Marvel

Una frase de Stan Lee definió el tono de Spider-Man

Los guionistas de Homecoming hablaron con él antes de escribir nada. Tener superpoderes no te convierte en adulto, y eso marcó la trilogía entera.

  • Los guionistas de Spider-Man: Homecoming se sentaron a hablar con Stan Lee antes de escribir una sola línea, y esa conversación acabó definiendo el tono de toda la trilogía de Tom Holland.

  • Lee les explicó que creó a Spider-Man para que los jóvenes lectores pudieran identificarse con él, y esa filosofía se convirtió en la brújula de la película: «tener superpoderes no te convierte en adulto».

  • Mi opinión: es, probablemente, el Spider-Man mejor entendido del cine reciente… aunque la trilogía no siempre supo sostener ese equilibrio, y conviene decirlo.


Hay películas del MCU que sientes que podrían haber salido de cualquier manera. Y luego hay películas que notas que alguien hizo con cariño de verdad, con una intención clarísima desde el minuto uno. Spider-Man: Homecoming es, para mí, del segundo grupo. La recuerdo perfectamente cuando la vi por primera vez: pensé que por fin habían entendido a Peter Parker. No al héroe imponente, sino al chaval agobiado con los deberes que además intenta salvar el mundo.

Lo que no sabía entonces es que detrás de esa sensación había una conversación muy especial. Una que los guionistas tuvieron con el mismísimo Stan Lee antes de escribir ni una sola frase del guion. Y ahora que han contado los detalles, todo encaja todavía mejor.


Jonathan Goldstein y John Francis Daley no llegaron al proyecto con las ideas súper claras. Reconocen que tenían sus dudas sobre cómo dar forma a un Spider-Man que encajara en el MCU sin perder lo que lo hace especial. Así que hicieron algo que, sinceramente, ojalá pudieran hacer todos los guionistas: sentarse a hablar con Stan Lee.

La reunión tuvo lugar antes de que Lee falleciera en 2018 a los 95 años, y lo que les contó fue sencillo pero poderoso. Les explicó que creó a Spider-Man con un propósito muy concreto: un personaje con el que los jóvenes lectores pudieran identificarse de verdad. Algo que, según él, nadie había hecho antes en el cómic de superhéroes.

Y no exageraba. Basta con releer Amazing Fantasy #15 de 1962: aquel Peter de Lee y Steve Ditko no era un galán ni un titán, era un empollón con gafas al que nadie invitaba a las fiestas. Ese es el ADN. No es un dato anecdótico: es la semilla de todo.


Esa filosofía fue la que los guionistas tomaron como guía para escribir Homecoming. La premisa que se repitieron durante todo el proceso fue esta: tener superpoderes no te convierte en adulto.

Suena simple. Pero esa idea lo cambia todo.

En lugar de una historia sobre un héroe que crece en poder de forma grandilocuente, escribieron una sobre un adolescente que sigue siendo un adolescente aunque pueda escalar edificios. Peter sigue teniendo problemas con las chicas, con los amigos, con encajar en el instituto. Los poderes no le salvan de eso. Y eso, como diría el propio Daley, es lo que lo hace único entre todos los superhéroes de Marvel.

Stan Lee en la premiere de Spider-Man: Homecoming

La cita de Daley lo resume perfectamente: «Es el único superhéroe de todos los de Marvel con el que puedes identificarte completamente, porque es alguien que encontró sus poderes. Viene de nuestro tiempo, y se parece mucho a las personas que ven estas películas, que a veces se sienten incomprendidas.»

Y es verdad. Puedo recordar haber leído los cómics de Spider-Man de adolescente y sentir que ese era MI superhéroe. No Thor con su martillo y su palacio en Asgard. No Tony Stark con su inteligencia y su fortuna. Peter Parker, el chaval normal que intenta hacer lo correcto aunque nadie le entienda.

Eso es Stan Lee en estado puro. Y que los guionistas lo entendieran antes de escribir una sola página se nota en pantalla.


Ahora bien, seré honesta, que para eso llevo años en esto: la trilogía no siempre supo mantener ese equilibrio tan bonito de partida. Homecoming funciona porque el instituto pesa más que la capa, pero también deja una duda que se agranda con las secuelas: Tony Stark asoma demasiado como figura paterna y muleta narrativa. A ratos parece que Peter necesita un Vengador validándole en lugar de resolver sus cosas solo, que es precisamente lo que Lee defendía.

Y en Far From Home y No Way Home la escala se dispara tanto que el «chaval de barrio» queda algo eclipsado por el multiverso. No lo digo como reproche demoledor —me encantan las tres—, sino porque el mérito de la primera se entiende mejor cuando ves lo fácil que era desviarse.


Con todo, nueve años después la base sigue en pie. Peter, MJ y Ned han pasado por cosas enormes —No Way Home demuestra que Marvel todavía puede emocionarte hasta las lágrimas— pero siguen siendo reconocibles. Siguen siendo ellos. Y eso no es casualidad: es el resultado de haber puesto bien los cimientos desde el principio.

Homecoming está en Disney+ si te apetece revisitarla con esta información en mente. Te lo recomiendo. La ves de otra manera sabiendo que detrás hay una conversación con Stan Lee, una filosofía clara y dos guionistas que tuvieron la humildad de preguntar antes de escribir.

Hay algo bonito en imaginar esa escena: Lee, con casi 95 años, explicándole a dos guionistas por qué creó a Spider-Man, y ellos tomando nota. Es el mejor tipo de legado, el que se transmite y se multiplica. Así que la próxima vez que veas a Tom Holland corriendo por los pasillos con el traje a medio poner, recuerda que esa imagen no es accidental. Es una idea de hace décadas que llegó intacta a la pantalla. Y funciona precisamente porque no se le olvidó de dónde venía.

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