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El UCM ya suma 37 películas repartidas en seis fases, con Spider-Man: Brand New Day como estreno más reciente.
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Lo que parecía una locura —conectar franquicias con personajes de segunda fila— es hoy el mayor fenómeno del cine comercial contemporáneo.
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Ordenarlas todas de peor a mejor es un ejercicio polémico, pero perfecto para entender cómo ha evolucionado el estudio.
Mi opinión: Hacer este tipo de rankings me provoca, como lectora de los cómics desde antes de que Marvel llegara al cine, una mezcla rara de euforia y ansiedad. Todos tenemos nuestras favoritas, las que defendemos a muerte, y también las que preferimos olvidar con discreción. Aquí no hay respuestas correctas, pero sí muchísimo que analizar.
Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando vi Iron Man por primera vez en el cine. No era la película más ambiciosa del mundo, pero tenía algo que no podías ignorar: energía, personalidad, y un Robert Downey Jr. que parecía haber nacido para ese papel. En ese momento nadie imaginaba que aquello era el primer ladrillo de algo que, quince años después, seguiría levantando paredes.
Hoy el UCM es una bestia de 37 películas. Treinta y siete. Y eso sin contar las series de Disney+, los cortos ni los proyectos en desarrollo. Es tanto material que hasta los fans más dedicados necesitamos de vez en cuando hacer una pausa, respirar y preguntarnos: ¿qué ha funcionado de verdad? ¿Qué se ha ido desinflando por el camino? ¿Y cuáles son esas joyas que merecen más reconocimiento del que reciben? Eso es exactamente lo que vamos a explorar hoy.
Cuando todo parecía imposible
Que el UCM exista hoy tal y como lo conocemos es, objetivamente, un milagro de producción. Cuando Kevin Feige y su equipo empezaron a construir este universo, la idea de conectar distintas franquicias en una sola narrativa compartida parecía una locura de proporciones épicas.
Piénsalo un momento: en 2008, la pregunta no era «¿qué fase del UCM veremos a continuación?» sino algo mucho más básico. ¿Iron Man? ¿Quién quiere ver una película de Iron Man? Tony Stark no era exactamente el superhéroe más popular del imaginario colectivo. Batman y Superman se llevaban todos los titulares. Los X-Men ya habían tenido su momento. Y aquí venía Marvel Studios apostando por un personaje de segunda o tercera fila.
Y ojo, porque en las viñetas Tony Stark tampoco era ninguna estrella infalible. Quien lo hubiera seguido en sagas como Demon in a Bottle sabía que estábamos ante un héroe roto, alcohólico, mucho más humano y contradictorio de lo que Hollywood solía atreverse a mostrar. Que la película recogiera parte de esa complejidad —ese Stark arrogante y vulnerable a la vez— fue lo que me hizo pensar, ya en la butaca, que allí había alguien que se había leído los cómics de verdad.
Y luego estaba el tema del casting. Contratar a Robert Downey Jr. como protagonista fue una apuesta de riesgo considerable. En aquel momento, su carrera todavía cargaba con el peso de sus problemas personales de años anteriores. Hollywood no se había olvidado. Pero Marvel confió en él, y esa decisión cambió la historia del cine de superhéroes para siempre.
De la duda al imperio
Lo que siguió a Iron Man fue una expansión que casi nadie vio venir con tanta claridad. El increíble Hulk, Thor, Capitán América: El primer vengador… cada película añadía una pieza más al puzle. Y entonces llegó Los Vengadores y todo encajó de una forma que casi daba vértigo.
Nick Fury lo resumió mejor que nadie con aquella frase que se ha convertido en casi un mantra del fandom:
«Había una idea de reunir a un grupo de personas extraordinarias para ver si podían llegar a ser algo más. Para ver si podían trabajar juntas cuando lo necesitáramos.»
Es una cita que, sacada de contexto, podría describir perfectamente lo que Marvel Studios hizo con sus directores, guionistas y actores durante más de una década. Reunir piezas que, por separado, ya eran interesantes, y ver si juntas podían ser algo histórico. Y vaya si lo fueron.

