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The Odyssey, de Christopher Nolan, se ha convertido en la película más taquillera de los 114 años de historia de Universal Pictures, con 1.680 millones de dólares recaudados en todo el mundo.
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El filme firma un triplete histórico: mayor lanzamiento en IMAX de todos los tiempos, película con clasificación R más taquillera jamás realizada y primera historia no secuela en superar los 1.000 millones internacionales desde 2009.
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En mi opinión, que una película de autor sin franquicia detrás logre esto en el mercado actual no es solo un hito estadístico: es la prueba de que el cine ambicioso y bien ejecutado todavía puede ganar la batalla de la taquilla.
Hay películas que hacen ruido durante un par de semanas y luego desaparecen de la conversación tan rápido como llegaron. Y luego están las que te obligan a sentarte, abrir la hoja de cálculo (sí, tengo una para esto, y sí, es mi pasatiempo favorito) y preguntarte qué demonios está pasando. The Odyssey, la última apuesta de Christopher Nolan, pertenece de forma indiscutible a la segunda categoría. Llevaba semanas siguiendo su recorrido con la atención que dedico a cualquier estreno que promete algo fuera de lo ordinario, y cada actualización me dejaba con la boca más abierta que la anterior.
Cuando una película sin universo compartido, sin superhéroes de cómic y con clasificación R empieza a acumular miles de millones, toca detenerse y analizar qué hay realmente detrás. Porque cada dato cuenta una historia, y la de The Odyssey es de las que no se olvidan. Vamos al lío.
Universal reescribe su propio libro de récords
Con menos de dos meses en cartelera, The Odyssey ha superado los 1.680 millones de dólares en taquilla mundial: 601,2 millones en el mercado doméstico estadounidense y otros 1.083 millones repartidos por el resto del planeta.
Para poner esto en contexto: Universal lleva 114 años produciendo cine. Ciento catorce años de clásicos, de éxitos y de algún que otro batacazo. Y nunca —hasta ahora— había tenido una película tan rentable. Eso es historia, con mayúsculas y en negrita.
El filme, protagonizado por Matt Damon, se produjo a través de Syncopy —la productora que Nolan comparte con Emma Thomas— y se rodó en múltiples localizaciones de medio mundo. El resultado tiene esa escala épica que ya es la firma inconfundible del director.
Tres marcas que van más allá del dinero
Los importes absolutos impresionan, pero los récords concretos son los que cuentan la historia más reveladora.
Mayor estreno de la carrera de Nolan, dejando atrás a El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace. Nada mal para alguien con un palmarés que ya daba envidia de por sí.
La película con clasificación R más taquillera de toda la historia. Y conviene explicar por qué esto es tan gordo: la clasificación R en Estados Unidos implica que los menores necesitan ir acompañados de un adulto, lo que en la práctica recorta de golpe el público potencial. Que una película con esa etiqueta pulverice el récord de recaudación es, sencillamente, remar contracorriente y llegar el primero.
El mayor lanzamiento en IMAX de todos los tiempos. Si alguien seguía cuestionando la (sana) obsesión de Nolan con este formato, aquí tiene la respuesta perfectamente cuantificada. Spoiler: tenía razón.
Y el dato que a mí más me fascina: primera película no secuela en superar los 1.000 millones internacionales desde 2009. Llevábamos más de quince años sin que una historia completamente original —sin franquicia, sin marca reconocida a la que agarrarse— alcanzara esa cifra fuera de Estados Unidos. Solo con ese apunte tendría material para un artículo entero.
Por si fuera poco, The Odyssey recuperó el número 1 de la taquilla durante su octavo fin de semana en cartelera. Ocho semanas aguantando el tirón de la competencia es una capacidad de permanencia sencillamente extraordinaria.
La jugada maestra de Donna Langley
Detrás de estos resultados también hay una historia de estrategia corporativa que merece su aplauso.
En 2021, Nolan y Warner Bros. pusieron fin a su larga relación. Donna Langley, presidenta de NBCUniversal Entertainment, fue quien apostó por él y le abrió las puertas de Universal. Primera colaboración: Oppenheimer, ganadora del Oscar a la Mejor Película. Segunda colaboración: The Odyssey, la película más taquillera en la historia del estudio. Dos películas, dos pelotazos.
No es casualidad. Es una apuesta clarísima por el cine de autor en gran formato, y los resultados avalan cada decisión tomada.
El año de Universal
The Odyssey no es un fenómeno aislado. Llega en un momento en el que Universal está arrasando en el mercado: acumula el 26% de la cuota doméstica en lo que va de año, lidera la industria y ha rozado los 5.000 millones de dólares de recaudación mundial. Además, fue el primer estudio en superar los 4.000 millones a nivel global y los 3.000 millones en el mercado internacional durante este ejercicio.
Langley lo resume sin medias tintas: «Lo que Chris y Emma han creado pasará a la historia como uno de los filmes más ambiciosos y brillantemente ejecutados del cine. Un evento generacional que reivindica el propio acto de ir a la sala.»
Difícil rebatirlo mirando la taquilla.
Lo que The Odyssey está demostrando va mucho más allá de sus marcas individuales. En un mercado dominado por secuelas y franquicias, una historia original de autor ha conseguido lo que muchos daban por imposible: conquistar el mundo sin red de seguridad ni manual de instrucciones prestado. Eso debería hacernos reflexionar sobre qué busca realmente el público cuando le ofreces algo verdaderamente ambicioso.
Para Universal, este momento podría marcar el inicio de una nueva era. La alianza con Nolan ya suma dos obras mayúsculas y, si la tendencia continúa, los próximos años prometen ser tan interesantes como esta racha. Yo, mientras tanto, seguiré pegado a mi hoja de cálculo viendo cómo se actualizan las casillas. Porque si hay algo más satisfactorio que disfrutar de un peliculón, es ver cómo ese peliculón reescribe los libros de historia de la industria, columna a columna.