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El director Travis Knight aspiraba a que Wildwood, la nueva fantasía de Laika, alcanzara la escala épica de La Comunidad del Anillo y sus secuelas.
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Para lograrlo, el estudio combinó decorados a tamaño real, maquetas, marionetas físicas, marionetas digitales y efectos visuales en su batalla final.
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Knight reconoce en una entrevista con /Film que la trilogía de Peter Jackson le parece una de las mayores hazañas de la historia del cine.
Pocas películas de animación se han atrevido a mirarse en el espejo de Tolkien con tanta seriedad. Travis Knight lo hace sin disimulo, y lo reconoce en una entrevista con /Film.
Tolkien ocupa un lugar muy destacado en la imaginación de Knight, que lleva años leyendo sus historias. Y la trilogía que Peter Jackson llevó al cine le parece, sin rodeos, una de las hazañas más asombrosas de la historia del cinematógrafo.
Fue tan evidente la influencia que, al proponer el proyecto a Chris Butler, su socio creativo y la primera persona con la que trabajó en la película, Knight lo resumió con una idea tan sencilla como ambiciosa: quería hacer un Señor de los Anillos en stop-motion.
Una batalla que no parezca una maqueta
El gran desafío estaba en el clímax. Knight quería que el final de Wildwood no se encogiera ante nada, y que se sintiera como una épica de acción real y no como una escena rodada sobre una mesa llena de miniaturas.

La solución fue mezclar técnicas. La secuencia combina decorados a tamaño natural, maquetas, marionetas físicas, marionetas digitales y un trabajo extenso de efectos visuales. Son lenguajes artísticos distintos que deben convivir sin que el público perciba las costuras, y ahí está la verdadera dificultad del planteamiento.
La herencia de Kubo
Laika ya había demostrado con Kubo y las dos cuerdas lo que podía lograr con el stop-motion. Wildwood, sin embargo, da un paso más, con un mundo de fantasía más vasto y secuencias de acción de gran envergadura.
La historia sigue a una joven que se adentra en una naturaleza mágica para rescatar a su hermano pequeño, secuestrado. Por el camino la espera un bestiario extraño, encuentros peligrosos y facciones enfrentadas.
Una épica hecha a mano
Lo que más valoro del planteamiento de Knight es que no pretende que Wildwood parezca otra película de animación más. Quiere que el público sienta la amplitud y la intensidad de una epopeya de imagen real, sin renunciar a la artesanía que distingue el trabajo de Laika.
Si el estudio consigue trasladar siquiera una fracción de la magia y el espectáculo de la trilogía de Jackson al lenguaje del stop-motion, estaremos ante una propuesta que merece toda nuestra atención. Como siempre en este tipo de empresas, el oficio será el que decida.