El UCM no es perfecto, y lo sabemos
Ahora bien, seamos honestos. No todo en el UCM es brillante. Y creo que una de las cosas que más valoro como fan es poder reconocerlo sin que eso signifique que haya dejado de querer a este universo.
Ha habido fases enteras donde la fórmula se ha repetido hasta el agotamiento. Pienso, por ejemplo, en ese tramo posterior a Endgame en el que costaba entender hacia dónde íbamos: películas como Thor: Love and Thunder o Eternals que, con más presupuesto que nunca, dejaban una extraña sensación de vacío. Y hay entregas que existen básicamente para rellenar huecos de la narrativa, sin aportar demasiado por sí solas.
También hay personajes que merecían mucho más desarrollo del que recibieron. Me duele especialmente lo poco que se aprovechó a Wanda antes de WandaVision, o cómo se despachó a villanos con potencial enorme, tipo el Mandarín «de verdad», que en el papel dan para arcos completos. Mientras tanto, otros nombres acaparaban el protagonismo película tras película.
Y luego está la saturación de contenido, sobre todo con la llegada de las series a Disney+. Mantener el ritmo se ha convertido casi en un trabajo a tiempo completo. No todo el mundo tiene tiempo (ni ganas) de ver varias temporadas para entender lo que pasa en una película. Y eso es un problema real que el estudio debería haber gestionado mejor.
Dicho esto, cuando el UCM acierta, acierta de una forma que pocas franquicias pueden igualar. Las conexiones inesperadas entre tramas, esos momentos de recompensa emocional que llevan años construyéndose, esa sensación de que todo forma parte de algo más grande… eso sigue siendo emocionante. Sigue dando ese subidón que yo no cambio por nada.
37 películas, seis fases y una meta-narrativa sin precedentes
Estamos en la Fase Seis. Seis fases. Cuando era adolescente devorando los cómics de la Casa de las Ideas, jamás habría imaginado ver algo así materializado en pantalla grande con este nivel de producción y alcance.
El UCM ha conseguido algo que ningún estudio había logrado antes: tejer una historia continua a lo largo de decenas de películas, con personajes que envejecen, evolucionan, mueren y, en algunos casos, vuelven. Es una estructura narrativa que se parece más a una colección de novelas que a una franquicia cinematográfica tradicional. Curiosamente, es justo lo que llevaban haciendo los cómics toda la vida: crossovers, eventos que lo cambian todo, muertes que luego se deshacen. El cine solo tardó en atreverse.
Y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es que el UCM puede permitirse momentos de pago emocional que una película independiente nunca podría construir. El inconveniente es que, si pierdes el hilo, la experiencia se fragmenta. No todas las películas funcionan igual de bien como piezas aisladas.
Pero precisamente por eso hacer un ranking de todas ellas es tan interesante. Porque te obliga a evaluar cada película en dos niveles a la vez: ¿qué aporta a la historia global? ¿Y qué vale por sí misma, como obra cinematográfica?
El ejercicio más difícil del fandom
Ordenar 37 películas de peor a mejor es uno de esos ejercicios que parece sencillo pero que, en cuanto te pones, te das cuenta de la cantidad de variables que entran en juego.
¿Priorizas la calidad cinematográfica? ¿El impacto emocional? ¿La importancia dentro del canon? ¿La originalidad? ¿Las ganas de volver a verla una y otra vez sin aburrirte?
Cualquier ranking serio tiene que lidiar con todo eso al mismo tiempo. Y el resultado siempre va a ser polémico. Siempre. Porque el UCM es lo bastante diverso como para que cada fan tenga su propia jerarquía emocional. Tu Infinity War puede ser mi Endgame, y tu película favorita de la Fase Dos puede ser la que yo saltaría sin pensarlo.
Lo viví hace poco con unos amigos: yo defendiendo Los Guardianes de la Galaxia Vol. 3 como uno de los cierres de trilogía más emotivos del estudio, y ellos mirándome como si hubiera dicho una barbaridad. Acabamos casi dos horas discutiendo. Nadie cambió de opinión. Fue maravilloso.
Eso no es un defecto. Es una de las cosas que hace que el UCM siga siendo tema de conversación después de quince años. Sigue generando debate, sigue importando, sigue provocando ese impulso de escribirle a alguien y decirle: «No me puedo creer que tengas esa en el top cinco.»
Y al final, creo que eso es lo que más me gusta de todo esto. No solo las películas en sí, sino lo que generan. La conversación que abren. La comunidad que construyen. Llevo años hablando de Marvel con amigos, conocidos y completos desconocidos en internet, y cada vez que sale un nuevo ranking o una nueva lista, la discusión vuelve a empezar como si fuera la primera vez.
El UCM lleva más de quince años construyendo algo que va mucho más allá del entretenimiento. Ha creado un lenguaje común, un punto de referencia cultural compartido por millones de personas en todo el mundo. Y aunque no todo lo que ha producido merece un aplauso, el conjunto —ese tapiz enorme y complicado de historias entrelazadas— sigue siendo una hazaña narrativa difícil de replicar.
Y aquí tienes el ranking completo, del 37 al 1:
37. El increíble Hulk (2008)

