-
Hope, la nueva película de Na Hong-jin —director de The Wailing—, arranca con la investigación de la muerte de un toro en un pueblo remoto de Corea del Sur y escala sin freno hasta convertirse en una invasión alienígena descomunal.
-
Mezcla persecuciones rodadas a plena luz del día, personajes con una comicidad genuina y reflexiones inesperadas sobre la fe, la comunicación y el abismo que separa a dos formas de vida incompatibles.
-
Pese a unos efectos visuales irregulares y un final en cliffhanger que deja demasiados hilos sueltos, es una película que apuesta por la ambición, y eso ya la vuelve memorable.
Opinión del autor: Admiro a los cineastas que se lanzan sin red aunque el presupuesto no acompañe. Hope me recordó por qué la ciencia ficción, cuando funciona, es el género más honesto que existe: uno de los pocos capaces de hablar de nosotros disfrazándose de otra cosa.
Hay un tipo de película que nunca te avisa de lo que viene. Empieza de forma modesta —un pueblo pequeño, una investigación rutinaria, algo extraño en el horizonte— y antes de que te des cuenta estás viendo justo lo que no esperabas. Son las que más me interesan. Las que no piden permiso para ser lo que son.
En un panorama donde la ciencia ficción se ha vuelto cada vez más predecible —secuelas calculadas, universos expandidos sin alma, finales diseñados por comité—, ver a un director apostarlo todo por una idea grande y caótica resulta casi subversivo. Hope puede no ser perfecta, pero tiene algo que hoy escasea en su género: personalidad propia y una energía que no se fabrica en un laboratorio de marketing.
Na Hong-jin y el arte de desbordarse
El director coreano Na Hong-jin ya demostró con The Wailing que sabe habitar esa zona incómoda entre el terror, el folklore y la metafísica. En Hope da un salto distinto: la ciencia ficción de acción a gran escala.
La historia comienza con el jefe de policía Bum-seok —interpretado por Hwang Jung-min— investigando la muerte de un toro en un pueblo aislado. Lo que parece una anécdota menor se convierte enseguida en algo mucho más grande y perturbador.
Y a partir de ahí, la película no deja de crecer.
Acción sin descanso, escala sin concesiones
Lo que más impresiona de la propuesta visual de Na Hong-jin es su decisión de rodar gran parte de la acción a plena luz del día, en localizaciones reales.
No hay oscuridad que oculte las costuras. No hay niebla conveniente. Los alienígenas —enormes, veloces, aparentemente indestructibles— se persiguen entre pueblos arrasados, bosques y autopistas con una intensidad que rara vez ves en este tipo de cine.
Las persecuciones son largas, físicas y agotadoras en el buen sentido. Hay momentos en que la lógica de la escena se estira un poco —las criaturas se mueven a velocidades imposibles y aun así los humanos escapan por milímetros una y otra vez—, pero la película tiene tanto ritmo que uno la sigue sin hacer demasiadas preguntas.
Los efectos visuales: ambición que a veces supera al presupuesto
Hay que ser honestos aquí. Los diseños de los alienígenas son llamativos y originales, y la escala de destrucción que propone la película resulta genuinamente impresionante.
Pero cuando las criaturas alcanzan velocidades extremas, los efectos visuales ocasionalmente se descompasan. Hay secuencias donde el CGI parece correr a una cadencia de fotogramas distinta al resto de la imagen, y eso rompe la ilusión por un instante.
Y sin embargo hay una decisión que me fascinó: Michael Fassbender y Alicia Vikander dan vida a dos de los alienígenas principales mediante captura de movimiento. No es un simple guiño de casting. Prestar rostros humanos reconocibles a lo radicalmente no humano introduce una ambigüedad preciosa: nos obliga a buscar empatía justo donde la película nos dice que no hay puente posible. Es, en el fondo, el mismo tema del que trata Hope filtrándose en la propia forma de rodarla.
Personajes que anclan el caos
Lo que salva a Hope de perderse en el espectáculo es su elenco humano.
Hwang Jung-min como el jefe de policía absolutamente desbordado, Hoyeon como su subordinada con más coraje que sentido común, y Zo In-sung como un cazador que afronta la situación con una calma sospechosa. Son personas pequeñas en un mundo que se cae a pedazos, y su humanidad —a veces cómica, a veces genuinamente emotiva— sostiene la película cuando todo lo demás amenaza con irse a la estratosfera.
El cine coreano tiene una habilidad particular para mezclar el horror con el humor sin que ninguno cancele al otro. Hope lo intenta, y casi siempre lo consigue.
Lo que Hope tiene que decir realmente
Aquí es donde la película me sorprendió más.
Por debajo de la acción y el caos, Hope explora la fe, la perspectiva y lo que ocurre cuando dos formas de vida radicalmente distintas intentan comunicarse —o simplemente no pueden. Soy de los que pausaron Arrival para apuntar frases, y confieso que aquí volví a hacerlo: hay una tragedia parecida latiendo debajo, la del malentendido. La idea de que el conflicto no siempre nace del mal, sino de la pura incomprensión entre seres que operan con lógicas incompatibles.
Y cuesta no leerlo en clave contemporánea. Vivimos en una época que ha multiplicado los canales para hablarnos y, aun así, parece cada vez más incapaz de entenderse. Polarización, ruido digital, miedo al otro convertido en reflejo. Hope pone criaturas gigantes en pantalla, pero la pregunta que deja es incómodamente humana: ¿y si la mayoría de nuestras guerras fueran, en el fondo, errores de traducción?
No es que la película desarrolle estas ideas con profundidad filosófica sostenida. Pero las deja ahí, visibles, para quien quiera verlas.
El problema del final
El mayor punto de fricción es su cierre.
Hope termina en un cliffhanger abrupto que deja tramas sin resolver y hace evidente que hay una secuela planeada. Es comprensible desde una lógica de franquicia, pero frustrante si has pasado dos horas invirtiendo emocionalmente en esta historia. La sensación de que el tercer acto llega antes de tiempo es real.
Hope no es una película perfecta. Tiene costuras visibles, una narrativa que a veces pierde el hilo y un final que te deja con las manos vacías. Pero es una película que se atreve.
Y me quedo con eso: prefiero a un cineasta que apunta demasiado alto y falla en algunos fotogramas antes que otra producción diseñada para no molestar a nadie, esa que se olvida antes de llegar al aparcamiento. Hope me dio acción desatada, criaturas originales, personajes adorablemente raros y una pregunta que sigue flotando días después. Para mí, es más que suficiente.