- El universo X-Men es tan descomunal que esconde mutantes con poderes brutales completamente eclipsados por los nombres de siempre como Wolverine, Jean Grey o Cíclope.
- Personajes como Tempus, Dead Girl o Rockslide serían sin despeinarse los más poderosos de cualquier otro equipo del universo Marvel si les sacaras de ese contexto tan competitivo.
- Muchos de ellos llevan décadas sin recibir el protagonismo que merecen, así que este repaso es casi una deuda pendiente con el lore mutante.
- Clara opina: que Marvel tenga personajes tan potentes olvidados en un cajón me parece frustrante y emocionante a partes iguales — frustrante porque el fandom siempre orbita los mismos cuatro nombres, y emocionante porque significa que hay material increíble esperando ser rescatado, justo ahora que el MCU está a punto de abrir la puerta mutante en serio.
- Si te interesa el universo X-Men más allá de las películas, este artículo es una puerta de entrada perfecta a personajes que los cómics llevan años presentando sin que nadie les haga ni caso.
Hay algo que siempre me ha fascinado del universo X-Men, y es que resulta tan descomunalmente grande, tan denso en personajes y en lore, que incluso sus miembros más poderosos pueden pasar completamente desapercibidos. Cuando tienes en el mismo equipo a una Jean Grey capaz de despertar como Fénix, a un Wolverine con un factor regenerativo prácticamente indestructible o a Charles Xavier leyendo la mente de medio planeta, es facilísimo que el resto quede en un segundo plano que no se merece para nada.
Y eso, reconozcámoslo, es una pena enorme. Porque ahí fuera, en los rincones menos explorados de los cómics mutantes, hay personajes que, de haber nacido en cualquier otro equipo de superhéroes, serían las estrellas indiscutibles de la función. Mutantes (y algún caso curioso que técnicamente no lo es) con capacidades que te dejan con la boca abierta cuando te paras a analizarlas de verdad. Os aviso: alguno de estos me flipó cuando lo descubrí hojeando grapas de segunda mano, y todavía no entiendo cómo Marvel los tiene tan abandonados. Hoy les damos el protagonismo que llevan años esperando.
Omerta (Paulie Provenzano)
Empezamos con alguien de quien no habla absolutamente nadie: Omerta, que debutó en Uncanny X-Men #392 allá por 2001. Paulie Provenzano es un exmarine estadounidense cuya mutación le proporciona una estructura molecular increíblemente densa, prácticamente irrompible.
¿Qué significa eso en la práctica? Que las balas rebotan. Que las explosiones apenas le hacen cosquillas. Que su fuerza física es una barbaridad. En el contexto de los X-Men, con tantos poderes psíquicos y cósmicos volando por ahí, Omerta pasa desapercibido. Pero ponlo en los Vengadores y, de repente, tienes a uno de los miembros más resistentes del grupo, alguien que podría plantarse en primera línea sin pestañear. Su problema es que Marvel parece haberlo dejado criando polvo en un cajón desde hace más de veinte años.
Marrow (Sarah)
Marrow es uno de esos personajes noventeros que merecen muchísimo más reconocimiento del que tienen. Apareció por primera vez en Cable #15 en 1994, y su poder es tan visceral como fascinante: puede hacer crecer sus propios huesos a voluntad, moldearlos, desprenderlos y usarlos como armas o como armadura improvisada.
Sí, suena bestia. Y lo es. Pero también es increíblemente versátil: puede pasar de atacar con lanzas de hueso a protegerse físicamente en cuestión de segundos. Su regeneración acelerada la hace, además, muy difícil de neutralizar. Recuerdo su etapa más oscura, cuando venía de los Morlocks con esa rabia a flor de piel, y pensé que tenía madera de protagonista total. En cualquier equipo fuera de los X-Men sería una figura central. Dentro del universo mutante queda eclipsada por nombres más glamurosos, y eso es de traca.
Ink (Eric Gitter)
Aquí hay un giro genuinamente interesante: Ink no es técnicamente un mutante. Sus poderes vienen de los tatuajes que le realiza León Núñez, este sí un mutante cuyas creaciones cobran vida sobre la piel de quien las lleva.
Ink debutó en Young X-Men #1 en 2008 y su catálogo de habilidades es de escándalo: fuerza sobrehumana, vuelo, curación, telepatía e incluso capacidad explosiva, todo dependiendo del tatuaje del momento. La versatilidad es su mayor baza. Técnicamente sus poderes son casi ilimitados, porque dependen de lo que Núñez sea capaz de tatuar. Eso lo convierte en uno de los comodines más potentes de todo el universo mutante, aunque la mayoría de lectores ni siquiera recuerde su nombre. Es el tipo de concepto que, bien llevado a la pantalla, daría para secuencias visualmente espectaculares.
Rockslide (Santo Vaccaro)
Rockslide llegó en 2003 en las páginas de New Mutants y es, en mi opinión, uno de los personajes más infravalorados de toda la franquicia. Su poder: puede fragmentar su propio cuerpo y reconstruirlo. Puede lanzarse a sí mismo como un proyectil viviente. Y si lo destruyen por completo, puede regenerarse absorbiendo la roca que tenga cerca.