El increíble Hulk llegó apenas un mes después de Iron Man y quedó sepultada bajo su sombra desde el primer día. Edward Norton hizo un Bruce Banner correcto, pero la película nunca supo si quería ser un thriller de fugitivo a lo Los Ángeles de la Justicia o un blockbuster de monstruos gigantes, y al final no fue ninguna de las dos cosas del todo.
Marvel Studios la trata como un error de cálculo: ni recasteó a Norton, ni retomó tramas, ni siquiera la incluye en los recaps oficiales con la misma insistencia que al resto. Es la única película de la Fase Uno que se siente prescindible incluso dentro de su propia continuidad, un capítulo que el propio estudio decidió pasar de puntillas.
36. Thor: Un mundo oscuro (2013)

Malekith es, sin discusión, el villano más plano que ha dado el UCM: Christopher Eccleston, un actor con recorrido de sobra, queda reducido a maquillaje y gruñidos sin una sola línea memorable. La trama del Éter apenas sostiene la película y funciona más como excusa para mover piezas hacia Vengadores que como historia propia de Thor.
Lo único que salva algo de dignidad es Loki, prestado y encantador incluso encerrado en una celda, y un final en Londres que se resuelve con más ruido que ingenio. Es la entrega más gris de toda la saga asgardiana, la que ni los fans de Thor reivindican cuando hablan de sus películas favoritas.
35. Eternals (2021)

Chloé Zhao trajo ambición visual y preguntas filosóficas de verdad al UCM, algo que se nota en cada plano de Eternals: dioses ancestrales cuestionando su propósito, un enfoque casi de ciencia ficción de autor. El problema es que ninguna de esas ideas se traduce en ritmo narrativo, y la película se estira sin necesidad durante dos horas y media.
Con diez protagonistas nuevos que el público no conocía de nada, cada uno necesitaba su presentación, su arco y su momento, y el resultado es una acumulación de subtramas que no terminan de despegar. Es la prueba de que las buenas ideas no bastan si la película olvida que también tiene que entretener.
34. Ant-Man y la Avispa: Quantumania (2023)

Jonathan Majors tenía el carisma amenazante que Kang necesitaba, pero el guion lo desperdicia metiéndolo en una historia de rescate familiar en el Reino Cuántico que nunca se siente a la altura de ‘el villano que va a definir toda una saga’. El diseño de producción es vistoso, casi demasiado, y acaba enterrando al personaje bajo capas de CGI genérico.
La comedia de la franquicia Ant-Man, que siempre fue su mayor virtud, también se resiente: chistes forzados, un tono que no encuentra su sitio entre lo épico y lo ligero. Kang falló primero como personaje escrito antes de fallar como amenaza para el público, y eso condenó la película desde el guion.
33. The Marvels (2023)

Brie Larson, Iman Vellani y Teyonah Parris tienen una química genuina, sobre todo en las escenas donde el intercambio de posiciones se usa para comedia física; Kamala Khan robando cada escena es de lo mejor que ha dado el UCM reciente en carisma puro. El problema no es el elenco, es lo que hicieron con el material.
A 105 minutos, la película se siente montada con tijera: subtramas que aparecen y desaparecen, un villano (Dar-Benn) que necesita más tiempo del que tiene, saltos narrativos que delatan recortes de última hora. Es una película con buenas piezas sueltas que nunca terminan de encajar en un todo coherente.
32. Thor: Love and Thunder (2022)

Christian Bale construye un Gorr genuinamente aterrador en sus escenas más oscuras, con ese blanco y negro de Omnipotence City que demuestra que Waititi todavía sabía filmar terror cósmico cuando quería. Pero cada momento serio se interrumpe con un chiste, una cabra que gruñe o un gag visual, y la tensión nunca llega a cuajar.
El resultado es una película que se ríe de sí misma hasta agotar la paciencia, sacrificando el dolor real de un villano que perdió a su hija y a su fe por otro chascarrillo de Korg. Gorr merecía una película que confiara en su tragedia; en cambio, quedó atrapado en la comedia que ya había devorado a Ragnarok, esta vez sin frenos.
31. Iron Man 2 (2010)

Iron Man 2 tiene todos los síntomas de la película bisagra: introduce a Black Widow, prepara a War Machine, siembra a S.H.I.E.L.D. y deja que Whiplash (un Mickey Rourke desaprovechado) sea poco más que un obstáculo de paso. Se nota en cada escena que el objetivo real es Los Vengadores, no esta historia en concreto.
Robert Downey Jr. sigue siendo magnético y las escenas de Tony al límite, autodestruyéndose con el palladium envenenándolo, tienen momentos genuinos. Pero como película independiente es puro trámite narrativo, la primera señal clara de que el UCM empezaba a priorizar el andamiaje de la saga por encima de la historia individual.
30. Capitán América: Un nuevo mundo (2025)

