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Lanterns es la sucesora espiritual de Watchmen en HBO

Mismo ADN, mismo tono y un 92% en Rotten Tomatoes con tres episodios. El racismo vertebra las dos series desde ángulos distintos.

  • Lanterns, la nueva serie de HBO co-creada por Damon Lindelof, se perfila como la sucesora espiritual directa de Watchmen (2019): mismo ADN, mismo tono y la misma valentía temática.

  • Con apenas tres episodios emitidos, Lanterns ya acumula un 92% en Rotten Tomatoes, pisándole los talones al histórico 96% de su predecesora.

  • El racismo vertebra ambas series, tratado desde ángulos distintos pero con idéntica contundencia narrativa.

Mi opinión: HBO ha entendido algo que Warner jamás supo hacer en el cine: dejar que un autor cuente su historia sin que un ejecutivo le meta la tijera. Y Lindelof es la prueba viviente de ello.


Para mí, Watchmen siempre ha sido una palabra con doble filo. Está la película de Snyder de 2009 —esa obra maestra que el mundo tardó demasiado en entender, con su cámara lenta convertida en recurso poético y un respeto casi litúrgico por cada viñeta de Alan Moore— y luego está la serie de HBO de 2019, que llegó con una visión completamente distinta.

Me puse en guardia al principio, lo confieso. Cuando alguien toca Watchmen después de Snyder, mi instinto es sacar las uñas. Pero con el tiempo esa serie terminó siendo una de las mejores cosas que ha parido la televisión en décadas. Nueve episodios, 96% en Rotten Tomatoes y una conversación sobre raza y poder que hizo incomodar a mucha gente. Exactamente lo que debe hacer la buena ficción.

Siete años después, HBO vuelve a las andadas con Lanterns, y la etiqueta de «sucesora espiritual» circula con fuerza. No es un título que se regale, y menos cuando hablamos de ponerse a la altura de Watchmen. Pero hay argumentos muy sólidos para defenderlo. Y todos empiezan y terminan con un nombre: Damon Lindelof.


Lindelof co-creó Lanterns junto a Tom King y Chris Mundy. La serie aterrizó en HBO el 16 de agosto de 2026 y desde el primer minuto dejó claro que no tiene ningún interés en ser el típico producto de superhéroes con una explosión cada diez minutos para que nadie se aburra.

Lo mismo que hizo con Watchmen.

Y aquí está la clave de todo. Ni Watchmen ni Lanterns son series de superhéroes que resultan estar bien escritas. Son dramas —con todo lo que eso implica— que resultan estar ambientados en universos de capas de colores y superpoderes. La diferencia parece pequeña, pero lo cambia absolutamente todo.

Ambas llevan clasificación TV-MA. Y ese dato no es menor: significa que nadie ha limado los bordes para llegar a más público. Significa que hay intención artística detrás, que alguien en HBO sigue apostando por historias difíciles sin pedirle perdón al espectador por contarlas. Justo lo contrario de lo que se hace habitualmente, donde todo se rebaja hasta que cabe en un tráiler.

John Stewart y Hal Jordan con el anillo de Green Lantern en Lanterns

Uno de los puntos en común más potentes es el tratamiento del racismo. Watchmen lo abordó de frente desde el primer episodio, con la masacre de Tulsa de 1921 como detonante. Fue incómodo, fue necesario, y fue lo que le valió el infame review bombing que hundió su nota de audiencia hasta un 57% en Rotten Tomatoes. Gente que tildó la serie de «demasiado política», como si los superhéroes hubieran existido alguna vez fuera de la política o de la cultura que los pare.

Lanterns tampoco esquiva el tema. Lo aborda a través del proceso de selección del anillo, convirtiendo lo que en los cómics era casi una anécdota en una reflexión sobre el privilegio y el poder sistémico. Ese es exactamente el tipo de escritura que separa lo memorable de lo genérico.

Y los números acompañan. Con apenas tres episodios disponibles mientras escribo esto, Lanterns acumula un 92% de la crítica en Rotten Tomatoes. A menos de cuatro puntos del 96% que ostenta Watchmen con 398 reseñas. Un arranque brutal para cualquier serie, y más cargando con semejante comparación a la espalda.

Pero lo que más me llama la atención es el dato del público. Lanterns tiene un 81% de audiencia. Watchmen, con toda su brillantez, se quedó en aquel 57% precisamente por el ataque coordinado de quienes no querían que su serie de superhéroes les hablase de historia americana real. Puede que el mundo esté un poco más preparado hoy. O puede que Lanterns entre por una puerta que genera menos rechazo visceral. El tiempo lo dirá.


Lo que sí está claro es que HBO lleva años haciendo lo que Warner nunca supo gestionar en la gran pantalla: dejar crear a los creadores. Snyder lo intentó en el cine con una visión épica, de las de verdad y no de cartón, que fue mutilada antes de que pudiera completarse. Que quede claro: el autor traicionado sigue siendo él, y ningún reboot posterior me hará pensar lo contrario.

Por eso lo de HBO no es la norma, es la excepción que confirma la regla. En televisión, lejos de las manos temblorosas de los ejecutivos que solo saben leer hojas de Excel, un autor todavía puede firmar algo con nombre y apellidos. Lindelof lo está consiguiendo con la libertad que merece un proyecto de esta envergadura, y el resultado habla solo.

Lanterns tiene todo para convertirse en algo grande y duradero. La firma de Lindelof, la densidad temática, la calidad técnica y una crítica que le rinde pleitesía desde el primer acto. Si sigue por este camino, dentro de otros siete años hablaremos de ella igual que hablamos hoy de Watchmen: como una de esas raras veces en que alguien tuvo la visión, el talento y —sobre todo— la libertad para hacer exactamente lo que tenía que hacer.

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