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Snyder rodará Escape From New York ambientada en 1997 pero vista desde 1981

Zack Snyder dirigirá el remake de Escape From New York manteniendo la ambientación en 1997, pero imaginada desde la estética y la cultura de 1981. La película busca preservar el ADN del original de Carpenter: acción distópica, sátira política y un antihéroe irrepetible.

  • Zack Snyder dirigirá el remake de Escape From New York manteniendo la ambientación en 1997, pero imaginada desde la perspectiva estética y cultural de 1981.

  • La película buscará preservar el ADN del original de John Carpenter: acción distópica, sátira sobre el poder y un toque de camp que la hace difícilmente clasificable.

  • La gran pregunta sin resolver es quién heredará el papel de Snake Plissken, el personaje que Kurt Russell convirtió en leyenda.

Opinión del autor: La decisión de no actualizar el relato, sino de regresar mentalmente a 1981 para reimaginar 1997, es en sí misma un acto de coherencia creativa poco habitual en Hollywood. No es nostalgia; es arqueología del futuro.

Dato que merece atención: La fecha central del conflicto en la película es el 9 de julio de 1981, exactamente el día en que se estrenó el film original de Carpenter. Un guiño que no es solo homenaje, sino declaración de intenciones.


Hay algo profundamente curioso en lo que ocurre cuando el futuro que imaginamos se convierte en pasado. La ciencia ficción siempre ha funcionado así: no como predicción, sino como espejo de los miedos y deseos del momento en que fue concebida. Blade Runner no nos habló de 2019; nos habló de 1982. 1984 no era una profecía; era un diagnóstico de su tiempo proyectado hacia adelante.

Recuerdo que hace poco pausé Arrival varias veces solo para apuntar frases en una libreta, porque había algo en su forma de mirar el tiempo que me obligaba a detenerme. Con Escape From New York me pasa algo parecido, aunque el envoltorio no pueda ser más distinto.

Cuando pienso en esa Nueva York convertida en prisión de máxima seguridad, en ese presidente capturado por criminales, en ese antihéroe cínico llamado Snake Plissken, me pregunto qué decía de 1981 y qué puede decirnos hoy. La noticia de que Zack Snyder ha encontrado una respuesta a esa pregunta, y que esa respuesta es tan peculiar como interesante, merece que nos detengamos a pensarla con calma.

El problema de adaptar un futuro que ya ocurrió

Hacer un remake de Escape From New York plantea un reto casi filosófico antes de ser cinematográfico.

El film original de John Carpenter, estrenado en 1981, transcurría en un 1997 distópico. Un futuro cercano que hoy tiene casi treinta años de antigüedad. ¿Cómo actualizas una historia cuyo «futuro» ya es historia?

No es un problema exclusivo de esta película. Le ocurre a Blade Runner, cuyo 2019 ya quedó atrás. Le ocurre a 2001: Una odisea del espacio, cuyo año inscrito en el título es ya un recuerdo. Le ocurre incluso a la Metrópolis de Fritz Lang, que imaginó un porvenir que envejeció de una forma extrañamente hermosa. El «futuro» del cine no es un lugar; es una fecha con caducidad emocional.

La respuesta más habitual sería trasladar la acción al presente. Modernizarla. Darle un baño de actualidad, tecnología contemporánea y referencias culturales de hoy. Es lo que Hollywood suele hacer, y no siempre por falta de talento: es simplemente el camino que menos preguntas plantea. El problema es que ese camino tiende a borrar justo lo que hacía singular al original.

Snyder ha elegido otra dirección.

Imaginar 1997 desde 1981, otra vez

En una entrevista reciente, Zack Snyder explicó su enfoque con una frase que, por su sencillez, resulta casi disruptiva: «No lo modernizas. Vuelves a 1981 e imaginas 1997 de nuevo».

Zack Snyder junto a un fotograma de Escape from New York, la película que dirigirá en su nueva versión

La película mantendrá la ambientación en 1997, pero será ese 1997 visto desde los ojos, los miedos y la estética de 1981. Una visión retrofuturista que no pretende actualizar nada, sino profundizar en la lógica cultural que dio origen al original.

Incluso la fecha central del conflicto ha sido fijada con una precisión que parece calculada: el 9 de julio de 1981, día exacto del estreno de la película de Carpenter. Es un gesto que va más allá del homenaje; es una declaración de que este remake existe en diálogo con su fuente, no en competencia con ella.

Lo que hace grande al original

Para entender por qué este enfoque importa, conviene recordar qué era Escape From New York en realidad.

Manhattan convertido en una prisión de máxima seguridad, sellada al mundo exterior. Air Force One estrellado en la isla tras un secuestro terrorista. El presidente de los Estados Unidos capturado por el Duque de Nueva York, el líder que controla a la población criminal. Y en medio de todo eso, Snake Plissken: un héroe de guerra convertido en criminal, enviado por el gobierno a rescatar al presidente con explosivos implantados en el cuerpo como garantía de que cumplirá la misión.

Es una premisa que mezcla la acción de serie B con una sátira corrosiva sobre el poder institucional, el militarismo y la deshumanización del Estado. Carpenter lo envolvió todo en una estética de kitsch y camp que le da a la película una personalidad difícil de replicar sin traicionarla.

Y aquí está lo interesante: muchos de aquellos miedos de 1981 —la desconfianza hacia las instituciones, la sensación de vivir en ciudades al borde del colapso, la fascinación por el vigilado y el vigilante— no han desaparecido en 2024. Han cambiado de forma, se han digitalizado, pero siguen latiendo. Quizás por eso reimaginar 1997 desde 1981 no sea un ejercicio de museo, sino una forma indirecta de hablar de nosotros.

Snyder parece haber entendido esto, algo que también quedó claro en su forma de defender sus propias visiones creativas frente a los estudios. Su apuesta no pasa tanto por la espectacularidad moderna como por preservar ese espíritu incómodo y ambiguo que hacía de Snake Plissken un protagonista tan poco heroico como fascinante.

La gran incógnita

Con todo esto sobre la mesa, la pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿quién interpretará a Snake Plissken?

Kurt Russell construyó un personaje que, como Han Solo o Rick Deckard, parece indisoluble de quien lo encarnó. La mirada torva, el parche en el ojo, ese cinismo que nunca termina de ocultar una moral propia. No es un papel fácil de heredar, y cualquier elección dirá mucho sobre qué tipo de película quiere ser esta.

Snyder aún no ha dado nombres, y quizás sea lo más sensato. Antes de imaginar quién puede habitar este mundo, conviene entender qué mundo se quiere construir.


Lo que más me llama la atención de este proyecto no es el remake en sí —Hollywood lleva décadas reciclando clásicos con resultados dispares— sino la conciencia con la que Snyder parece aproximarse al material. Hay algo honesto en reconocer que no puedes ni debes competir con el original en sus propios términos.

La idea de imaginar el futuro desde el pasado es, en el fondo, lo que hace la buena ciencia ficción todo el tiempo. Si Snyder logra traducir esa idea en imágenes, Escape From New York podría ser algo más que un remake. Podría ser una reflexión sobre cómo construimos el mañana con las angustias del ayer. Y eso, independientemente del género, siempre merece la pena verse.

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