Anthony Mackie por fin tiene su película como Capitán América y cumple con dignidad, pero la trama de conspiración presidencial con Thaddeus Ross de fondo se queda en la superficie de lo que podría haber sido. Harrison Ford aporta gravedad al cargo, aunque el guion no se atreve a ir a fondo con las implicaciones políticas del personaje.
Ahí está el problema real: el Cap de Steve Rogers siempre fue político, incómodo, dispuesto a cuestionar al propio gobierno de EE.UU.; esta versión juega en terreno seguro, sin mordiente. Es una película correcta y bien hecha técnicamente, pero también de las más fáciles de olvidar en cuanto sales del cine.
29. Ant-Man (2015)

Ant-Man tuvo la sabiduría de no tomarse en serio: es una película de atracos con superpoderes, ligera, con Paul Rudd cargando el encanto sobre los hombros y Michael Peña robando escenas con su narración atropellada. La secuencia final reduciéndose entre juguetes de habitación de niño sigue siendo de lo más divertido de la etapa temprana del UCM.
Pero es exactamente eso: diversión sin más pretensión, la definición de ‘relleno simpático’ entre Vengadores. No hace nada mal, tampoco arriesga nada, y por eso queda condenada a ocupar el hueco de las películas que se disfrutan una vez y luego cuesta recordar cuándo tocan en el maratón.
28. Spider-Man: Lejos de casa (2019)

La película nunca decide qué quiere ser: ¿comedia de instituto europea con Peter intentando declararse a MJ, o secuela directa de Endgame lidiando con la ausencia de Tony Stark? Ese tira y afloja deja tramas a medio cocinar y un tono que cambia de escena a escena sin previo aviso.
Lo que la salva es Jake Gyllenhaal como Mysterio, probablemente el mejor villano del Spider-Man del UCM hasta la fecha: la secuencia de las ilusiones es de lo más creativo visualmente que ha hecho la franquicia, y su falso heroísmo funciona como comentario inteligente sobre la era de la desinformación. Sin él, esta película se hunde bajo su propia indecisión.
27. Vengadores: La era de Ultrón (2015)

James Spader le da a Ultrón una voz genuinamente inquietante, sarcástica, casi divertida en su nihilismo, pero la película le roba tiempo de pantalla para meter a Quicksilver, Bruja Escarlata, Visión, Ojo de Halcón en su granja secreta y una docena de subtramas más. El resultado es un Ultrón que amenaza con acabar el mundo pero apenas tiene espacio para demostrarlo.
Joss Whedon intentaba equilibrar demasiadas piezas del tablero de la Fase Dos y Tres al mismo tiempo, y se nota: hay buenos momentos sueltos (la fiesta levantando el mjolnir, Hulkbuster contra Hulk) pero la columna vertebral de la historia, el villano y su amenaza real, queda diluida entre tanto ruido de fondo.
26. Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022)

Sam Raimi se nota en cada esquina: la secuencia de los ilusionistas, los primeros planos deformados, ese gusto genuino por el terror ochentero que él mismo inventó con Evil Dead. Cuando la película le deja hacer lo suyo, es de lo más visualmente interesante que ha dado el UCM en años.
Pero la trama principal, la Bruja Escarlata cazando universos para recuperar a sus hijos, queda sacrificada por completo en favor de cameos y guiños al multiverso que el público quería ver más que la historia que se estaba contando. Es una película que prioriza el fan-service sobre el desarrollo real de su villana, y esa decisión pesa más de lo que debería.
25. Ant-Man y la Avispa (2018)

Evangeline Lilly finalmente se pone el traje y aporta la energía que a la primera película le faltaba: la Avispa es más ágil, más resolutiva, y su dinámica con Scott Lang funciona mejor en pareja que en solitario. Michelle Pfeiffer como Janet van Dyne añade una capa emocional que la franquicia necesitaba.
Pero como en la primera, aquí tampoco hay ambición más allá de entretener: es una comedia de ciencia ficción bien ejecutada que llena el hueco entre Infinity War y Endgame sin aportar mucho al panorama general. Divertida mientras dura, olvidable en cuanto arranca la siguiente película.
24. Black Widow (2021)

