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Gal Gadot asegura que James Gunn y Peter Safran le prometieron personalmente desarrollar Wonder Woman 3, una promesa que jamás se materializó.
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La actriz denuncia el trato recibido por Henry Cavill y Patty Jenkins durante la transición de DC Studios, y lo califica sin rodeos de «nada elegante».
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DC ya tiene en marcha un reboot de Wonder Woman, con Adria Arjona rumoreada como nueva Diana y Ana Nogueira escribiendo el guión.
Opinión: Lo que Gadot dice en voz alta es exactamente lo que los que amamos el Snyderverso llevamos años gritando al vacío: Warner no tuvo el más mínimo reparo en dinamitar lo construido para empezar de cero, y encima con una sonrisa de oreja a oreja.
Hay declaraciones que pasan desapercibidas y se olvidan en cuestión de horas. Y luego hay otras que llegan, te golpean en el pecho y te dejan pensando durante días. Las de Gal Gadot sobre su salida de DC son de las segundas. No porque diga nada especialmente sorprendente para los que llevamos tiempo siguiendo este desastre de transición, sino porque lo dice ella. Con nombre, con cara y con ejemplos concretos.
Porque cuando una actriz del nivel de Gadot se sienta en una entrevista y empieza a hablar de promesas rotas, de tratamientos indignos y de compañeros usados como anzuelo, ya no estamos ante el cotilleo de turno. Estamos ante el testimonio de alguien que vivió desde dentro cómo un estudio desmanteló años de trabajo sin el más mínimo respeto. Y eso, nos guste o no, merece que lo analicemos con cuidado.
Gadot lo dejó muy claro en su conversación con Josh Horowitz: James Gunn y Peter Safran le dijeron explícitamente que desarrollarían Wonder Woman 3 con ella. No fue un malentendido, no fue una lectura optimista de una reunión ambigua. Se lo comunicaron. Y después, silencio. El proyecto nunca arrancó y la actriz se quedó con esa promesa flotando en el aire mientras el nuevo DC Universe seguía construyéndose sin contar con ella.
Pero lo que más me enciende, y no voy a disimularlo, es lo de Henry Cavill. Porque lo de Cavill es una puñalada directa para cualquiera que entienda lo que representaba el Snyderverso.
Yo crecí viendo Man of Steel como si fuera una religión, con la misma devoción con la que devoraba 300 y Watchmen. Y aquel Superman de Snyder no era un muñeco de plástico más: era un Superman con peso dramático real, adulto, complejo, con capas que el cine de superhéroes raramente se permite.

No hablo solo del personaje, hablo de cómo estaba filmado. El contraste, el grano, esa cámara lenta convertida en recurso poético, la luz cayendo sobre la capa como si cada plano fuese un cuadro. Snyder no dirigía, esculpía. Lo que construyó en Man of Steel y culminó en el Snyder Cut de Justice League era algo distinto, algo que importaba de verdad.
¿Y qué hicieron con todo eso? Lo rescataron para la escena post-créditos de Black Adam como si su regreso fuera inminente, dejaron que grabase un cameo para The Flash que jamás vimos en pantalla, y luego le comunicaron que no seguía. Eso no es una decisión creativa. Eso es usar a una persona como cebo y descartarla en cuanto deja de ser útil.
Gadot lo formula con una diplomacia que yo desde luego no tendría: dice que la situación «no fue manejada con elegancia». Poco elegante es quedarse sin paraguas bajo la lluvia. Lo de Cavill fue otra cosa. Y según la propia actriz, lo de Patty Jenkins, directora de ambas películas de Wonder Woman, fue igual de mal gestionado.
Lo curioso de todo esto es que Gadot no guarda rencor. Habla de su papel como algo temporal, como un préstamo que devuelve con gratitud. Menciona que tiene cuatro hijos y que los tiempos de rodaje de una superproducción ya no encajan con su vida actual. Es una postura respetable y hasta admirable. Pero que ella perdone no significa que no haya habido un problema real. Hay una diferencia enorme entre perdonar y blanquear lo que ocurrió.
Mientras tanto, DC sigue girando. Adria Arjona suena como la favorita para encarnar a Diana en Man of Tomorrow, y Ana Nogueira está escribiendo el guión del reboot. El estudio avanza, y los que estaban se quedan con el recuerdo de lo que pudo ser.
Y aquí está la ironía que más duele: el nuevo DC Universe lleva años prometiendo ser algo grande y diferente. Pero su primera gran decisión fue arrasar con lo existente, tratar a sus actores principales como piezas intercambiables y hacerlo con una opacidad que ahora les está costando caro en forma de declaraciones incómodas y titulares que no les favorecen. Gunn y Safran pueden creer en su visión todo lo que quieran. Pero construir sobre las ruinas de lo que destruiste tiene un precio.
Gal Gadot ha sido más elegante en sus palabras de lo que merece la situación. Ha hablado con gratitud, con perspectiva, con clase. Pero entre líneas ha dicho lo que llevaba demasiado tiempo sin decirse: que en este Hollywood, los actores son vasos de usar y tirar, y cuando el estudio decide cambiar de dirección, nadie tiene por qué avisarte.
El Snyderverso terminó. Wonder Woman terminó. Superman terminó. Y cada vez que alguien habla, queda más claro que no terminó solo. Lo terminaron. Con épica de cartón y una sonrisa.

