Universal adaptará Pong y nueve clásicos de Atari al cine de acción

Universal adaptará diez clásicos de Atari —Pong, Asteroids, Missile Command— en grandes películas de acción. El acuerdo llega tras el éxito de The Super Mario Bros. Movie. Que Hollywood apueste por Pong dice mucho del estado actual de las ideas originales.

✍🏻 Por Alex Reyna

julio 25, 2026
  • Universal Pictures adaptará al cine diez clásicos de Atari —Asteroids, Missile Command, Pong o Yars’ Revenge, entre otros— convertidos en grandes películas de acción y aventura.

  • El acuerdo llega impulsado por el éxito de The Super Mario Bros. Movie, Sonic the Hedgehog y A Minecraft Movie, que han confirmado que el videojuego es negocio serio en la gran pantalla.

  • A esos diez títulos se suma un proyecto independiente con guion de Matt Reilly y Carl Hampe, lo que eleva a once los desarrollos simultáneos.

Opinión: buscar las próximas grandes franquicias entre los píxeles de los años 70 no es solo una apuesta nostálgica; es el síntoma de una industria que prefiere explotar lo conocido antes que arriesgarse con algo genuinamente nuevo.

Dato que no puedes ignorar: el juego de Atari que de verdad merecería una película esconde una ironía casi perfecta… pero para descubrirla tendrás que llegar hasta el final.


Hay algo que me resulta inevitablemente fascinante —y un poco desconcertante— en imaginar a un ejecutivo de Hollywood mirando una pantalla en la que dos barras golpean un cuadradito de un lado a otro y pensando: esto puede ser una franquicia.

No lo digo con sarcasmo. Lo digo con la misma curiosidad genuina que siento cuando Blade Runner me pregunta qué significa ser humano, o cuando Dune me recuerda que el poder siempre acaba disfrazándose de destino.

Porque a veces las preguntas más interesantes se esconden en los lugares más inesperados.

La noticia llega desde Universal Pictures: un acuerdo para desarrollar diez propiedades clásicas de Atari como películas de cine. No es solo un movimiento comercial. Es un síntoma cultural.

Una señal sobre cómo la industria del entretenimiento entiende —o malinterpreta— su relación con el pasado. Y eso, para alguien que dedica buena parte de su tiempo a pensar en lo que el cine dice sobre nosotros como sociedad, merece al menos una pausa.

La arqueología de los píxeles

El Atari 2600 fue, en su momento, una revolución real.

Llevó a los salones de millones de hogares algo que nunca antes había existido ahí: la posibilidad de interactuar con una pantalla, de controlar algo dentro de ella.

Pero la tecnología de finales de los años 70 imponía límites brutales. Los gráficos eran bloques de color sin definición. Los mundos se reducían a una sola pantalla estática. La narrativa era, en el mejor de los casos, algo que ocurría en la imaginación del jugador.

Asteroids te ponía al mando de una nave entre meteoritos. Missile Command te hacía decidir qué ciudades salvar de una lluvia nuclear. Pong era… dos barras y una pelota.

En ese minimalismo radical había algo genuino. Una semilla de idea. Y ahora Universal quiere convertir esas semillas en superproducciones.

Hollywood y su búsqueda de marcas reconocibles

No es casual que este acuerdo llegue en este momento preciso.

The Super Mario Bros. Movie recaudó más de 1.300 millones de dólares en 2023. Sonic the Hedgehog se convirtió en una franquicia inesperadamente sólida. Y A Minecraft Movie acaba de confirmar que incluso los juegos sin narrativa explícita pueden funcionar en la gran pantalla si encuentras el ángulo adecuado.

Hollywood ha aceptado por fin una lección que llevaba años ignorando: los videojuegos no son solo entretenimiento pasajero. Son cultura. Son nostalgia compartida. Son marcas con millones de personas emocionalmente vinculadas a ellas.

Y aquí está la clave que me resulta más interesante: no se trata únicamente de si Asteroids tiene una historia que contar. Se trata de si el nombre Asteroids puede llenar salas de cine.

Eso no es necesariamente malo. Pero sí es muy revelador.

Los que tienen sentido… y los que plantean preguntas existenciales

Seré honesto: hay títulos en esta lista que me generan más curiosidad que escepticismo.

Asteroids tiene un potencial visual considerable. Una nave solitaria navegando entre rocas en el espacio es casi una metáfora sobre la supervivencia y el caos. En manos del director adecuado, podría ser algo genuinamente interesante.

Missile Command me parece el más fascinante de todos. Su premisa —tomar decisiones imposibles sobre qué ciudades salvar cuando no puedes salvarlas todas— tiene una carga moral que pocas películas de acción se atreven a explorar. Hay algo casi trágico en esa mecánica original, algo que podría traducirse en un relato humano muy potente.

