DC

Gadot solo volvería como Wonder Woman si Snyder regresa — y tiene sus razones

Gal Gadot dejó claro que solo volvería como Wonder Woman si Zack Snyder regresa a dirigir el proyecto. Su declaración no es un capricho de estrella sino un síntoma de algo más profundo: lo que ocurrió con el DCEU anterior dejó heridas que no se cerraron.

  • Gal Gadot ha dejado claro que solo volvería a ponerse la armadura de Wonder Woman con una condición: que Zack Snyder regrese a dirigir el rumbo de DC Studios.
  • Su declaración no es un capricho de estrella, sino un síntoma de algo más profundo: lo que ocurre cuando una visión creativa cambia de manos a mitad de camino y los que pusieron la primera piedra se quedan fuera del plano.
  • El trasfondo lo completan la cancelación de Wonder Woman 3, el turbulento episodio de Henry Cavill y la reciente compra de Warner Bros. Discovery por Paramount, que ha reavivado las especulaciones sin que nada apunte todavía a cambios inmediatos.

Hay algo que los universos de ficción bien construidos comparten siempre: una visión. Una arquitectura interna que da coherencia a todo lo demás, un plano invisible que sostiene cada decisión. Cuando esa visión cambia de manos a mitad del proceso, el resultado rara vez es una nueva historia. Suelen ser los restos de la anterior.

Lo hemos visto en Star Wars, en algunos tramos del MCU, y ahora lo vemos, con toda su crudeza, en el DCEU.

La declaración de Gal Gadot sobre su regreso como Wonder Woman no es una simple anécdota de prensa. Es un síntoma. Y como todos los síntomas, merece leerse con atención, porque lo que revela sobre la industria del entretenimiento es bastante más interesante que el titular.

De Diana Prince al silencio institucional

Gadot llegó al DCEU en 2016 con Batman v Superman: El amanecer de la justicia. Curiosamente, su Diana Prince fue uno de los pocos elementos del film que generó consenso positivo. Un año después, Wonder Woman confirmó lo que muchos intuían: el personaje tenía entidad propia, y ella lo habitaba con una mezcla de autoridad y humanidad que funcionaba.

Pero el DCEU siempre fue un proyecto de cimientos inestables. Liga de la Justicia, Wonder Woman 1984 y las constantes reestructuraciones internas fueron erosionando el impulso inicial. Lo que empezó como un universo con ambición terminó derivando hacia una serie de decisiones que nadie acababa de entender del todo.

La condición que lo dice todo

Cuando le preguntaron por la posibilidad de retomar el papel, la respuesta de Gadot fue directa: «Si Zack vuelve a dirigir DC, yo vuelvo.»

No es un ultimátum caprichoso. Es una declaración de lealtad hacia una visión creativa concreta y, al mismo tiempo, una crítica velada a cómo James Gunn y Peter Safran han gestionado la transición.

Gadot reconoció que los nuevos co-CEOs le prometieron que Wonder Woman 3 seguiría adelante con Patty Jenkins al frente. Pero lo que ocurrió después habló más alto que cualquier promesa: la cancelación del proyecto, la salida de Jenkins y, sobre todo, el episodio de Henry Cavill —anunciado como el nuevo Superman y descartado apenas unas semanas más tarde— dejaron claro que la nueva directiva tenía su propio mapa, y que los actores del DCEU anterior no aparecían en él.

«Vi cómo se trató a los demás. La situación de Henry no se manejó con elegancia, por decirlo suavemente. Lo mismo con Patty.»

Gal Gadot en el panel de Comic-Con International 2018 promocionando Wonder Woman

Sus palabras no son las de alguien que busca el conflicto. Son las de alguien que ha decidido ser honesta sobre lo que vivió, sin perder la compostura.

El fantasma de Snyder y el problema de fondo

La figura de Zack Snyder planea sobre todo esto como una pregunta sin respuesta. Una parte del fandom sigue esperando su regreso, sobre todo desde que la compra de Warner Bros. Discovery por parte de Paramount ha reabierto las especulaciones sobre posibles movimientos en la cúpula.

Pero seamos honestos: la probabilidad de que Snyder sustituya a Gunn y Safran es prácticamente nula. Y aunque ocurriera, recuperar los hilos de su universo original sería un ejercicio casi arqueológico. Ha pasado casi una década desde el Justice League original y más de cinco años desde el Snyder Cut. Los actores han cambiado, los contratos han expirado, el contexto cultural es otro.

Aquí es donde no puedo evitar pensar en algo. Los universos que más me han marcado —Blade Runner, Dune— dependen por completo de un autor con una arquitectura mental clara. Recuerdo haber pausado Arrival para apuntar frases, obsesionado con cómo una sola visión coherente podía sostener toda una historia. Cuando esa columna vertebral desaparece, no queda una película distinta: queda un edificio sin arquitecto.

Y eso es lo que Gadot señala, consciente o no. La falta de continuidad en los universos cinematográficos compartidos no es un problema de ejecución, es un problema de diseño. Cuando cambias de arquitecto a mitad de la obra sin un plano común, las costuras se notan. Y los que colocaron la primera piedra suelen ser los primeros en verlas.

Lo que DC Studios construye ahora

Gunn y Safran tienen su propio plan. Clayface, Man of Tomorrow y otros proyectos en desarrollo apuntan a una reinvención total del universo DC. No es necesariamente algo malo —los reboots pueden ser oportunidades creativas genuinas—, pero implican dejar atrás a quienes construyeron lo anterior.

Gadot, Cavill, Jenkins: nombres que quedaron fuera de la ecuación. Y que ahora, desde fuera, formulan preguntas incómodas que el estudio preferiría no responder en público.


El caso de Gal Gadot y Wonder Woman es un espejo de algo que trasciende el entretenimiento. Refleja cómo la industria del cine de franquicias trata a sus colaboradores —actores, directores, creadores— como piezas de un tablero que se reordena según los intereses corporativos del momento. Cuando ese tablero cambia de manos, lo que queda son personas que vivieron una experiencia creativa real y que ahora ven cómo se reescribe sin contar con ellas.

Y hay una idea que me ronda desde hace días, casi como me pasó pensando en Her: la memoria y la autoría también son formas de poder. Quien controla el relato controla lo que ese relato significará mañana.

Al final, esta historia nos recuerda que detrás de cada universo de ficción hay relaciones humanas, compromisos y expectativas que no siempre se honran. Los mundos imaginarios se construyen con personas reales. Y cuando esas personas salen por la puerta, suelen llevarse consigo algo difícil de recuperar: la razón por la que esos mundos importaban en primer lugar.

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