Black Widow llegó cuando Natasha ya estaba muerta en pantalla desde Endgame, y esa es su condena. Una precuela sobre un personaje sin futuro dramático pierde de entrada toda tensión real, por muy bien coreografiadas que estén sus peleas o por muy divertida que sea Florence Pugh como Yelena.
Lo curioso es que como película de espías funciona: la familia disfuncional, el Red Room, Taskmaster como concepto visual son ideas sólidas. Pero llega con años de retraso respecto al momento en que de verdad importaba saber quién era Natasha, y eso condena a la película al terreno del ‘está bien, supongo’.
23. Iron Man 3 (2013)

El giro de Ben Kingsley como falso Mandarín sigue siendo de lo más comentado del UCM, y con razón: para quien conocía al villano de los cómics, la subversión de Shane Black se sintió como una tomadura de pelo. Para el que llegaba sin ese bagaje, es de las mejores sorpresas argumentales de la fase 2.
Más allá de la polémica, la película tiene a un Tony Stark con estrés postraumático real tras los eventos de Los Vengadores, algo que el UCM rara vez se atreve a explorar con tanta honestidad. El extremis y el ejército de armaduras del clímax final son puro espectáculo, pero el corazón de la película está en Tony construyendo un traje con piezas de ferretería en un pueblo de Tennessee.
22. Capitana Marvel (2019)

Carol Danvers necesitaba una presentación sólida antes de Endgame y, en ese sentido, la película cumple: la ambientación de los 90, el vínculo con Nick Fury joven y el giro de los skrulls como refugiados en vez de invasores funcionan bien sobre el papel. El problema es que Carol nunca deja de sentirse contenida, como si el guion tuviera miedo de dejarla ser tan poderosa como el propio personaje exige.
Brie Larson hace lo que puede con un arco emocional que se resuelve casi de golpe en el tercer acto, y la relación con Maria Rambeau apunta a algo más interesante que nunca llega a desarrollarse del todo. Es una introducción funcional, pero se queda a medio camino entre presentar a la mujer más poderosa del universo y realmente mostrarnos por qué debería importarnos.
21. Black Panther: Wakanda Forever (2022)

La muerte de Chadwick Boseman obligó a Ryan Coogler a reescribir toda la película sobre la marcha, y el duelo de Shuri, Ramonda y toda Wakanda se siente genuino porque en gran parte lo es: no hay manipulación barata, hay una productora entera procesando una pérdida real en tiempo real. Esa honestidad emocional es lo mejor que tiene la película, con diferencia.
El problema es todo lo demás: Namor, con Tenoch Huerta dándolo todo, es un concepto visualmente atractivo (Talokan es de lo más bonito que ha hecho el UCM) pero como villano se queda en amenaza genérica con motivaciones que se explican pero no se sienten. Atrapar ese duelo tan sentido dentro de una trama de conflicto entre naciones que nunca despega del todo es la gran frustración de la película.
20. Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos (2021)

La pelea en el autobús de San Francisco y el combate en el andamio de Macao son de lo mejor que ha filmado el UCM en materia de acción práctica: coreografías de artes marciales reales, cuerpos que se mueven con peso y consecuencia, sin el CGI genérico que suele devorar los clímax de Marvel. Simu Liu convence, y Tony Leung como Xu Wenwu da al villano una humanidad rara en esta franquicia.
Y entonces llega el tercer acto y todo se convierte en un dragón dorado gigante contra criaturas de sombra en un pueblo mágico escondido, y la película pierde exactamente lo que la hacía especial. Es el problema crónico de Marvel: cuando la trama humana funciona, siempre acaban metiendo un portal y un monstruo enorme para ‘subir las apuestas’, y aquí se nota más que en casi ningún otro caso.
19. Thor (2011)

Kenneth Branagh venía de dirigir Shakespeare y se le nota en cada plano: la rivalidad entre Thor y Loki tiene el peso de una tragedia familiar real, no de un simple conflicto de superhéroes. Tom Hiddleston construye aquí, casi de la nada, al villano más querido del UCM, y esa dinámica de hermanos rotos es lo que sostiene toda la película.
El contraste entre Asgard, rodado casi como un drama de época con dioses nórdicos, y Nuevo México, donde Thor aterriza como un vikingo confundido en un pueblo de carretera, podría haber sido un desastre tonal y en cambio funciona gracias al tono que Branagh mantiene con firmeza. No es perfecta, pero le dio al personaje una dignidad que fácilmente podría haberse convertido en ridículo.
18. Capitán América: El primer vengador (2011)