Es prácticamente indestructible en el sentido más literal del término. Su combinación de fuerza bruta, resistencia y potencial ofensivo lo convierte en una pesadilla para cualquier rival. En los X-Men, con tantos jugadores en el tablero, sus momentos de gloria escasean. En los Guardianes de la Galaxia o en los Vengadores sería el músculo indiscutible del grupo, sin ninguna duda. Y tiene, además, ese punto de carisma bocazas de adolescente que lo hace tremendamente disfrutable en las viñetas.
Strong Guy (Guido Carosella)
Strong Guy lleva con nosotros desde 1985, cuando debutó en The New Mutants #29, y tiene uno de los poderes más ingeniosos que he visto nunca: puede absorber la energía cinética de los golpes que recibe y convertirla en fuerza física y masa adicionales de forma temporal.
La trampa es que tiene noventa segundos para liberar esa energía antes de que su cuerpo empiece a sufrir daño permanente. Pero si gestiona bien ese tiempo, puede alcanzar niveles de fuerza de entre cincuenta y cien toneladas. Es básicamente una cuenta atrás andante que se vuelve más peligrosa cuanto más le pegas. El concepto es brillante, y sinceramente me sorprende que no haya tenido más protagonismo en ninguna adaptación. Con su vena de humor negro (aquello de X-Factor era oro puro), sería un personaje perfecto para el tono que el MCU maneja tan bien.
Mimic (Calvin Rankin)
Mimic es historia viva de los X-Men: debutó en The X-Men #19 en 1966 y fue uno de los primeros añadidos al equipo original. Su poder es copiar las habilidades, atributos físicos y conocimientos de cualquier persona que tenga cerca.
Pero hay más: posee de forma permanente las cinco habilidades base de los X-Men originales — las de Cíclope, Bestia, Ángel, Hombre de Hielo y Marvel Girl. No como copia temporal, sino integradas para siempre en su estructura. Eso ya de por sí lo hace formidable. Colócalo cerca de mutantes omega y su potencial se dispara de forma exponencial. Es uno de esos personajes que sobre el papel parece imbatible y que, sin embargo, lleva décadas sin recibir el uso que merece. Un imitador puede ser tan poderoso como el más fuerte de la sala, y eso, guionísticamente, da un juego infinito.
Dead Girl (Moonbeam)
Dead Girl es quizás el personaje más extraño y más interesante de toda esta lista. Debutó en X-Force #125 en 2002 con una premisa sencilla pero demoledora: ya está muerta. La mataron. Y de esa muerte surgieron sus poderes.
Puede comunicarse con espíritus, convocarlos, resucitar temporalmente a los fallecidos y controlar sus propias extremidades incluso cuando están separadas de su cuerpo. Pero lo más importante: no puede morir permanentemente. Cualquier estrategia diseñada para eliminar a un adversario simplemente no funciona con ella. En cualquier otro equipo sería el activo más valioso e imparable del grupo. Y encima tiene ese aire macabro y desenfadado que la hace inolvidable en cuanto la lees una vez.
Tempus (Eva Bell)
Y llegamos a la que considero la más impresionante de la lista. Tempus apareció por primera vez en All-New X-Men #1 en 2012 y es una joven australiana clasificada como mutante de nivel omega, el máximo en la escala mutante.
Su poder consiste en crear burbujas temporales que pueden detener, ralentizar o acelerar el tiempo dentro de ellas. Con el tiempo (nunca mejor dicho), sus habilidades evolucionaron hasta permitirle viajar directamente por él. Piénsalo un momento: control total sobre el flujo temporal de una batalla, la capacidad de rehacer instantes, de estar en el lugar correcto antes de que el problema ocurra siquiera. Es uno de los poderes más absolutos que existen en todo el universo Marvel, y en un momento en el que el MCU vive obsesionado con el multiverso y las líneas temporales, resulta casi incomprensible que nadie la haya rescatado todavía. Que Tempus siga siendo prácticamente desconocida fuera de los fans más acérrimos de los cómics es, honestamente, un escándalo.
Lo que más me fascina de todo esto es que el universo X-Men sea tan vasto que pueda permitirse tener personajes de este calibre enterrados en colecciones secundarias o prácticamente olvidados durante décadas. Eso dice mucho de la riqueza del lore mutante, pero también refleja un problema real: cuando tienes tantísimos personajes compitiendo por el foco, inevitablemente los menos conocidos se quedan sin espacio para brillar. Y es una lástima enorme, porque como hemos visto hoy, algunos de estos «secundarios» tienen más potencial que muchos de los protagonistas consagrados.
Si hay algo que espero de las próximas adaptaciones de los X-Men dentro del MCU — y sí, sigo siendo optimista, aunque me haya costado lo mío — es que los creadores se atrevan a explorar más allá del catálogo habitual. Wolverine siempre será Wolverine, y no seré yo quien le quite protagonismo, pero personajes como Tempus, Dead Girl o Rockslide tienen la capacidad de sorprender a un público que todavía no los conoce. Y eso, para los que llevamos toda la vida en esto, sería el regalo definitivo.