Adventure, con su laberinto, sus dragones y su llave dorada, tiene la estructura de un cuento clásico. Berzerk, con sus robots y sus corredores infinitos, apunta a algo vagamente distópico. Yars’ Revenge tiene hasta algo de épica espacial si alguien se molesta en desarrollarla.

Y luego está Pong.

Pong: The Movie.

Tómese un momento para procesar eso.

No es que sea imposible. Es que es la prueba más perfecta de hasta dónde puede llegar la lógica de explotar una marca.

Pong no tiene personajes. No tiene mundo construido. No tiene historia. Tiene física básica de colisiones. Hacer una película de Pong requeriría inventarlo absolutamente todo desde cero, lo que plantea una pregunta completamente legítima: ¿en qué sentido sería eso, entonces, una película de Pong?

Además del acuerdo principal, Universal ha adquirido un proyecto independiente basado en propiedad intelectual de Atari con guion de Matt Reilly y Carl Hampe. Es decir, hay ya al menos once proyectos en desarrollo simultáneo. Lo que no garantiza, ni mucho menos, que todos lleguen a rodarse algún día.

Lo que este movimiento dice sobre nosotros

Aquí es donde me interesa ir un poco más allá de la noticia.

Vivimos en un momento cultural en el que la nostalgia se ha convertido en estrategia industrial. No es un fenómeno completamente nuevo —el cine lleva décadas reciclando ideas— pero hay algo diferente en la escala y en la velocidad a la que ocurre ahora.

Pensémoslo bien: estamos hablando de adaptar videojuegos de finales de los años 70. Juegos que muchos de sus potenciales espectadores no han tocado jamás, simplemente porque no habían nacido cuando existían.

La nostalgia aquí no es personal ni directa. Es heredada, cultural, casi arqueológica.

¿Qué dice eso sobre nuestra capacidad para generar nuevas mitologías en lugar de reciclar las antiguas?

Recuerdo que en su día pausé Arrival varias veces solo para apuntar frases en una libreta, porque sentía que aquella película estaba inventando algo, no recordándomelo. Esa sensación —la de asistir al nacimiento de una idea— es exactamente lo que echo de menos aquí.

Cuando George Lucas creó Star Wars en 1977, no estaba adaptando una marca establecida. Estaba creando un lenguaje nuevo.

Cuando Denis Villeneuve llevó Dune a la pantalla en 2021, transformó un material existente en algo que se sentía urgente y necesario.

La diferencia entre esos proyectos y este acuerdo de Atari no es solo de escala: es de intención.

La pregunta que me hago no es si estas películas serán buenas o malas. Es si alguien detrás del proyecto tiene algo real que decir, o simplemente tiene una marca que explotar.

La ironía final, y es perfecta

No puedo terminar sin mencionar esto.

Si hay un juego de Atari que merecería realmente una adaptación cinematográfica, ese es E.T. the Extra-Terrestrial.

No porque fuese un buen juego —fue tan catastrófico que se cita habitualmente como uno de los detonantes del gran crack del videojuego de 1983, y hay cartuchos de ese título enterrados literalmente en el desierto de Nuevo México—. Sino precisamente por todo eso.

La historia detrás de ese juego tiene narrativa real. Tiene drama. Tiene algo que decir sobre las expectativas desmedidas, el fracaso espectacular y la ambición mal calculada.

Y resulta que E.T. no es propiedad de Atari.

La ironía no podría ser más perfecta si fuese guionada.


Puede que alguna de estas películas sorprenda. Puede que Missile Command encuentre a un cineasta con la visión suficiente para convertir su premisa en algo que trascienda el entretenimiento de palomitas.

Puede que Adventure dé lugar a una aventura genuinamente memorable. Y puede que, contra todo pronóstico, alguien encuentre la manera de hacer que Pong tenga sentido en la pantalla grande.

El cine tiene esa capacidad: transformar lo aparentemente vacío en algo lleno de significado. Me quedo con esa esperanza.

Pero lo que de verdad me interesa de esta noticia no es lo que ocurrirá en las salas, sino lo que ya está ocurriendo antes de que se ruede ni un solo fotograma.

Estamos viendo cómo la industria del entretenimiento continúa su búsqueda frenética de anclas en el pasado, de nombres con los que el público ya tenga una conexión emocional.

Lo entiendo como estrategia de negocio. Pero sigo esperando que alguien, en algún despacho de Hollywood, se levante de su silla y proponga algo que no existía antes.

Algo que dentro de cuarenta años, alguien quiera adaptar. Algo genuinamente nuevo.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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