Críticas

Coyote vs. Acme es mucho mejor de lo que Warner creía

Wile E. Coyote lleva a Acme a juicio con Will Forte de abogado. Bajo la comedia de trazo grueso hay una película sobre el propósito y la identidad.

  • Coyote vs. Acme fue archivada por Warner Bros. como deducción fiscal antes de ser rescatada por Ketchup Entertainment para llegar finalmente a las salas de cine.

  • La película enfrenta a Wile E. Coyote contra la corporación Acme en un juicio disparatado, con Will Forte como su torpe abogado defensor y John Cena como rival en los tribunales.

  • Bajo la comedia de trazo grueso del universo Looney Tunes, el filme esconde una emotividad genuina sobre la amistad, el propósito y la identidad de sus personajes.

Opinión: En un cine donde abundan las producciones que se avergüenzan de sus propios personajes animados, Coyote vs. Acme es una anomalía bienvenida: honesta, irreverente y con más corazón del que nadie esperaba.


Hay gestos en la industria del cine que resultan difíciles de olvidar, y no precisamente por su generosidad. Que un estudio archive una película terminada —no por razones artísticas ni narrativas, sino como simple maniobra contable— dice mucho sobre el estado de salud de Hollywood. Eso es exactamente lo que Warner Bros. estuvo a punto de hacer con Coyote vs. Acme: enterrarla antes de que el público pudiera verla, convertirla en un número en un balance fiscal. Por fortuna, no lo consiguieron del todo.

La presión de los aficionados, la determinación de sus creadores y la intervención de Ketchup Entertainment lograron que la película llegara a las salas. Y aquí estamos, hablando de ella. Porque resulta que Coyote vs. Acme no solo no merecía ese destino, sino que es una de las comedias más honestas y mejor calibradas que el cine de entretenimiento ha producido en mucho tiempo.


Confieso que llegué a esta película con cierta prevención. He visto demasiados intentos de mezclar animación con acción real que acaban avergonzándose de sus propios personajes, tratándolos con una ironía condescendiente que los vacía de significado. El punto de referencia que siempre ha permanecido intocable en ese terreno es ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988): una película que comprendía que los personajes de dibujos merecen exactamente el mismo respeto narrativo que cualquier actor de carne y hueso.

Coyote vs. Acme no alcanza esa cima. Sería injusto exigírselo. Pero se acerca mucho más de lo que cabría esperar.

La premisa es deliciosamente absurda: tras setenta y cinco años siendo aplastado, dinamitado y humillado por los productos defectuosos de la empresa Acme, Wile E. Coyote decide llevar a la corporación ante los tribunales. Su representante legal es Kevin Avery, interpretado por Will Forte con esa mezcla característica de fragilidad y obstinación que el actor conoce bien. Frente a él, John Cena como Buddy Crane, el letrado de Acme: seguro, intimidante, y considerablemente más gracioso de lo que su físico podría sugerir. Lana Condor completa el reparto como la sobrina idealista del protagonista.

El director Dave Green y su equipo no se disculpan por el absurdo. No guiñan el ojo al espectador adulto para distanciarse de los personajes. Abrazan la lógica interna del universo Looney Tunes con una convicción genuinamente contagiosa. Hay una secuencia temprana —el desfile de artilugios defectuosos que Coyote presenta como pruebas ante el tribunal— en la que Green planifica cada gag con la precisión de un relojero, encadenando los desastres en un montaje que respira y golpea justo cuando debe. Ese sentido del ritmo, más cercano al vodevil que al blockbuster contemporáneo, es lo que sostiene la película.

John Cena junto a Foghorn Leghorn en una escena de Coyote vs. Acme

Un detalle lo dice todo: el bufete del protagonista se llama «Avery, Jones and Maltese». Un homenaje directo a Tex Avery, Chuck Jones y Michael Maltese, los tres artífices que dieron forma al universo Looney Tunes en su época dorada. Ese tipo de referencia no es un simple guiño de iniciados: es una declaración de intenciones. Aquí hay personas que saben de dónde vienen estos personajes, y los respetan profundamente.

La integración de la animación 2D con el mundo físico funciona con notable eficacia. Recuerdo que, en mis años de facultad de Historia del Arte, discutíamos hasta el cansancio sobre cómo el dibujo bidimensional puede convivir con la perspectiva del mundo real sin quebrarse. Aquí Wile E. Coyote interactúa con el entorno sin que uno perciba esa distancia artificial que suele arruinar este tipo de producciones. Los gags visuales se suceden a un ritmo preciso y bien medido, y el fondo de cada plano guarda sorpresas para quien sabe mirar con atención. Aparecen también, con mayor o menor protagonismo, Bugs Bunny, el Pato Lucas, Gallo Claudio, Pío Pío, Porky Pig y el Sam Bigotes.

Pero lo que verdaderamente me desarmó fue la dimensión emocional. Bajo la violencia de cartoon y el ritmo frenético, existe un relato genuino sobre la amistad, el rechazo y la búsqueda de propósito. La relación entre Wile E. y el Correcaminos tiene una melancolía inesperada: la tristeza de un personaje que lleva décadas persiguiendo algo que nunca alcanzará. La película tiene la inteligencia de sugerir que quizás no era el objeto de la persecución lo que importaba, sino la persecución misma. Un plano fijo sobre la mirada del coyote, sostenido apenas un segundo de más, comunica esa idea con una economía de recursos admirable.

La subtrama humana no siempre funciona con igual eficacia, y Lana Condor cumple su función sin llegar a iluminar la pantalla. Son los personajes animados, paradójicamente, quienes cargan con el peso emocional de la historia.

La película también logra una sátira efectiva del mundo corporativo. Acme como metáfora de la impunidad empresarial resulta explícita y funciona precisamente porque se integra en la lógica del absurdo sin perder su mordiente. Hay aquí un eco, salvando todas las distancias, de la mejor comedia de Billy Wilder: aquella capaz de reírse de la maquinaria del poder mientras te desliza, casi sin que lo notes, una verdad incómoda sobre quienes la manejan. La mejor comedia, conviene recordarlo, siempre ha tenido algo que decir.


Coyote vs. Acme es, en definitiva, una película que no debería existir, y que sin embargo existe. Una comedia que abraza su propia naturaleza sin pudor, que honra el legado de unos personajes que pertenecen a la historia del cine de animación, y que demuestra que el entretenimiento genuino no necesita disculparse por serlo.

En un panorama donde los grandes estudios parecen incapaces de confiar en sus propias historias, esta pequeña victoria merece ser celebrada. No por nostalgia, sino porque lo que hay en pantalla lo justifica sobradamente. Y eso, en el cine de hoy, no es poca cosa.

Deja tu comentario