Cine

Austin Abrams no elige entre Whalefall y Resident Evil

Dos rodajes físicos casi seguidos, uno dentro de un cachalote y otro rodeado de zombis. Abrams se certificó como buceador y nadó junto a cachalotes en el Caribe, pero cuando le preguntan cuál le costó más, cambia de tema.

Austin Abrams sigue sin admitir cuál fue más dura de rodar: «Whalefall» o «Resident Evil»
  • Austin Abrams protagoniza «Whalefall», un drama de supervivencia en el que su personaje acaba atrapado en el estómago de un cachalote tras intentar recuperar el cuerpo de su padre.

  • Justo antes había rodado «Resident Evil», y el propio Abrams se niega a decir cuál de las dos experiencias fue más exigente físicamente.

  • Para prepararse, se certificó como buceador, nadó junto a cachalotes en el Caribe y aumentó de peso a propósito para su otro papel.

Hay actores que cuentan cada golpe, cada moratón y cada kilo como si fuera una medalla. Austin Abrams no es uno de ellos. Cuando le preguntan qué película le hizo sufrir más, sonríe, se encoge de hombros y cambia de tema con la elegancia de quien sabe que el sufrimiento es parte del trabajo.

Pero después de ver «Whalefall», es difícil no pensar que el estómago de una ballena es un lugar bastante más incómodo que un pasillo lleno de zombis.

Una película sobre un padre que no se puede despedir

«Whalefall» es el segundo proyecto de género que Abrams estrena en pocas semanas. Dirigida y escrita por Brian Duffield, cuenta la historia de Jay, un estudiante universitario que vuelve a la costa central de California un año después de que su padre, Mitt, interpretado por Josh Brolin, se quitara la vida en el mar al enterarse de que tenía un mesotelioma terminal.

Jay quiere encontrar los restos de su padre en el fondo del océano, cerca de Monastery Beach. Es una forma de cerrar heridas con una familia marcada por una educación muy estricta relacionada con el mar. Pero el plan se tuerce enseguida cuando un cachalote que persigue a un calamar se lo traga entero.

Y, como en «Resident Evil», el reloj corre. El protagonista tiene una hora para salir antes de que se le acabe el oxígeno.

El debate que Abrams no quiere ganar

Cuando la entrevista le pregunta si admitirá que «Whalefall» fue más dura, Abrams responde con una risa y un «tú lo has dicho, no yo». Duffield, en cambio, no tiene dudas: asegura que su película gana el premio a la paliza, porque en «Resident Evil» Abrams podía mover brazos y piernas con libertad.

Abrams lo resume con diplomacia: cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En «Resident Evil» sufrió un salto en ascensor que le abrió la cabeza y casi le aplasta una bolsa de sangre de unos 68 kilos. Aun así, prefiere no competir por el título del más castigado.

Austin Abrams en el estreno de Whalefall

Preparar el cuerpo para el miedo

Para «Whalefall», Abrams obtuvo las certificaciones necesarias de buceo y visitó un santuario de cachalotes en una isla caribeña. No había garantías de ver ningún animal, pero los cachalotes salieron a su encuentro, algo que no habían hecho en los nueve días anteriores.

Lo describe así: fue hermoso, fue tranquilo y fue lo contrario de lo que uno imagina. Se nota enseguida lo suaves y cariñosos que son. Esa sensación, dice, lo marcó profundamente.

También se paseó por su barrio con el equipo de buceo puesto para acostumbrarse al peso. Sus vecinos no llamaron a nadie, pero en los estudios Radford, en Studio City, sí avisaron a seguridad por verlo deambular por el plató con aspecto tan deteriorado como exigía el personaje.

Engordar con criterio, o sin avisar

Antes de «Resident Evil», en Praga, Abrams tuvo poco tiempo para prepararse. Decidió ganar peso para interpretar a Bryan, un mensajero médico que debía parecer incapaz de sobrevivir a un brote zombi. No avisó a los productores, convencido de que pedir permiso habría supuesto un no rotundo. El director, Zach Cregger, acabó encantado con la decisión.

Abrams lo explica con sencillez: quería que Bryan diera la sensación de que no iba a salir de aquella. Y añade que hay ideas que sientes que hay que hacer, sin más.

El caso recuerda a Ryan Gosling en «The Lovely Bones», de Peter Jackson. Gosling llegó al rodaje con sesenta libras de más, y Jackson, desconcertado, acabó sustituyéndolo por Mark Wahlberg. Abrams, sin buscarlo, siguió un camino parecido, aunque con mejor suerte.

Una carta que nadie debe leer

Quizá el momento más revelador de la entrevista llega cuando se habla de la carta que Mitt deja a Jay. En un primer montaje se veía parcialmente, pero el estudio pidió eliminar cualquier atisbo de su contenido.

Abrams no revela qué dice, y considera que mantener ese misterio es valioso. Cada espectador proyectará en ella lo que le habría gustado escuchar de un padre o de una madre. Y en esa falta de respuesta hay algo muy humano.

Esa es, en el fondo, la clave de «Whalefall». Más allá del monstruo, el estómago y el oxígeno contado, la película habla de lo que no llegamos a decir a quienes queremos. Y de cómo a veces el silencio dice más que cualquier frase escrita.

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