- Las primeras reacciones a Spider-Man: Brand New Day son abrumadoramente positivas y coinciden en un tono más maduro y una historia que por fin se aleja del multiverso.
- Tom Holland firma la que muchos críticos consideran su mejor interpretación como Peter Parker, y además se ha implicado en el desarrollo creativo del proyecto.
- La película llega el 31 de julio con la responsabilidad de recuperar el impulso del MCU tras una racha de resultados desiguales en taquilla.
- Opinión de Clara: Que por fin abandonen el multiverso y vuelvan a las raíces del personaje es exactamente lo que llevaba pidiendo desde Far From Home. Stan Lee siempre decía que Peter Parker funcionaba porque era el héroe más humano de todos, y parece que alguien en Marvel ha vuelto a leer los cómics.
Hay películas que llegan con la presión de salvar algo más que una franquicia. Spider-Man: Brand New Day no solo tiene que estar a la altura de No Way Home —que recaudó 1.900 millones de dólares y se convirtió en un evento generacional del cine de superhéroes— sino que además necesita demostrar que el MCU todavía tiene cosas interesantes que contar. Eso es mucho peso para una sola película.
Y sin embargo, las primeras reacciones apuntan a algo que no esperábamos del todo: puede que Marvel haya hecho los deberes de verdad. No con efectos especiales imposibles ni con cuarenta cameos de otros universos, sino con algo mucho más difícil de conseguir: una historia sobre personas.
Las proyecciones de prensa de Spider-Man: Brand New Day ya han terminado, y los críticos han salido con ganas de hablar. Eso, en sí mismo, ya es una señal.
Erik Davis, de Fandango, la describió como «más profunda, más reflexiva y más madura», y apuntó que las secuencias de acción dirigidas por Destin Daniel Cretton se sitúan entre las mejores de toda la era Holland. Lo que más llama la atención de su reseña es que define la película como una mezcla de thriller psicológico, historia de detectives y comedia de dúo. Esa combinación no es fácil de equilibrar, y que funcione dice mucho del director.
El crítico Peter Howell fue quizás el más directo: señaló que Holland por fin captura «el sarcasmo, la angustia y los problemas amorosos de Spidey/Peter Parker tal y como Stan Lee concibió el personaje por primera vez». Leer eso me puso la piel de gallina, porque es exactamente la crítica que muchos fans de los cómics llevábamos años haciendo. El Peter Parker de Lee era torpe, inseguro, gracioso y profundamente humano. No un chico prodigio rodeado de tecnología stark, sino alguien que la lía y lo intenta igual.
Wendy Lee Szany y Brandon Pope también se sumaron a las alabanzas, destacando la acción de primer nivel, los momentos emocionales y un homenaje genuino a las películas de Sam Raimi que, según dicen, no resulta forzado sino que sale del corazón. Y mira, cualquier cosa que rinda tributo a la trilogía Raimi me gana automáticamente. Esas películas definieron una generación entera.
Aquí me toca ponerme un poco escéptica, porque el «homenaje que sale del corazón» es también una de las trampas más fáciles del cine de superhéroes actual. Marvel ha aprendido que la nostalgia vende, y a veces la usa como parche para tapar historias que no se sostienen solas. Confío en que Cretton haya sabido diferenciar entre el guiño que emociona y el fan service que solo busca el aplauso fácil. Pero, hasta que no la vea con mis propios ojos, me guardo el entusiasmo total.
Un punto de partida difícil
La película arranca cuatro años después de los eventos de No Way Home. Peter Parker sigue luchando contra el crimen en Nueva York, pero esta vez completamente solo. MJ (Zendaya) y Ned (Jacob Batalon) no recuerdan quién es, gracias al hechizo de memoria que lanzó el Doctor Strange al final de la anterior. Es un punto de partida emocionalmente brutal, y de hecho recuerda a algunos arcos de los cómics donde Peter tiene que reconstruirse desde cero.
Y aquí conviene detenerse en el propio título, porque no es casual. Brand New Day es también el nombre de una etapa muy concreta y muy polémica de los cómics, la que arrancó en 2008 tras el famoso (o infame, según a quién preguntes) One More Day. En aquel arco, Peter hacía un pacto con Mefisto —sí, básicamente el diablo del universo Marvel— para salvar la vida de la tía May, y el precio era borrar su matrimonio con Mary Jane de la existencia. De un plumazo, Peter volvía a estar soltero, solo y reiniciado emocionalmente. Los lectores nos llevamos las manos a la cabeza durante años.
Que la película tome prestado ese título justo cuando MJ ha olvidado quién es Peter no me parece una coincidencia. Es un guiño precioso para quienes conocemos el material de origen: la idea de un Spider-Man al que le arrancan sus vínculos para obligarlo a empezar de nuevo. Ese aislamiento, esa soledad radical, siempre ha sido uno de los motores más potentes del personaje. Spidey funciona mejor cuando está contra las cuerdas. Y parece que esta película lo entiende.

