Nolan convirtió a Odiseo en el monstruo del que todos huían sin que nadie lo viera venir

Los Pueblos del Mar que aterrorizan a Ítaca durante toda la película resultan ser Odiseo y sus hombres regresando del océano. Nolan convierte al héroe en el monstruo de su propia historia, y eso es lo más nolaniano que ha hecho nunca.

✍🏻 Por Alex Reyna

julio 22, 2026
  • Los «Pueblos del Mar», la amenaza que aterroriza a los habitantes de Ítaca durante toda la película, resultan ser el propio Odiseo y sus hombres regresando del océano tras años de ausencia.

  • Opinión: Me parece el giro más nolaniano imaginable: convertir al héroe en su propio monstruo, hacer que el miedo colectivo tenga el rostro de quien debería salvarte. Es de esas revelaciones que te dejan dándole vueltas durante días.

  • La película insinúa que el largo exilio marino de Odiseo no fue solo castigo divino, sino también una huida nacida del remordimiento por haber ideado el Caballo de Troya, un acto que, según Nolan, transgredió la ley de Zeus.


Hay algo que Nolan hace mejor que casi cualquier otro director contemporáneo: coger una historia que crees conocer y hacerte sentir que no sabes absolutamente nada. Lo logró con Batman Begins, reencuadrando al superhéroe como figura trágica y política. Lo hizo con Oppenheimer, transformando la biografía de un científico en un juicio sobre la responsabilidad moral del conocimiento. Y ahora lo intenta con algo aún más ambicioso: The Odyssey, uno de los textos fundacionales de la civilización occidental.

Adaptar a Homero en 2025 podía haberse quedado en un ejercicio académico, o en un despliegue visual impecable pero hueco por dentro. En cambio, Nolan parece haber encontrado en la Odisea exactamente el tipo de pregunta que le obsesiona desde el principio de su carrera: ¿qué ocurre cuando el héroe es también el origen del mal que intenta remediar?

El mito que ya conocías tiene un giro

Matt Damon interpreta a Odiseo, el rey de Ítaca que lleva años perdido en el mar mientras en su hogar todo se desmorona. Hasta ahí, el relato de siempre.

Pero Nolan introduce una tensión que el poema de Homero no articula de la misma forma. En Ítaca, la gente habla con miedo de los «Pueblos del Mar». Figuras amenazantes que llegan desde las aguas. Una leyenda que se susurra como advertencia.

La pregunta que la película deja flotando es cuándo comprendemos a qué se refieren exactamente con ese nombre.

La revelación que lo cambia todo

Al final de The Odyssey, Odiseo descubre —o quizás reconoce, porque puede que una parte de él lo supiera desde hace tiempo— que esos «Pueblos del Mar» que tanto terror infunden son él mismo y sus hombres.

La expedición que regresa no es percibida como salvación. Es percibida como amenaza.

Hay algo profundamente contemporáneo en esta idea. Pensemos en cualquier historia de regreso colectivo: los que vuelven de la guerra, del exilio, del trauma, y son recibidos no como héroes sino como algo desconocido, como algo que asusta. Nolan parece estar hablando de eso. De cómo el tiempo y la distancia convierten a una persona en leyenda, y de cómo las leyendas generan miedo antes que reconocimiento.

Me recordó, inevitablemente, a Paul Atreides en Dune: el que llega para liberar termina siendo la figura que aterroriza al universo entero. Es el mismo mecanismo. El salvador y el monstruo comparten cuerpo, y a veces solo cambia el punto de vista de quien los observa.

La culpa como arquitectura existencial

Pero la película va más lejos, y aquí es donde el sello de Nolan resulta más reconocible.

Odiseo no pasó todos esos años en el mar únicamente porque los dioses lo dispusieran. Al menos en parte, su deambular fue una elección. Una huida. Una manera de cargar con algo que no sabía cómo dejar atrás.

Ese algo es el Caballo de Troya.

La estratagema de esconder soldados dentro de una estructura de madera para tomar Troya por sorpresa fue, según la lectura de Nolan, una transgresión de la ley de Zeus. Una astucia que violó algo más profundo que las reglas de la guerra: violó un orden moral. Y Odiseo lo sabe. Lo sabe tan bien que prefiere perderse en el océano antes que enfrentarse a lo que esa decisión pudo desencadenar.

Nolan ya exploró este territorio en Oppenheimer: el hombre de inteligencia excepcional que crea algo devastador y pasa el resto de su vida cargando con ello. Y también en Interstellar, donde cada decisión de Cooper arrastraba un peso emocional que el tiempo no hacía sino amplificar. La culpa, aquí, no es una emoción pasajera. Es arquitectura existencial: da forma a cada elección que el protagonista toma después.

Lo que Nolan está diciendo realmente

Lo más interesante de esta adaptación no es el espectáculo —que seguramente lo hay— sino la pregunta que late bajo toda la historia.

¿Puede un héroe ser simultáneamente el origen del mal que intenta remediar?

Odiseo usa el ingenio para ganar la guerra. Pero ese mismo ingenio viola un pacto sagrado y, quizás, acelera el fin de una civilización entera. El hombre que salva a los griegos es también el que siembra el horror. El que regresa a casa es también el monstruo del que todos huyen.

Y aquí me mojo: creo que Nolan lo consigue. No porque la idea sea nueva —el cine lleva décadas jugando con el héroe ambiguo—, sino porque logra que la revelación funcione a la vez como giro narrativo y como pregunta moral. No te la sirve resuelta. Te la deja encima de la mesa. Yo soy de los que pausan Arrival para apuntar una frase, y con esta película tuve esa misma sensación: la de querer detener la sala para pensar un momento.

Esa ambigüedad es el corazón del film. Y es también lo que conecta a Homero con Nolan de forma tan natural: ambos están interesados en héroes que no son puros, en victorias que tienen un precio que nadie quiere pagar en voz alta.


Que Nolan haya elegido The Odyssey justo después de Oppenheimer no me parece casual. Hay una línea temática clara entre ambas: la del genio que desborda los límites de lo permisible y debe vivir con las consecuencias. Solo que esta vez el escenario es mítico, la escala es civilizacional, y el océano funciona como metáfora de un exilio que el protagonista, en el fondo, se ha autoimpuesto.

The Odyssey no es solo una adaptación de Homero. Es Nolan en estado puro: cine que usa el espectáculo como envoltorio y las ideas como verdadero motor. Y si algo me da esperanza sobre el estado del cine de gran formato, es que películas como esta existan, se estrenen en salas y obliguen al espectador a seguir pensando mucho después de que se enciendan las luces.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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