Randy Quaid ataca a Anne Hathaway por Days of Thunder 2 — y nadie le pidió su opinión

Randy Quaid llamó públicamente horrible la elección de Anne Hathaway para Days of Thunder 2 y pidió el regreso de Nicole Kidman. La polémica dice más sobre Quaid que sobre la película.

✍🏻 Por Alex Reyna

septiembre 1, 2026
  • Randy Quaid, actor del reparto original de Days of Thunder, ha tildado públicamente a Anne Hathaway de «elección horrible» para la secuela que la actriz protagonizará junto a Tom Cruise.

  • El intérprete defiende el regreso de Nicole Kidman al papel romántico del film original, pero envuelve ese argumento en críticas políticas y comentarios personales que exceden por completo el debate cinematográfico.

  • La secuela, producida por Paramount y rodada en IMAX, tiene fecha de estreno para junio de 2028, casi cuatro décadas después de la película original.

• 💭 Opinión de Álex: Esta polémica importa menos por lo que dice de Hathaway y más por lo que revela: la polarización política ha colonizado hasta la discusión más elemental sobre un reparto. El cine convertido en trinchera; una historia que, por desgracia, ya conozco de memoria.


Hay algo que me resulta cada vez más inquietante del cine contemporáneo: que la conversación sobre una película arranque mucho antes de que nadie la haya visto. No hablamos del tráiler, ni de la sinopsis, ni de la mirada del director. Hablamos del casting. Y en esa primera línea de fuego aparecen, a veces, voces que dicen más sobre el momento cultural que sobre la propia película.

El anuncio de que Anne Hathaway acompañará a Tom Cruise en la secuela de Days of Thunder podría haber abierto un debate sobre qué significa retomar una franquicia casi cuarenta años después, o sobre el legado visual de Tony Scott. En cambio, se impuso otra cosa: una crítica de Randy Quaid que mezcla nostalgia, política y comentarios personales de una forma que merece, cuando menos, ser analizada con calma.

Quaid toma la palabra

Randy Quaid, que interpretó al propietario del equipo de carreras Tim Daland en el film original, expresó su malestar a través de sus publicaciones en X —la red antes conocida como Twitter— sin demasiados rodeos.

Su argumento central es que Nicole Kidman —quien dio vida a la Dra. Claire Lewicki, el interés romántico de Cruise en el original— debería ser quien regresara al papel, y no una actriz nueva.

Hasta ahí, podría entenderse como una opinión legítima sobre continuidad narrativa. Cualquier aficionado a las sagas conoce esa punzada cuando un personaje querido desaparece sin explicación. A mí me pasó con más de un rostro entre trilogías de Star Wars: hay ausencias que duelen.

Pero Quaid fue bastante más lejos.

Cuando el casting se convierte en trinchera política

En sus mensajes, Quaid describió a Hathaway como una «elección izquierdista, woke y horrible» para el público de NASCAR al que, según él, va dirigida la película. Un público que, en sus propias palabras, sería mayoritariamente MAGA. También se refirió al aspecto de la actriz —que está embarazada— para insistir en que Kidman encajaría mejor en el papel, un comentario que conviene citar precisamente por lo que tiene de descalificación gratuita.

Es difícil no detenerse aquí un momento.

Lo que Quaid hace no es solo preferir a una actriz sobre otra. Es proyectar la fractura cultural americana directamente sobre una decisión de reparto. Está sugiriendo que existen actrices «válidas» para ciertos géneros según su orientación política. Eso ya no es cine: es otra cosa.

El actor Randy Quaid sonriendo durante una entrevista

Y, sin embargo, refleja algo real. Llevo años observándolo desde mi rincón favorito, la ciencia ficción: el género que debería mirar al futuro se ha convertido en uno de los campos de batalla más encarnizados del presente. Las guerras identitarias en torno a ciertos episodios de Star Wars, o los debates sobre quién puede habitar una distopía, demuestran que el entretenimiento dejó de ser territorio neutral hace tiempo.

Cada elección —quién protagoniza, quién dirige, qué historia se cuenta— se lee hoy a través de un prisma ideológico. Es agotador, sí. Pero también enormemente revelador de dónde estamos como sociedad.

El proyecto, más allá del ruido

Dejando la polémica a un lado, los datos de la secuela son interesantes por sí solos.

La película llega casi cuatro décadas después del original, producida por Paramount y rodada en formato IMAX. Su estreno está previsto para junio de 2028. Tom Cruise vuelve a ponerse al volante —en sentido literal y figurado—, algo que, a estas alturas, no debería sorprender a nadie.

Y aquí es donde el ingeniero que llevo dentro levanta la mano. El empeño de Cruise por el rodaje práctico, por la velocidad real capturada en pantallas gigantes, no es un capricho técnico: es una declaración de intenciones. En una era saturada de píxeles, apostar por el IMAX y por lo físico es reivindicar el espectáculo como experiencia, como algo que se siente en el cuerpo. El vértigo como idea.

En el original participaron nombres como Robert Duvall, Cary Elwes y John C. Reilly, bajo la dirección de Tony Scott, cuyo sello visual era absolutamente inconfundible. Volver a ese universo, sin Scott, con casi cuarenta años de distancia, plantea preguntas cinematográficas genuinamente jugosas que, lamentablemente, quedan eclipsadas por el ruido de las redes.

Ni Paramount ni los representantes de Anne Hathaway respondieron a las solicitudes de comentarios.


Hay algo profundamente sintomático en que la primera conversación sobre una película de carreras trate de política identitaria. No porque la política no tenga cabida en el cine —al contrario, el mejor cine siempre ha tenido algo que decir sobre el mundo— sino porque aquí ni siquiera hemos llegado al cine. Debatimos fantasmas antes de que exista la imagen.

Me acuerdo de cuando pausé Arrival para apuntar una frase sobre cómo el lenguaje moldea nuestra forma de percibir el tiempo. Hoy pienso que también moldea nuestra forma de percibir una película que aún no existe: la etiquetamos, la clasificamos y la juzgamos antes del primer fotograma. Emitimos veredicto sobre un futuro que todavía no ha llegado.

Lo que me llevo, más allá de la anécdota, es la pregunta de fondo: ¿qué dice de nosotros ser incapaces de hablar de una película sin convertirla en campo de batalla antes de haberla visto? Days of Thunder 2 puede ser un espectáculo glorioso de adrenalina e IMAX, o puede decepcionarnos a todos por igual. Pero eso lo decidirá la pantalla, no X. Y mientras esperamos a 2028, quizá lo más honesto sea admitir que estas polémicas cuentan su propia historia: la de una cultura que ha aprendido a pelear por absolutamente todo, incluso por aquello que aún no existe.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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