La amenaza principal llega en forma de una nueva villana interpretada por Sadie Sink, descrita como una «telépata maligna». No sabemos mucho más, y probablemente mejor así. Lo que sí sabemos es que el reparto de apoyo incluye a Mark Ruffalo como Hulk y a Jon Bernthal retomando su papel como el Castigador. La dinámica entre Spider-Man y el Punisher promete ser uno de los grandes atractivos de la película: dos filosofías completamente opuestas sobre la justicia chocando en pantalla. Uno cree en las segundas oportunidades; el otro directamente no cree en ellas. Ver a esos dos compartiendo escena tiene un potencial enorme.
Tom Holland, más implicado que nunca
Una de las cosas más interesantes que han salido a la luz es el papel que Holland tuvo en el desarrollo del proyecto. En sus películas anteriores era básicamente el actor que llegaba al set y rodaba. Esta vez fue diferente.
Holland se pasó tiempo investigando activamente qué querían los fans de una película de Spider-Man. Buscó en foros, leyó comentarios, procesó expectativas y llevó todo ese material a las reuniones con los ejecutivos del estudio y los guionistas. En sus propias palabras: «He estado rastreando activamente internet tratando de entender qué es lo que los fans quieren de una película de Spider-Man, y eso ha sido mi fuerza motriz en estas reuniones.»
Eso no es algo que todos los actores harían. Y no es solo marketing: el hecho de que haya participado en el diseño del traje y en las decisiones creativas sugiere que hay una inversión personal real en este proyecto. Se nota cuando un actor quiere demostrar algo.
Dicho esto, «escuchar a los fans» también es un arma de doble filo. El fandom no es una entidad con una sola voz, y complacer a todo el mundo suele ser la receta para no contentar a nadie. Prefiero pensar que Holland ha usado ese ruido como brújula y no como GPS, porque las mejores decisiones creativas casi nunca salen de una encuesta.
El contexto importa
No podemos ignorar que esta película llega en un momento delicado para el MCU. Tras el arco de No Way Home —que fue un fenómeno de proporciones casi inesperadas— Marvel ha tenido una racha de resultados mixtos. Algunas apuestas han fallado en taquilla, otras han generado debates sobre la fatiga de los superhéroes, y el fandom está más fragmentado que nunca.
Y no seré yo quien niegue esa fatiga: la he sentido en mis propias carnes. Ha habido estrenos, en cine y en Disney+, a los que llegué por inercia más que por ganas, y eso a alguien que empezó con Iron Man en 2008 le duele reconocerlo. Por eso me importa tanto que Brand New Day funcione. No solo por Spider-Man, sino por lo que representaría: la prueba de que Marvel todavía sabe contar historias pequeñas dentro de un universo gigantesco.
Brand New Day tiene que funcionar en varios frentes a la vez: como película independiente para quien no haya seguido cada detalle del MCU, como continuación emocional para quienes sí lo han hecho, y como antesala de Avengers: Doomsday, que llegará en diciembre.
Es mucho pedir. Pero las primeras reacciones sugieren que Cretton y Holland pueden haberlo conseguido.
Lo que me parece más esperanzador de todo lo que se ha dicho no es la acción ni los efectos visuales. Es esa idea de volver a las raíces. De recordar que Peter Parker no es interesante porque tenga el mejor traje o el aliado más poderoso, sino porque es el héroe que sigue levantándose aunque todo juegue en su contra. Eso es lo que nos enseñó Stan Lee. Eso es lo que hace que el personaje lleve décadas siendo tan querido.
Lo pienso y me acuerdo de la primera vez que vi Spider-Man 2, la del tren, la de Alfred Molina como Doc Ock. Salí del cine convencida de que había visto algo que iba más allá de los superhéroes: una historia sobre renunciar a lo que quieres para hacer lo correcto. Yo ya conocía a Peter por los cómics, pero fue esa película la que me hizo entender por qué el personaje conectaba con tanta gente que jamás había abierto un tebeo. Si Brand New Day consigue rozar aunque sea un poco esa sensación, me daré por satisfecha.
Porque si realmente ha logrado capturar eso, no es solo una buena película de superhéroes. Es una buena película, a secas.
El 31 de julio sabremos si las primeras reacciones estaban en lo cierto o si el hype nos ha vuelto a traicionar a todos. Porque sí, también he aprendido a no fiarme ciegamente del entusiasmo inicial —más de una vez me han decepcionado películas que parecían perfectas sobre el papel—. Pero algo en esta me genera una sensación diferente. Quizás sea la vuelta a los cómics. Quizás sea ver que alguien ha prestado atención de verdad.
Sea como sea, ya tengo la entrada comprada. Y esta vez voy con ganas, no con obligación. Que es, al final, como debería sentirse ir a ver a Spider-Man.

