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World War Z 2 llega después de una pandemia real. Eso lo cambia todo

Brad Pitt vuelve como Gerry Lane en World War Z 2 con Edward Berger al frente. Después de vivir una pandemia global, una historia sobre el colapso de los sistemas tiene mucho más peso del que tenía en 2013. La pregunta es si Paramount va a aprovechar esa ventana.

  • Brad Pitt vuelve como Gerry Lane en World War Z 2, con Edward Berger al frente y Paramount convirtiendo por fin el proyecto en una prioridad real.
  • después de vivir una pandemia global, una historia sobre el colapso de los sistemas tiene mucho más que decir hoy que en 2013, y sería una lástima que se conformara con ser un simple blockbuster.
  • La secuela arrastra más de una década de limbo —incluido un intento fallido de David Fincher—, con guion de Dennis Kelly y producción de Plan B, respaldada por Skydance como ya ocurrió con la primera entrega.

Hay preguntas que una película lanza al aire y que el tiempo acaba respondiendo sin que nadie lo pidiera. World War Z llegó en 2013 con la imagen de un mundo desmoronándose ante una amenaza biológica que los gobiernos no podían contener. Siete años después, todos vivimos algo que no era tan diferente.

Sin muertos caminando por las calles, claro, pero sí con esa misma sensación de incertidumbre colectiva, fronteras cerradas de golpe y sistemas que creíamos irrompibles quebrándose como cristal bajo presión. Es difícil separar esa película de lo que vino después.

Ahora, más de una década más tarde, la secuela que muchos daban por muerta parece tener pulso de verdad. Brad Pitt vuelve. Hay un director con criterio real al frente. Y Paramount ha decidido que esto es una prioridad.

La pregunta que merece hacerse no es solo si la película se hará, sino qué tendrá que decir sobre el mundo que tenemos ahora. Ese es el tipo de pregunta que me interesa.

Una primera película nacida del caos

World War Z fue, antes que nada, un milagro logístico. Estaba basada en la novela de Max Brooks, un libro que funciona como archivo oral de testimonios de supervivientes, mucho más reflexivo y fragmentado de lo que cualquier blockbuster de verano podría capturar.

Y ahí está lo interesante. El libro de Brooks no cuenta una historia, cuenta muchas: voces sueltas, geografías distintas, maneras de derrumbarse que dependen de dónde estés y de quién seas. Esa estructura coral decía algo sobre nosotros que la película, centrada en un único héroe recorriendo el planeta, apenas rozó.

Es la eterna tensión entre la idea grande y el espectáculo que la envuelve. Me pasa a menudo con la ciencia ficción: hay libros que piensan en plural y adaptaciones que se ven obligadas a pensar en singular, porque una cámara necesita un rostro al que seguir.

La producción sufrió reescrituras profundas y un tercer acto desechado casi por completo y rehecho desde cero. Y aun así, funcionó. Más de 540 millones de dólares en taquilla convirtieron aquel caos en el mayor éxito de la carrera de Pitt hasta ese momento.

Era un espectáculo de acción con pretensiones, y eso, a veces, es suficiente para crear algo que perdure.

Una secuela atrapada en el limbo

Lo que vino después es una de esas historias de Hollywood que fascinan por lo absurdo. Durante años, World War Z 2 existió más como rumor persistente que como proyecto real. Se barajaron guionistas, se habló de presupuestos imposibles.

Brad Pitt y el director Edward Berger preparan la secuela de World War Z

En algún momento, David Fincher —el director de Seven, Zodiac o La red social— estuvo a punto de unirse. La idea de Fincher rodando una secuela de zombis con Brad Pitt es casi demasiado buena para ser verdad. Y efectivamente, no lo fue: los recortes presupuestarios acabaron con esa versión antes de que pudiera existir siquiera en papel.

El proyecto entró y salió del limbo repetidamente. Hasta que el año pasado Josh Greenstein y Dana Goldberg tomaron las riendas como copresidentes de Paramount y situaron World War Z 2 en la lista de prioridades reales del estudio.

Lo anunciaron en CinemaCon, en Las Vegas. Una declaración de intenciones que esta vez parece tener el respaldo económico y creativo necesario.

Edward Berger y la posibilidad de algo mejor

El nombre que cambia el tono de toda la conversación es el de Edward Berger. Su trabajo en Sin novedad en el frente —una película de guerra que no glorifica absolutamente nada, que retrata el horror con una frialdad casi documental— demostró que sabe manejar historias sobre el colapso humano sin caer en el espectáculo vacío. Eso importa.

Berger y Pitt se conocieron durante el rodaje de The Riders, producción de A24 y Scott Free. La conexión fue tan buena que Pitt empezó a hablarle de World War Z 2 durante el propio rodaje, y Berger ya estaba comprometido con el proyecto cuando terminaron de filmar. Ese detalle dice algo sobre el tipo de película que quieren hacer juntos.

Dennis Kelly firma el guion. Plan B Entertainment —la productora de Pitt junto a Dede Gardner y Jeremy Kleiner— produce, con Berger como productor ejecutivo. Los detalles de la trama siguen siendo secreto absoluto. Nadie sabe aún qué le espera a Gerry Lane.

Lo que esta historia puede decir hoy

Si World War Z en 2013 ya planteaba preguntas incómodas sobre la capacidad de los sistemas globales para responder a lo incontrolable, en 2025 esa conversación tiene otra textura. Hemos vivido una pandemia real. Hemos visto cómo los gobiernos reaccionan —o no reaccionan— ante amenazas que desbordan sus marcos de comprensión.

Esa experiencia colectiva no se puede ignorar. Soy de los que pausan una película para apuntar una frase, y las que se me quedan grabadas nunca son las de las grandes explosiones, sino las que dicen algo verdadero sobre el miedo, la fragilidad o la manera en que nos comportamos cuando ya nada funciona.

Una secuela bien escrita no puede pasar de largo ante todo eso. Podría ser, en manos de Berger y con el tono adecuado, una de esas películas que dicen algo verdadero sobre quiénes somos cuando el mundo se rompe. O podría ser simplemente otro blockbuster con buenas escenas de acción.

La diferencia entre ambas posibilidades suele tomarse en los primeros borradores del guion, mucho antes de que nadie encienda una cámara.

Eso es exactamente lo que hace que esta noticia sea más que un simple titular de entretenimiento. No es solo que la secuela avance por fin, es que podría avanzar hacia algún sitio que valga la pena recorrer.

Y quizá esa sea la pregunta de fondo: cuando por fin nos atrevemos a mirar de frente aquello que ya hemos sobrevivido, ¿queremos que la ficción nos entretenga, o que nos explique? Después de una década de espera, y habiendo vivido lo que hemos vivido, sería una auténtica lástima conformarse con menos.

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