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El vínculo de John Stewart con los pájaros no es casual: sus padres le dijeron de niño que los Guardianes observaban su progreso a través de ellos, una conexión que sigue latiendo en el presente.
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El episodio 3 de Lanterns está repleto de guiños al cómic: desde la representación de los Guardianes hasta la escena de la entrevista de trabajo de John, con posibles raíces en el material original.
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En mi opinión, Lanterns es la prueba de que el nuevo DCU de Gunn ha entendido algo que Snyder intuía y otros olvidaron: que el músculo televisivo puede sostener a estos personajes sin rebajar ni un ápice su profundidad.
Hay algo que me fascina de las series que se toman en serio su propio universo: los detalles. Esos pequeños guiños que, si no estás prestando atención, pasan completamente desapercibidos. Lanterns lleva apenas tres episodios en antena y ya está demostrando que esconde mucho más bajo la superficie de lo que aparenta. No es solo una historia de detectives con anillos de poder. Es una carta de amor muy bien disimulada al cómic de Green Lantern.
Y precisamente por eso merece la pena parar, rebobinar y preguntarse: ¿qué estamos pasando por alto? Porque en el tercer episodio hay cosas que, si conoces el material de origen, te ponen los pelos de punta. Y si no lo conoces, este es el mejor momento para empezar a entenderlo.
Los pájaros de John Stewart: mucho más que una elección estética
Una de las imágenes que más llamó la atención en el episodio 2 fue ver a John Stewart crear un pájaro con el anillo de Hal Jordan cuando intentaba volar. Muchos lo interpretaron como un recurso visual bonito, quizás algo simbólico sobre la libertad o el vuelo. Pero hay una explicación mucho más concreta, y viene directamente de la mitología que la serie está construyendo alrededor del personaje.
Resulta que, cuando John era niño, sus padres ya intuían que tenía un destino especial. Y para prepararlo —o quizás para darle un marco con el que entender algo tan abstracto como ser observado por unos seres alienígenas llamados Guardianes—, le contaron que esos seres vigilaban su progreso a través de los pájaros.
Piénsalo un momento. Un niño al que le dicen que cada pájaro que ve puede ser un ojo cósmico mirándole. Eso no se olvida en la vida.
Una infancia que moldea a un superhéroe
Lo interesante de este detalle no es solo el guiño en sí, sino lo que revela sobre cómo los guionistas de Lanterns están construyendo a John Stewart. No como un tipo que un día recibió un anillo y se convirtió en héroe, sino como alguien cuya vida entera fue, de alguna manera, una preparación.
Ese tipo de backstory me recuerda mucho a cómo los mejores cómics de Green Lantern han tratado al personaje. Piensa en la etapa de Geoff Johns o en Green Lantern: Rebirth: ahí John nunca fue el Linterna de las casualidades, sino el de las convicciones. Mientras Hal Jordan es el instinto y el carisma temerario, John siempre ha sido la disciplina, el hombre que piensa antes de encender el anillo.
Y que esa convicción arranque en una infancia marcada por historias sobre pájaros y Guardianes es un detalle precioso. Cuando años después usa el anillo por primera vez —o en este caso, el de Hal— y crea instintivamente un pájaro, no es magia. Es memoria. Es psicología. Es, en definitiva, narrativa bien construida.
Los Guardianes: entre el cómic y la pantalla
El episodio 3 también abre la veda sobre cómo Lanterns está interpretando a los Guardianes de Oa, y aquí es donde el lector de cómics tiene mucho que masticar.
En el material original, los Guardianes son figuras complejas. Son sabios, sí, pero también distantes, a veces gélidos, y con un historial de decisiones moralmente cuestionables que cualquiera que haya leído la etapa de Johns conoce de sobra. Basta recordar cómo terminaron manipulando el Cuerpo o dando origen a los Manhunters. No son «los jefes buenos» de la función.

Son casi una metáfora del poder institucional: necesario, imponente, pero potencialmente peligroso cuando pierde el contacto con lo humano. Y me parece un acierto que la serie no rehúya esa ambigüedad.
Lo interesante es ver cómo Lanterns navega ese terreno. ¿Los está romantizando? ¿Los humaniza demasiado? ¿O encuentra el equilibrio justo para una audiencia que no ha abierto un cómic en su vida, pero que necesita entender por qué deberíamos fiarnos —o no— de ellos?
Aquí es donde conviene recordar de dónde venimos. DC lleva años buscando su voz en pantalla: la solemnidad casi operística de Snyder, el realismo terrenal de Nolan, incluso los tropiezos coloridos de la era Schumacher que hoy vemos con cariño kitsch. Lanterns parece haber aprendido de todos ellos, quedándose con lo mejor de cada enfoque. Son preguntas que merece la pena seguir de cerca en los próximos episodios.
La entrevista de trabajo: ¿guiño al cómic o coincidencia?
Otro detalle del episodio que ha generado conversación es la escena de la entrevista de trabajo de John Stewart. Puede parecer un momento cotidiano, casi de relleno, pero quienes conocen las distintas versiones del personaje saben que John ha tenido vidas muy diferentes antes de vestir el uniforme.
En algunas versiones es arquitecto —una de mis favoritas, porque explica esa precisión casi geométrica con la que construye sus constructos—. En otras es marine, lo que aporta ese poso de disciplina militar. Y en otras es activista, un hombre profundamente comprometido con su comunidad.
La serie parece jugar con esa multiplicidad de identidades, recordándonos que John Stewart es, ante todo, un hombre con una vida fuera del anillo. Y eso, en el contexto de una historia de superhéroes, es un regalo narrativo enorme. Confieso que me hizo gracia verle sudando una entrevista mundana sabiendo que este tipo acabará dibujando catedrales de luz verde en mitad del espacio.
Si la escena tiene raíces directas en alguna storyline concreta, es algo que la serie irá desvelando. Pero la intención está clara: anclar a John en una realidad tangible antes de elevarle a lo cósmico. Y esa es, precisamente, la clave para que el vuelo posterior signifique algo.
Por qué estos detalles importan
Podría parecer que hablar de Easter eggs es cosa de frikis empedernidos que se pasan horas con el frame a frame. Y sí, en parte lo es, y me declaro culpable. Pero hay algo más importante detrás de esta práctica.
Cuando una serie o película se molesta en introducir detalles coherentes con su mitología —detalles que podrían no estar y nadie los echaría en falta—, está mandando un mensaje: nos importa. Nos importa el material de origen, nos importa la audiencia que lo conoce y nos importa construir algo con capas.
Lanterns lleva tres episodios haciéndolo. Y eso, en un universo DC que lleva años buscando su rumbo tras la era Snyder y en pleno despegue del nuevo DCU de Gunn, es exactamente la señal que muchos estábamos esperando.
Lanterns está siendo, episodio a episodio, una demostración de que el universo DC puede funcionar en televisión sin perder profundidad ni ambición. No es la serie de acción que algunos anticipaban. Es algo más cercano a un thriller de personajes con trasfondo cósmico, y esa combinación está resultando más adictiva de lo previsto.
Si algo nos enseña el detalle de los pájaros de John Stewart es que las mejores historias de superhéroes no empiezan con el traje. Empiezan mucho antes, en una infancia, en una conversación, en algo que te dijeron una vez y que nunca se va del todo. Lanterns lo sabe. Y por eso vale la pena seguir mirando, con atención, cada domingo en HBO Max.