DC

La guionista de Lanterns desmonta las acusaciones de woke

Quienes compartían viñetas de los setenta para atacar la serie estaban probando lo contrario. John Stewart lleva hablando de raza y justicia desde 1971.

  • La guionista Vanessa Baden Kelly desarma las acusaciones de «woke» contra Lanterns recordando que John Stewart lleva abordando raza, política y justicia social desde su debut en 1971.

  • La ironía es de manual: quienes compartían viñetas de los 70 para atacar la serie estaban demostrando, sin querer, justo lo contrario de lo que pretendían.

  • En mi opinión, esta polémica dice mucho más de quien la lanza que de la propia serie, y el «problema woke» se evapora en cuanto uno se molesta en abrir un tebeo viejo.

Hay algo profundamente satisfactorio en ver cómo una polémica se desmonta sola. No hace falta gran argumento ni debate encendido; a veces basta con abrir un tebeo de 1971 y señalar una viñeta. Eso es, en esencia, lo que ha pasado con la serie Lanterns de HBO Max, y honestamente, como alguien que lleva años defendiendo que el universo DC tiene capas que mucha gente ni se molesta en rascar, la situación tiene su punto cómico.

Porque sí, se puede debatir si una adaptación está bien ejecutada, si respeta el espíritu del personaje o si las decisiones creativas funcionan. Eso es crítica legítima y bienvenida. De hecho, yo mismo tengo dudas razonables sobre algunas decisiones de tono de la serie, y no me tiembla el pulso al decirlo. Pero cuando el argumento principal es que algo es «woke» sin conocer la historia del material de origen… ahí el debate se complica un poco. Acompañadme.

John Stewart no es un invento moderno

John Stewart llegó a los cómics de DC en 1971, creado por Dennis O’Neil y Neal Adams —dos nombres que cualquier seguidor serio del medio asocia directamente con una revolución en la forma de contar historias de superhéroes—. Desde el primer momento, el personaje fue diseñado como un héroe negro orgulloso y seguro de sí mismo, inspirado visualmente y en actitud en Sidney Poitier. No era un token, no era un acompañante: era un protagonista con voz propia.

Y esa voz, desde el principio, hablaba de racismo, de guerras, de injusticia social. No como subtexto tímido, sino de frente. Esto no es una lectura retroactiva ni una reinterpretación moderna: está en las páginas originales, con tinta de hace medio siglo.

La ironía que se viralizó sola

Aquí viene la parte que me dejó con la boca abierta. Vanessa Baden Kelly, guionista del episodio 3 de Lanterns, explicó en una entrevista que se encontró con críticas que tachaban la serie de «woke» y que, para apoyar su argumento, la gente compartía viñetas de los años 70 en los comentarios. Viñetas del John Stewart original llamando a alguien «Whitey» o manifestándose contra las guerras.

La propia Baden Kelly lo describió con una mezcla de incredulidad y humor: «Oh, Dios mío». Y es que no hay mejor refutación que la que el propio atacante te proporciona sin darse cuenta.

Si esas viñetas prueban algo, es exactamente lo contrario de lo que pretendían. El personaje siempre ha sido así. Llevan décadas así.

Construir sobre los cimientos, no ignorarlos

Póster oficial de Lanterns con John Stewart y Hal Jordan

Lo interesante del enfoque del equipo de Lanterns es que no han ignorado esa herencia: la han usado como punto de partida. Baden Kelly habló de cómo el proceso creativo pasó por preguntarse qué significa, específicamente, que un hombre negro reciba un anillo de Green Lantern. Qué expectativas lleva encima. Cuánto más tiene que demostrar para ser aceptado en ese mundo.

Es una pregunta honesta y profunda, y no nueva en la ficción de superhéroes, pero sí particularmente relevante para este personaje. El equipo también exploró las presiones que recaen sobre niños negros con talento desde edades tempranas, trayendo comparaciones con figuras como Tiger Woods o las hermanas Williams. No como analogía forzada, sino como parte de entender la psicología del personaje.

Eso no es ideología impuesta desde fuera. Es, sencillamente, hacer los deberes. Y ojo, que hacer los deberes no garantiza una obra maestra: se puede partir de una base sólida y aun así tropezar en el ritmo o en el guion. Pero eso es otra conversación, y una mucho más interesante que la del ruido.

El dilema del canon: plutonio creativo

Damon Lindelof, co-creador de la serie, lo expresó con una metáfora que me parece perfecta: trabajar con el canon es como manipular plutonio. Tienes que hacerlo con cuidado, con respeto. Pero si te quedas paralizado por el miedo a tocarlo, no puedes crear nada.

Es un equilibrio que cualquier adaptación de superhéroes debe negociar. Recuerdo salir del cine con Batman Begins pensando que Nolan se había tomado libertades enormes con el origen del personaje y, aun así, había capturado su esencia como pocos. Lo vi también en la época Snyder, donde las elecciones polémicas —me encantasen o me chirriasen— abrían debates genuinos sobre qué define a estos personajes. Y lo veo ahora con Gunn construyendo el nuevo DCU desde cero, con todo el respeto y toda la libertad que eso implica.

El canon no es una jaula. Es un mapa. Puedes explorarlo sin quedarte clavado en él.

El debate válido y el debate estéril

Que haya discusión sobre cómo Lanterns interpreta a John Stewart es perfectamente legítimo. Toda adaptación merece escrutinio, y los fans del cómic tienen todo el derecho a exigir que se honre lo que hace especial a un personaje. Yo, que leí a este John Stewart mucho antes de que fuese carne de titular, soy el primero en querer que lo borden.

Pero esa conversación tiene que partir de conocer el material. Y si alguien lleva más de 50 años de historia contando exactamente lo mismo que ahora se critica… el problema no está en la serie.

Al final, lo que Lanterns parece querer hacer es lo que cualquier buena adaptación debería intentar: encontrar el núcleo del personaje y recontextualizarlo para el presente. Y el núcleo de John Stewart siempre ha sido ese héroe que no pide permiso, que no se disculpa por quién es, y que llama a las cosas por su nombre.

Eso no es nuevo. Eso es John Stewart. Lleva siendo John Stewart desde que Nixon estaba en la Casa Blanca.

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