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Vin Diesel se ha emocionado hasta las lágrimas leyendo el guion de Fast Forever, que ha calificado como el mejor en décadas y ha celebrado públicamente en redes sociales.
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El texto lleva la firma de Michael Lesslie, guionista con un bagaje literario notable —adaptaciones de Macbeth y Hamlet— cuya presencia en esta saga resulta tan inesperada como intrigante.
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La undécima entrega llegará a los cines el 17 de marzo de 2028 y promete conectar con la película original de 2001, cuyo 25 aniversario se celebra con un reestreno el 21 de agosto.
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Opinión: Que un actor llore leyendo su propio guion es marketing o ilusión, nunca crítica; pero la firma de un dramaturgo shakespeariano al pie de la página es el primer motivo real que esta franquicia me ha dado para prestar atención.
Hay frases que, según de qué boca salgan, generan más recelo que ilusión. «Es el mejor guion que he leído en décadas» suena espléndido en un comunicado de prensa, pero pierde peso cuando quien lo pronuncia es, a la vez, el productor y el protagonista de la película. Llevo suficientes años tomándome el cine en serio como para distinguir el entusiasmo genuino de la maquinaria promocional bien engrasada.
Y, sin embargo, hay algo en este caso concreto que invita a detenerse. No es la reputación de Vin Diesel como crítico lo que despierta mi curiosidad, sino el nombre que figura al pie del guion que tantas lágrimas le ha arrancado: Michael Lesslie. Un nombre que, para quien conoce su trayectoria, resulta genuinamente inesperado en este contexto.
Diesel compartió su entusiasmo a través de Instagram —canal que, lo confieso, no suelo frecuentar para informarme de novedades cinematográficas; sigo siendo de los que empezaron a escribir sobre cine en foros de cinéfilos a finales de los noventa, cuando el debate se cocía a fuego lento— junto al tráiler del reestreno de la primera The Fast and the Furious. Esa película regresa a las salas el 21 de agosto para conmemorar el 25 aniversario de la saga.
Aquella primera entrega, estrenada en 2001 con Diesel, el desaparecido Paul Walker, Michelle Rodriguez y Jordana Brewster, no fue —que yo recuerde— una obra especialmente notable desde el punto de vista cinematográfico. Pero inauguró una franquicia que ha sabido reinventarse durante un cuarto de siglo con una determinación envidiable.
Diesel ha insinuado, además, que Fast Forever conectará narrativamente con aquella primera película. Y aquí conviene detenerse un instante: volver a los orígenes no es un mero gesto nostálgico. Significa, en el mejor de los casos, recuperar la escala humana de una historia sobre lealtades de barrio antes de que los coches empezaran a saltar entre rascacielos y a desafiar toda ley física conocida. Sobre el papel, esa apuesta siempre suena más sensata que seguir escalando indefinidamente los niveles de espectáculo.

La décima entrega, Fast X, dejó la puerta abierta a los regresos de Gal Gadot y Dwayne Johnson mediante escenas poscrédito. El negocio, está claro, funciona con una precisión mecánica asombrosa, y las cifras de taquilla lo confirman película tras película. Pero las cifras nunca me han conmovido; lo que importa es lo que ocurre dentro del plano.
Fast Forever estará dirigida por Louis Leterrier, responsable de El transportador y El increíble Hulk. No es, precisamente, un nombre que evoque a Bergman ni a Kurosawa. Pero sí a un artesano que conoce el lenguaje de la acción, que sabe dónde plantar la cámara y cómo dosificar el ritmo de una secuencia sin marear al espectador —una virtud menos común de lo que debería en el cine de gran presupuesto actual.
Lo que verdaderamente cambia la ecuación, sin embargo, es el nombre del guionista. Michael Lesslie no es un escritor cualquiera dentro del circuito de las grandes producciones. Su currículo incluye la adaptación del Macbeth de Justin Kurzel, aquella versión con Michael Fassbender y Marion Cotillard cuya batalla final, envuelta en una bruma de un rojo casi infernal, quedó grabada en la retina de cualquiera que la viese: un plano que convertía la carnicería en pura pintura en movimiento, con un respeto genuino por el texto shakespeariano. También firma una versión de Hamlet protagonizada por Riz Ahmed. No son créditos que uno esperaría ver asociados a una saga de coches y física cuestionable.
Lesslie llegó al proyecto tras reescribir un guion previo firmado por Aaron Rabin y Zach Dean. Tiene además en su haber Los Juegos del Hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes y trabaja actualmente en Sunrise on the Reaping, prevista para noviembre de este año.
Que alguien con esa formación literaria haya aceptado el encargo —y que, aparentemente, haya entregado un texto capaz de emocionar hasta las lágrimas a quien lo lee— es, como mínimo, una señal que merece atención.
He aprendido, con los años, a no fiarme demasiado de los elogios que los propios implicados en una película lanzan antes de que nadie la haya visto. El cine tiene una historia larga y generosa en promesas incumplidas. Pero también he aprendido que el talento aparece, de vez en cuando, donde menos se le espera. Billy Wilder lo demostró en géneros que otros despreciaban, convirtiendo la comedia ligera en alta relojería narrativa. Quizás Lesslie pueda aportar algo de sustancia real a una franquicia que hasta ahora ha preferido la emoción bruta a la inteligencia narrativa.
Fast Forever llegará a los cines el 17 de marzo de 2028. Hay tiempo de sobra para moderar el entusiasmo y dejar que la realidad confirme o desmienta las expectativas. Hasta entonces, el reestreno del 21 de agosto ofrece la ocasión de revisar de dónde viene todo esto antes de ver adónde va. Puede que Diesel tenga razón. O puede que, una vez más, el ruido sea mayor que la música. El cine, como siempre, tendrá la última palabra.

