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Netflix ha construido casi sin hacer ruido una franquicia de asesinos a sueldo —Kill Boksoon y su spin-off Mantis— capaz de mirar de tú a tú a la brutalidad coreografiada de John Wick.
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Kill Boksoon (2023) mezcla acción de altísima intensidad con un drama familiar real: el vínculo tenso entre una madre asesina y su hija adolescente.
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Mantis (2025) amplía el universo con un tono más estilizado y colorista, dejando atrás el realismo del original pero conservando lo que hace especial a la saga.
Siempre me ha fascinado la figura del asesino a sueldo en el cine. No por la violencia en sí, sino por lo que representa: alguien que ha convertido la muerte en un oficio y que carga, cada día, con las consecuencias de esa decisión.
Es una contradicción casi perfecta. Eficiencia y humanidad conviviendo en el mismo cuerpo. Y, si lo piensas bien, no está tan lejos de la pregunta que lleva persiguiéndome desde que vi por primera vez a Roy Batty hablar de la lluvia sobre la puerta de Tannhäuser: ¿qué nos queda de humano cuando nuestra función es dar muerte?
Netflix, sin demasiado ruido mediático, ha construido una franquicia que parece entender exactamente esa tensión. Si aún no has visto Kill Boksoon ni Mantis, puede que lo que sigue te cambie los planes de esta noche.
El efecto John Wick: cuando el estilo se vuelve idioma común
En 2014, John Wick no revitalizó el cine de acción: lo reconfiguró. Tras años de cámara temblorosa heredada de la saga Bourne, Chad Stahelski apostó por la claridad visual, las coreografías fluidas y una violencia casi matemática que recordaba al mejor John Woo.
El impacto fue enorme. Llegaron Bullet Train, Atomic Blonde, Kate, Gunpowder Milkshake… El problema es que muchas copiaron la estética sin entender qué hacía especial al original. Se quedaron en la superficie.
Kill Boksoon no comete ese error.
Kill Boksoon: cuando la acción tiene algo que decir
Dirigida por Byun Sung-hyun, la película deja claro desde el primer plano que no quiere ser una imitación.
Su protagonista es Gil Boksoon (Jeon Do-yeon), una de las mejores asesinas de su agencia. Eficiente, respetada, letal. Pero también madre de una adolescente de quince años con quien mantiene una relación complicada, hecha de silencios y de cosas no dichas.
El giro llega cuando Boksoon se niega a cumplir un encargo: matar al hijo adolescente de un político. Esa decisión lo cambia todo. La cazadora pasa a ser presa.
Lo grande de la película no son solo sus secuencias de acción, que las tiene y son notables. Es que usa la violencia como marco para preguntarse qué significa ser madre cuando tu vida entera se sostiene sobre mentiras.
Y ahí hay algo que va más allá de lo individual. Boksoon vive instalada en la lógica de la eficiencia absoluta, la misma que hoy nos define como sociedad: rendir, cumplir, optimizar, no preguntar. La película convierte esa deshumanización del trabajo en literal, y por eso incomoda tanto. Somos todos un poco Boksoon cuando separamos lo que hacemos de quiénes somos.
Con 136 minutos, la película se toma su tiempo. Y merece que se lo demos.
Mantis: más color, más estilo, misma esencia
El spin-off, estrenado en 2025, sigue a Mantis (Yim Se-wan), un asesino que regresa para encontrar su agencia en ruinas y decide levantar la suya desde cero. Territorios en disputa, lealtades rotas, un mundo de sombras reorganizándose.
Si Kill Boksoon tenía los pies en el suelo, Mantis los levanta a propósito. El tono es más vibrante, más consciente de su artificio. El recorrido recuerda al de la propia saga John Wick: el primer film buscaba credibilidad; los siguientes elevaron la irrealidad hasta convertirla en virtud estética.
¿Funciona? Sí, aunque de otra manera. Mantis es un thriller más directo, menos interesado en la complejidad emocional y más en construir un universo de facciones y personajes con pasado. No es peor. Es otra cosa, y eso también vale.
Una franquicia que merece continuar
Netflix ha apostado por proyectos con resultados mucho más discretos que este universo. Que la saga de Kill Boksoon no tenga aún una expansión confirmada resulta, cuanto menos, difícil de entender.
Porque lo que Byun Sung-hyun ha logrado escasea en el cine de acción actual: personajes que te importan antes de la primera pelea. Y eso, en este género, lo cambia todo.
Recuerdo haber terminado Kill Boksoon pensando que solo pondría un rato de acción antes de dormir, y quedarme luego media hora dándole vueltas. Me pasó algo parecido a cuando pausé Arrival para apuntar frases: el buen cine de acción, cuando funciona de verdad, nunca es solo acción.
Es una lente para mirar algo más grande. Aquí apunta hacia la identidad, la maternidad y el precio de las decisiones que tomamos sin medir sus consecuencias. La misma pregunta, en el fondo, que se hacía Roy Batty antes de apagarse.
Si buscáis algo que os haga pensar mientras os mantiene pegados a la pantalla, esta franquicia es justo eso. Y si Netflix escucha, ojalá no la dejemos en solo dos películas.