Steve Rogers pasando de flacucho de Brooklyn a supersoldado sigue siendo una de las transformaciones más satisfactorias del UCM, y toda la ambientación de la Segunda Guerra Mundial le da a la película una identidad visual que la distingue del resto de orígenes de la fase 1. Hayley Atwell como Peggy Carter aporta más carisma en dos escenas que muchos villanos del UCM en toda una película.
El problema, visto hoy, es el ritmo: la sección de montaje de guerra se siente comprimida y apresurada, como si la película tuviera prisa por llegar al hielo antártico. Sigue siendo nostalgia bien ejecutada y una demostración de que Marvel sabía jugar con géneros distintos desde el principio, pero el desgaste del tiempo se nota más aquí que en Thor o en Iron Man.
17. Los 4 Fantásticos: Primeros pasos (2025)

Después de dos intentos fallidos de Fox, el UCM por fin entendió que esta familia funciona mejor como ciencia ficción optimista de los 60 que como thriller de superhéroes genérico. La estética retro-futurista, con esa Tierra alternativa que parece salida directamente de una portada de Jack Kirby, le da a la película una identidad visual que ninguna otra versión había logrado.
Pedro Pascal y Vanessa Kirby construyen una pareja creíble como el centro emocional del grupo, y Galactus como amenaza cósmica se siente por fin a la escala correcta después de aquella nube de gas ridícula de 2007. Es la reinvención que el personaje necesitaba desde hace dos décadas, y demuestra que a veces la solución no es más oscuridad, sino comprometerse del todo con lo que el material fuente siempre fue.
16. Iron Man (2008)

Nadie en 2008 sabía que estaba viendo el inicio de un universo compartido; solo veían a un Robert Downey Jr. resucitando su carrera con un papel que parecía escrito específicamente para su energía caótica y su verborrea. Ese es el gran acierto original: la película funciona sola, sin depender de nada anterior ni prometer nada posterior, algo que el UCM perdería casi por completo unos años después.
La escena de la cueva, la construcción del primer traje improvisado y el tono de comedia de armas que Jon Favreau mantiene durante toda la cinta han envejecido sorprendentemente bien, mucho mejor que producciones posteriores con el triple de presupuesto. Es la prueba de que Marvel Studios nació sabiendo lo más importante: que el personaje siempre pesa más que el espectáculo.
15. Los Vengadores (2012)

Juntar a Iron Man, Thor, Capitán América, Hulk, Viuda Negra y Ojo de Halcón en una sola película, sin que ninguno se sintiera desaprovechado, era un experimento sin precedentes reales en el cine de superhéroes, y Joss Whedon lo resolvió con un guion que entiende exactamente cómo hacer chocar egos de forma divertida. El plano secuencia final sobre Nueva York sigue siendo el momento donde el género se sintió por fin a escala de cómic.
Lo que hace especial a Los Vengadores no es solo la batalla final, sino cómo la primera hora se dedica casi entera a que estos personajes no se soporten entre sí, algo que hoy Marvel apenas se atreve a hacer por miedo a aburrir. Fue el milagro de convertir cuatro sagas independientes en un género propio, sin que la fórmula se derrumbara por su propio peso, como sí ocurriría más adelante con las fases posteriores.
14. Doctor Strange (2016)

Visualmente, Doctor Strange es de lo más atrevido que ha hecho el UCM: la secuencia de las dimensiones plegándose sobre sí mismas, la ciudad invertida y el truco final del bucle temporal contra Dormammu demuestran que Marvel podía tomar riesgos formales serios cuando quería. Es una experiencia sensorial que se aleja del lenguaje visual habitual del resto de la franquicia.
El problema es que, quitando esos efectos, la historia debajo es la plantilla de origen más reconocible del UCM: hombre arrogante pierde algo importante, encuentra a un maestro, aprende humildad, derrota a un villano con motivaciones vagas. Benedict Cumberbatch le da carisma al arco, pero es imposible no notar que la narrativa es la parte menos original de toda la película.
13. Thor: Ragnarok (2017)

Después de dos películas que tomaban demasiado en serio la mitología asgardiana, Taika Waititi llegó y decidió que lo mejor era reírse de todo eso, y funcionó de una manera que nadie esperaba. Sakaar, con su estética ochentera y su paleta de colores neón, y el combate de gladiadores entre Thor y Hulk son pura diversión sin complejos, algo que el personaje necesitaba desesperadamente tras el tono gris de El Mundo Oscuro.
Lo más impresionante es que, en medio de toda la comedia, la película también tiene el valor de destruir Asgard, matar a Odin y presentar a Hela como una amenaza real, sin que ese contraste se sienta forzado. Waititi entendió algo que los directores anteriores no vieron: Thor funciona mejor como un dios torpe con sentido del humor que como un semidiós solemne, y esa reinvención salvó a la franquicia de repetirse a sí misma.
12. Spider-Man: Homecoming (2017)

