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Sandra Bullock ha confirmado que habrá una tercera entrega de Practical Magic siempre y cuando la secuela recién estrenada rinda bien en taquilla.
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Casi treinta años después del original, Nicole Kidman y Bullock regresan, mientras que Joey King y Maisie Williams heredan los papeles de la nueva generación de brujas Owens.
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La saga tiene combustible literario de sobra: los libros de Alice Hoffman ofrecen historia suficiente para precuelas y continuaciones futuras.
💬 Opinión de Álex: Lo que más me interesa no es si habrá una tercera parte, sino lo que ese «pasar el testigo» revela sobre cómo Hollywood administra el legado. Es una conversación que va mucho más allá de la brujería.
Hay algo profundamente humano en la idea de que una historia no termina contigo. Que lo que construiste, lo que amaste, lo que protegiste, puede seguir viviendo en otras manos. Es un tema que aparece en la épica clásica, en la ciencia ficción más ambiciosa, y sí, también en una película sobre brujas y pociones de amor.
Practical Magic nunca fue la película más ruidosa del mundo. Pero se quedó. Y esas cosas que se quedan sin pedir permiso suelen decir algo que no habíamos terminado de escuchar.
Casi treinta años después
El tiempo es caprichoso con las franquicias. A veces vuelven demasiado pronto, antes de que la nostalgia haya madurado del todo. Otras, como en este caso, el espacio entre películas es tan largo que ya no se trata de continuidad narrativa, sino de algo más parecido a un reencuentro.
Practical Magic 2 llega a los cines con Sandra Bullock como Sally Owens y Nicole Kidman como Gillian. Las mismas hermanas, otra era. Dirigida por Susanne Bier, la película adapta The Book of Magic, la novela que Alice Hoffman publicó en 2021 como continuación de su obra original de 1995.
Y lo que hace la película —o al menos lo que pretende hacer— es exactamente lo que sugiere el título: pasar algo de una generación a otra.
El relevo generacional como eje narrativo
Joey King y Maisie Williams encarnan a Kylie y Antonia, las hijas de Sally. Dos nombres nuevos para una historia que ya conocemos, aunque solo en sus contornos más amplios.
Este tipo de estructura me resulta genuinamente interesante. No porque sea nueva —no lo es—, sino porque cuando funciona, dice algo sobre la naturaleza de las tradiciones: que no se heredan intactas, sino transformadas. Cada generación recibe una versión del pasado que no es exactamente la que existió.
En la ciencia ficción hemos visto esto muchas veces. Pienso en cómo Blade Runner 2049 no solo continuaba una historia, sino que cuestionaba qué significaba el legado de su protagonista original. La pregunta no era «¿qué pasó después?», sino «¿qué queda de lo que fue?».
Como ya analizamos en nuestra crítica de Practical Magic 2, la película tiene una relación compleja con su propio pasado.
Recuerdo que con Arrival llegué a pausar la película para apuntar frases en una libreta, porque había algo en esa idea del tiempo y la herencia que no quería perder. Y aunque Practical Magic juega en otra liga, la mecánica emocional es la misma: lo que transmitimos importa tanto como lo que vivimos.
Practical Magic, desde luego, no aspira a esa densidad filosófica. Pero la pregunta subyacente es idéntica.
Lo que Bullock ha dicho —y lo que no ha dicho
En una reciente entrevista con Vanity Fair, Sandra Bullock fue directa: «Haremos una tercera parte si esta despega. Y le pasaremos el testigo a las chicas.»
Una frase corta que contiene muchas cosas.
La primera es obvia: todo depende de la taquilla. Así funciona Hollywood, y no tiene sentido fingir lo contrario. La segunda es más interesante: Bullock no habla de retirarse de la historia, sino de ceder su lugar en ella. Hay una diferencia.
Ceder el protagonismo a la siguiente generación no es desaparecer. Es reconocer que la historia es más grande que cualquiera de sus personajes. Eso, bien ejecutado, es uno de los gestos narrativos más elegantes que puede hacer una franquicia.
El material existe, la pregunta es qué hacer con él
Lo que no todo el mundo sabe —y que vale la pena mencionar— es que Alice Hoffman ha construido un universo literario bastante más amplio de lo que la pantalla ha mostrado hasta ahora.
The Rules of Magic (2017) y Magic Lessons (2020) son precuelas que exploran los orígenes de la familia Owens. Historia que todavía no se ha llevado al cine. Material que, si una tercera entrega centrada en las hijas despega, podría abrir puertas hacia el pasado en lugar de mirar solo hacia el futuro.
Es un universo expandido que existe en silencio, esperando que alguien decida qué hacer con él. Y ahí reside una tentación peligrosa: la de exprimirlo por inercia comercial en vez de por necesidad narrativa. Tener material no es lo mismo que tener algo que contar.
Franquicias, legado y la trampa de la nostalgia
Me pregunto, a veces, si las secuelas que llegan décadas después son realmente para los espectadores originales o para los nuevos. Sospecho que intentan ser las dos cosas a la vez, y ahí está el reto.
La nostalgia es un arma de doble filo. Puede generar una conexión emocional genuina o convertirse en una muleta que impide que la nueva historia respire por sí misma.
Y hay algo más, algo que dice mucho de nosotros como público. Cuando una industria entera decide que el futuro pasa por revisitar el pasado, está haciendo un diagnóstico cultural: preferimos lo conocido a lo incierto. Es una conversación que va más allá de las brujas Owens. Es sobre cómo una sociedad decide qué historias merece la pena seguir contando.
Si Practical Magic 2 consigue que las nuevas generaciones sientan algo propio —no solo un eco del original—, entonces el terreno para una tercera parte estará bien sembrado. No por mérito de la taquilla, sino porque la historia habrá demostrado que todavía tiene algo que decir.
El tiempo dirá si este regreso fue necesario o simplemente nostálgico. Pero la intención, al menos, parece apuntar en la dirección correcta: no repetir, sino transformar.
Y eso, en cualquier género y en cualquier época, sigue siendo lo más difícil de conseguir.