Tom Holland sobre la IA: las máquinas no tienen alma — y tiene razón

Tom Holland sostiene que la IA no puede reemplazar la creatividad humana porque nace de emociones y experiencias que ninguna máquina puede replicar. Hollywood sigue partido en dos sobre el tema. La posición de Holland es la más honesta que ha salido de una estrella del sector.

✍🏻 Por Clara Domenech

agosto 13, 2026
  • Tom Holland sostiene que la IA no puede reemplazar la creatividad humana porque esta brota de emociones y experiencias vividas que ninguna máquina es capaz de replicar de verdad.

  • Hollywood sigue partido en dos: unos ven la IA como una herramienta de producción útil y otros temen perder el control sobre su trabajo, su imagen y sus derechos.

  • SAG-AFTRA ha respaldado el marco de política de IA de la administración Trump, que incluye protecciones de propiedad intelectual y un período voluntario de revisión gubernamental de 30 días para los nuevos modelos.

  • Mi opinión: Holland da en el clavo con lo del «alma», pero el debate necesita ir más allá de las frases bonitas y traducirse en protecciones reales para quienes se dedican a crear.

  • Que soltara estos comentarios precisamente aquí, en España y en El Hormiguero, acerca la conversación y hace que el tema se sienta mucho menos abstracto.


Hay preguntas que durante años parecen pura ciencia ficción hasta que, de repente, te toca responderlas en tiempo real. ¿Puede una máquina escribir el guión de la próxima gran película? ¿Puede componer esa banda sonora que te pone los pelos de punta? ¿Puede interpretar una escena de forma que sientas algo verdadero al otro lado de la pantalla? En la industria del entretenimiento, ese debate lleva tiempo a fuego lento, pero últimamente está empezando a hervir de verdad. Y cuando alguien con el peso mediático de Tom Holland decide meterse en el charco, merece la pena parar y escucharle.

Porque Holland no es solo el chico del traje de Spider-Man —aunque para quienes seguimos el MCU desde Iron Man, eso ya sería razón más que suficiente para prestarle atención—. Es uno de los actores más reconocibles de su generación, alguien que ha crecido literalmente delante de las cámaras y que sabe de primera mano lo que significa poner el cuerpo, la mente y el corazón en un personaje. Así que cuando habla de creatividad e inteligencia artificial, no lo hace desde la distancia teórica. Lo hace desde las tripas.


Holland estuvo hace poco en El Hormiguero —el programa de Pablo Motos, aquí en España— y aprovechó la visita para compartir su visión sobre el papel de la IA en el cine y el entretenimiento. Lo que dijo no tiene muchos rodeos, pero sí tiene mucha honestidad.

Para el actor, la creatividad está a salvo de la inteligencia artificial porque pertenece al terreno de lo humano. No es una cuestión técnica, sino profundamente emocional. «La creatividad tiene que ver con la experiencia humana. Tiene que ver con las emociones, con entendernos los unos a los otros», explicó. Y añadió algo que me parece especialmente certero: la IA puede procesar datos, puede ordenar información a una velocidad que nos deja sin palabras, pero no puede entender de verdad la diferencia entre estar feliz o estar triste. No como lo hacemos nosotros.

Su conclusión es tan sencilla como directa: la IA no tiene alma. Y eso es lo que separa el arte genuino del contenido generado por una máquina.

Me gusta mucho esta idea. Y os la voy a traducir a mi propio idioma, que es el de las viñetas: yo conocí a Peter Parker en los cómics mucho antes de verlo en pantalla, y todavía recuerdo la sensación de leer aquel «con un gran poder viene una gran responsabilidad» por primera vez. Ese nudo en el estómago no lo pone la tinta ni el papel: lo pone el ser humano que decidió, en un momento concreto, contarnos algo sobre la culpa y la pérdida. Una máquina puede imitar el trazo. El temblor de detrás no lo replica.

Tom Holland en el photocall de Spider-Man: Brand New Day en Madrid

Aunque también creo que el argumento del «alma» se queda un poco corto si no lo acompañamos de algo más tangible. Porque la industria no espera a que resolvamos debates filosóficos. Sigue avanzando de todas formas.

Y ahí es donde entra el contexto que rodea las palabras de Holland.

Las opiniones en Hollywood siguen muy divididas. Hay creativos que ven la IA como una herramienta más, algo que puede agilizar fases de producción, generar prototipos o reducir costes en determinados procesos. Y hay otros —muchos— que están genuinamente preocupados: por su seguridad laboral, por el control sobre su imagen o su voz, y por quién acaba siendo el dueño de lo que una máquina produce usando su trabajo como base de entrenamiento.

En ese contexto, SAG-AFTRA —el sindicato que agrupa a actores y otros profesionales del espectáculo en Estados Unidos— tomó hace poco una decisión que ha generado bastante ruido: respaldar el marco de política de IA de la administración Trump. Os traduzco lo que esto significa en la práctica: ese marco contempla medidas sobre controles parentales, protecciones de propiedad intelectual, salvaguardas relacionadas con la Primera Enmienda, formación profesional en el sector de la IA y la eliminación de barreras legales que, según ellos, frenan la innovación.

Además, Trump firmó una orden ejecutiva que establece un período voluntario de 30 días durante el cual el gobierno de Estados Unidos puede revisar nuevos modelos de IA antes de que lleguen al público. Dicho en cristiano: no es obligatorio, pero es un primer movimiento regulador.

¿Es suficiente? Probablemente no. Pero sí parece significativo que SAG-AFTRA haya preferido estar dentro de la conversación en lugar de quedarse al margen. Cuando un sindicato que lleva años peleando por los derechos de sus miembros decide alinearse con un marco político, algo está diciendo sobre cómo ve el tablero.

Volviendo a Holland: lo que más me llama la atención de su postura es que no viene del miedo. No está diciendo «la IA lo va a destruir todo». Está diciendo «hay algo en nosotros que ninguna máquina puede copiar». Y eso, viniendo de alguien que lleva años interpretando a un chico que intenta entender qué significa ser humano —hola, Peter Parker—, tiene un peso que va mucho más allá de las palabras.


El debate sobre la IA en el entretenimiento no se va a resolver con una declaración en un programa de televisión, por muy acertada que sea. Tampoco con una orden ejecutiva. Pero sí creo que voces como la de Holland importan, no porque sean infalibles, sino porque ponen el foco en algo que a veces se pierde entre los titulares técnicos: el arte existe porque los seres humanos necesitamos conectar entre nosotros. Y esa conexión no se puede simular, por mucho que mejoren los modelos.

Lo que sí podemos —y debemos— hacer es no conformarnos con el discurso bonito. Si de verdad creemos que la creatividad humana merece ser protegida, hace falta que esa convicción se convierta en acuerdos reales y en una industria que ponga a las personas por delante de la eficiencia. El alma que menciona Tom Holland no es una metáfora vacía. Es el motivo por el que sigo llorando en el «I don’t feel so good» de Infinity War aunque me sé la escena de memoria y sé perfectamente lo que va a pasar. Y eso, os lo garantizo, ningún algoritmo lo va a reemplazar.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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