Homecoming hizo algo que ni Raimi ni Webb se habían atrevido del todo: dejar que Peter Parker fuera, ante todo, un adolescente torpe con problemas de instituto, no un adulto disfrazado. Ver a Peter preocupándose por el baile de graduación mientras intenta parar a un traficante de armas con alas resume mejor el personaje que media docena de ‘grandes amenazas cósmicas’.
Michael Keaton como Vulture es de los villanos mejor escritos del UCM precisamente porque su motivación —un contratista que pierde el trabajo por culpa de Tony Stark— es dolorosamente terrenal. La escena del coche antes del baile sigue siendo de las mejores construcciones de tensión de toda la saga, y por eso Homecoming aguanta el paso del tiempo mejor que casi cualquier otra película ‘de origen’ del estudio.
11. Thunderbolts* (2025)

Thunderbolts* llega en un momento donde Marvel Studios necesitaba desesperadamente demostrar que todavía sabía arriesgar, y lo hizo metiendo la depresión de Yelena Belova en el centro de una película de superhéroes sin convertirlo en un chiste ni en un discurso vacío. Que el villano final sea literalmente una manifestación del vacío emocional (The Void) y no otro tipo con un bastón cósmico dice mucho de por dónde quería ir el estudio.
Florence Pugh carga la película con una vulnerabilidad que rara vez se le permite a un antihéroe en el UCM, y el grupo de ‘descartados’ (Yelena, Bucky, Ghost, John Walker) funciona precisamente porque ninguno se siente como un héroe de portada. No es perfecta, y algunos tramos de acción se sienten de relleno, pero el riesgo temático la coloca justo por delante de las películas que solo cumplen el expediente.
10. Spider-Man: Brand New Day (2026)

Que la película más reciente del UCM entre directa al top 10 no es casualidad ni efecto de la novedad: Brand New Day es la primera vez que este Peter Parker respira sin la sombra de Tony Stark encima, obligado a reconstruirse como héroe (y como persona) por sí mismo después de que el mundo entero olvide quién es. Cretton, que ya demostró con Shang-Chi que sabe dirigir acción con identidad propia, le da a esta entrega una paleta visual y un ritmo que no se parecen a ningún Spider-Man anterior del MCU.
Ver a Peter finalmente sin red de seguridad, literal y narrativamente, cambia por completo la textura de la película: hay una urgencia y una soledad en este Spider-Man que ni Homecoming ni Far From Home se atrevieron a explorar del todo. Es un Spider-Man por fin adulto en las decisiones que toma, aunque siga siendo joven en edad, y eso basta para colarse entre las diez mejores del UCM en su primer intento.
9. Guardianes de la Galaxia (2014)

En 2014 nadie fuera de los cómics sabía quién era Star-Lord, y Marvel Studios apostó una fortuna a que el público se enamoraría de un mapache parlante armado con una ametralladora. La jugada funcionó porque James Gunn entendió que la clave no era la space opera en sí, sino el humor y el corazón roto detrás de cada personaje.
La escena de Chris Pratt bailando con su walkman al ritmo de ‘Come and Get Your Love’ sigue siendo uno de los arranques más perfectos de todo el UCM, porque en dos minutos te dice exactamente qué tipo de película vas a ver. Fue la prueba de que Marvel Studios podía arriesgar con personajes de segunda fila y salir ganando.
8. Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017)

La secuela dobla la apuesta emocional de la primera sin perder el humor: aquí la space opera se convierte en una historia sobre paternidad, abandono y qué significa realmente ser familia. Ego, interpretado por Kurt Russell, es de los villanos con la motivación más humana (y más triste) del UCM: no quiere destruir el universo por maldad, quiere ser amado y comprendido.
La muerte de Yondu hacia el final, con ese funeral vikingo entre fuegos artificiales, es de los momentos que más lágrimas ha sacado el UCM sin necesidad de matar a un Avenger. Vol. 2 demuestra que Gunn podía subir el nivel emocional de su franquicia sin traicionar el tono gamberro que la hizo funcionar en primer lugar.
7. Spider-Man: No Way Home (2021)

