitan a pensar en qué queremos de las historias especulativas y por qué seguimos volviendo a ellas con la misma intensidad que la primera vez.
Esta semana tenemos dos razones para el entusiasmo: el primer tráiler de la segunda temporada de Ahsoka, una serie que toca directamente la mitología más emocional de Star Wars, y la reseña de The End of Oak Street, una película de dinosaurios en suburbia que resulta ser bastante más de lo que aparenta.
Dos proyectos distintos, dos géneros distintos. Pero los dos con algo en común: la ambición de ir más allá del espectáculo.
Ahsoka y Anakin: cuando el pasado camina contigo
Hay algo profundamente interesante en la relación entre Ahsoka Tano y Anakin Skywalker.
No es la típica dinámica maestro-aprendiz. Es algo más complicado. Ahsoka fue testigo de la caída de alguien a quien admiraba, alguien que la formó. Y cargar con eso, con el peso de haber sido moldeada por quien luego se convertiría en Darth Vader, es una de las premisas más ricas que Star Wars tiene sobre la mesa.
El tráiler de la segunda temporada no solo confirma el regreso de Hayden Christensen: lo pone en el centro. Y eso importa mucho.
Rosario Dawson vuelve como Ahsoka, rodeada por el elenco ya conocido: Natasha Liu Bordizzo como Sabine Wren, Mary Elizabeth Winstead como Hera Syndulla, y Eman Esfandi como Ezra Bridger. Pero la sombra más larga la proyecta Lars Mikkelsen como el Gran Almirante Thrawn, que aquí se presenta como una amenaza militar real y declarada contra los Rebeldes.
Y Thrawn me interesa por una razón concreta. No actúa por instinto ni por oscuridad emocional. Actúa con estrategia, con frialdad calculada.
Pensad en ello un momento. En un universo que se alimenta de conflictos personales y de la lucha entre luz y oscuridad, el villano más inquietante es el que razona. El que planifica. El que convierte la crueldad en una hoja de cálculo.
Cuesta no ver ahí un reflejo de nuestra época, de esos liderazgos que ya no necesitan levantar la voz porque han entendido que el poder frío, el que opera con datos y paciencia, resulta mucho más eficaz. Thrawn no da miedo por lo que siente, sino por lo que calcula. Y esa es, quizá, la forma de amenaza que mejor entendemos hoy.

Hay que mencionar también un cambio inevitable y doloroso. Ray Stevenson, el actor que interpretó a Baylan Skoll en la primera temporada, falleció en mayo de 2023 a los 58 años. Para esta segunda entrega, el papel ha sido asumido por Rory McCann. Un relevo que nadie habría elegido, pero que la producción ha tenido que afrontar con respeto y dignidad.
Lo que hace interesante a Ahsoka no es solo el fan service bien ejecutado. Es la posibilidad de explorar qué significa seguir adelante cuando tu pasado camina literalmente a tu lado.
Esa tensión entre el recuerdo y el presente es el tipo de pregunta que más me engancha de la ciencia ficción. Me pasó con Arrival, que llegué a pausar para apuntar frases sobre la memoria y el tiempo. Y algo de eso intuyo aquí: la idea de que cargamos con quienes fuimos, y con quienes nos formaron, aunque hayan terminado convirtiéndose en otra cosa.
El estreno está previsto para el 20 de enero de 2027 en Disney+.
The End of Oak Street: dinosaurios, familia rota y caos inteligente

No es habitual que una película de dinosaurios te sorprenda de verdad. Normalmente ya sabes lo que vas a encontrar.
The End of Oak Street parece desafiar esa lógica con notable convicción.
Dirigida por David Robert Mitchell, el mismo de It Follows, la película arranca en los años 80 y mete criaturas prehistóricas en el paisaje doméstico de la familia Platt. Anne Hathaway y Ewan McGregor interpretan a Denise y Greg, un matrimonio con sus grietas ya abiertas mucho antes de que lleguen los dinosaurios.
Y ahí está la clave.
Mitchell ya demostró en It Follows que sabe leer el suburbio americano como pocos. Que ese decorado de casas iguales, céspedes cuidados y calma aparente es el escenario perfecto para el terror, precisamente porque promete una seguridad que nunca es real.
En aquella película el miedo era una metáfora que caminaba, lenta e imparable. Aquí lo imparable tiene forma de dinosaurio, pero la idea de fondo es la misma: lo que amenaza a esta familia no viene solo de fuera.
La película no trata solo de supervivencia. Trata de una familia que tiene que enfrentarse a sus problemas internos mientras, literalmente, intenta no ser devorada. Eso es buena escritura de género: usar lo imposible para hablar de algo muy real.
Y hay algo casi universal en esa premisa. Todos tenemos una versión doméstica de lo inevitable, ese conflicto que crece en silencio y que solo estalla cuando llega una catástrofe externa. Los dinosaurios son la excusa; el verdadero monstruo es todo lo que no supimos hablar a tiempo.
Con 99 minutos de duración, la propuesta es directa y eficiente. La violencia es real, los dinosaurios son amenazas genuinas y el diseño de las criaturas incluye sorpresas que, según las crónicas, no se habían visto antes en el cine. La música de Michael Giacchino aporta esa energía de aventura veraniega ochentera que él sabe construir como nadie.
Las críticas apuntan a alguna decisión de guion que no termina de justificarse en términos de motivación de personajes, y a efectos visuales algo irregulares en ciertos momentos. Pero el balance general es positivo: la película logra algo difícil, ser descaradamente loca sin perder de vista las emociones que la anclan al suelo.
Dos propuestas muy distintas, pero con una lectura común: el género especulativo está en un momento genuinamente interesante. Ahsoka apuesta por la mitología emocional de una de las sagas más grandes de la cultura popular. The End of Oak Street demuestra que incluso una premisa tan disparatada como dinosaurios en un barrio residencial puede convertirse en algo que merece la atención.
Lo que une a ambas es esa convicción de que el espectáculo y las emociones no tienen por qué estar reñidos. Que puedes tener dinosaurios o batallas estelares y, al mismo tiempo, hablar de pérdida, de familia, de lo que dejamos atrás y de lo que arrastramos sin querer.
Esa combinación es, en el fondo, la razón por la que seguimos encendiendo la pantalla.