No Way Home llegó en el momento exacto en que el multiverso todavía era una promesa fresca y no la muleta narrativa en que se convertiría después. Ver a Tobey Maguire, Andrew Garfield y Tom Holland compartiendo pantalla como tres versiones de la misma tragedia personal sigue funcionando incluso en el rewatch número diez.
El regreso de villanos como el Doctor Octopus de Alfred Molina o el Duende Verde de Willem Dafoe no es fan service vacío: cada uno tiene arco propio dentro de la trama de redención que arma Peter. Es el multiverso bien hecho, con reglas claras y consecuencias reales, justo antes de que el concepto se desgastara en el resto de la Fase Cuatro y Cinco.
6. Black Panther (2018)

Wakanda cambió la conversación sobre quién puede protagonizar una superproducción de cientos de millones de dólares, y lo hizo sin sacrificar ni un gramo de ambición visual o política. Ryan Coogler construyó un mundo afrofuturista con su propia lengua, su propia estética y su propio peso cultural.
Killmonger, interpretado por Michael B. Jordan, sigue siendo de los villanos con el argumento más sólido de toda la franquicia: su rabia por el colonialismo y el abandono no está mal escrita ni edulcorada, y eso obliga a T’Challa —y al espectador— a cuestionarse el aislacionismo de Wakanda.
5. Capitán América: El soldado de invierno (2014)

Los hermanos Russo llegaron al UCM sin experiencia previa en blockbusters y entregaron, sin proponérselo del todo, la película que le dio credibilidad adulta al género: un thriller político con ecos de Los tres días del Cóndor, con Nick Fury acribillado en su propio coche y una S.H.I.E.L.D. corrompida desde dentro.
Que HYDRA hubiera estado infiltrada en la organización desde la Segunda Guerra Mundial no es solo un giro de guion, es una declaración sobre la paranoia post-vigilancia masiva que definió buena parte de la cultura pop de esa década. La pelea del ascensor sigue siendo de las secuencias mejor coreografiadas de todo el UCM.
4. Capitán América: Civil War (2016)

Civil War es, en la práctica, una película de los Vengadores disfrazada de tercera entrega de Cap, con casi una docena de héroes repartiéndose el metraje. Y aun así, los Russo logran lo más difícil: que tanto Tony Stark como Steve Rogers tengan razón, que ambos bandos defiendan una postura moralmente defendible.
La secuencia del aeropuerto, con Spider-Man debutando en pantalla y Ant-Man convirtiéndose en gigante en mitad de la pelea, sigue siendo de lo mejor coreografiado de todo el UCM: es divertida, es espectacular, y nunca deja de tener consecuencias emocionales reales.
3. Vengadores: Infinity War (2018)

Después de una década de villanos genéricos con planes intercambiables, Thanos llegó siendo, por fin, una amenaza a la altura del elenco que enfrentaba. Josh Brolin construyó un personaje con una lógica interna coherente y aterradora, alguien que cree genuinamente estar salvando el universo, no destruyéndolo.
Que Thanos gane de verdad al final, con ese chasquido que borra a la mitad del universo sin ningún truco de última hora, sigue siendo la decisión más audaz que ha tomado Marvel Studios en toda su historia. Ningún otro estudio de este tamaño se hubiera atrevido a terminar su película más cara del año con una derrota total para sus héroes.
2. Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (2023)

James Gunn se despidió del UCM con el cierre de trilogía más emotivo que ha hecho el estudio, dándole a Rocket Raccoon un origen que explica por fin por qué es el personaje más herido de todo el grupo. La secuencia del laboratorio de High Evolutionary, con los animales experimentados encerrados en jaulas, es de lo más duro que ha filmado Marvel jamás.
Que una película de superhéroes de gran presupuesto se atreva a mostrar experimentación animal con esa crudeza, sin suavizarlo para vender más juguetes, dice mucho de la libertad que Gunn se ganó a pulso en esta franquicia. El final, con cada Guardián despidiéndose para seguir su propio camino, cierra el círculo emocional que empezó una década antes.
1. Vengadores: Endgame (2019)

Endgame no es solo la película más taquillera de la historia del cine, es la prueba de que un experimento narrativo de once años y veintidós películas podía cerrar en tres horas sin sentirse artificial. El regreso de cada héroe caído a través de los portales, con el ‘Avengers, assemble’ final, sigue poniendo la piel de gallina en cualquier visionado.
El chasquido final de Tony Stark, ‘Soy Iron Man’, cierra el arco del personaje que empezó toda la saga en 2008 con una economía narrativa que pocas franquicias logran en una sola película. Es el final perfecto para una era del cine de superhéroes que probablemente nunca se repita con esta escala de coordinación.
Ahí tienes las 37, de peor a mejor, con todo el veneno y el cariño que me merece cada una. ¿Coincides con el top 10 o me vas a escribir para decirme que estoy loca? Como siempre, esa discusión es la mitad de la diversión.