24 Jump Street vuelve una década después — y la película ya se ríe de eso

Channing Tatum, Jonah Hill y los mismos productores de siempre. 24 Jump Street llega con diez años de retraso y la suficiente autoconsciencia como para convertir eso en un chiste. La pregunta es si el chiste aguanta dos horas.

✍🏻 Por Tomas Velarde

junio 13, 2026
  • 24 Jump Street ya está en marcha con Channing Tatum y Jonah Hill de regreso, Rodney Rothman en la dirección y al guion junto a Hill y Meghan Malloy, y Phil Lord y Chris Miller de nuevo como productores.

  • Opinión: Hay algo desconcertantemente honesto en una franquicia capaz de reírse de sus propios retrasos; la duda es si esa autoconsciencia bastará una década después.

  • La producción salta del 22 al 24 convirtiendo la espera en una broma impresa en la portada del guion, en la misma estirpe televisiva ochentera que catapultó a un jovencísimo Johnny Depp al estrellato.


Hay pocas cosas que generen en mí más escepticismo que el anuncio de una nueva entrega de una franquicia que lleva años aparcada en el limbo de los proyectos prometidos. El Hollywood contemporáneo lleva décadas demostrando que la nostalgia puede venderse de manera indefinida, y que el público, con frecuencia, acepta esa transacción sin demasiadas preguntas. Cuando me llegó la noticia de que 24 Jump Street estaba por fin en marcha, mi primera reacción fue la de siempre: un levantamiento de cejas moderado, la misma expresión que imagino que ponía Billy Wilder cuando alguien le sugería hacer una segunda parte de Con faldas y a lo loco.

Y sin embargo, algo me frena antes de desdeñar completamente el asunto. Las dos primeras entregas de esta franquicia tuvieron el mérito, nada menor, de ser plenamente conscientes de lo que eran. No pretendían ser gran cine. Se reían de sí mismas, del género, de las adaptaciones televisivas y, sobre todo, del absurdo de dos hombres adultos fingiendo ser adolescentes. Esa honestidad descarada, en un panorama de superproducciones que se toman demasiado en serio su propia trascendencia, tiene su propio valor. Modesto, sí, pero valor al fin.


La noticia ya es oficial: 24 Jump Street está en marcha. Y el primer detalle llamativo es que no existirá ninguna 23 Jump Street. La producción ha optado por saltarse un número de manera deliberada, y la razón figura literalmente en la portada del guion: «tardamos tanto en hacerla que tuvimos que saltarnos una». En cualquier otro contexto, esto sonaría a descuido. Aquí, dentro del espíritu de una saga que siempre ha convertido sus propias incoherencias en combustible cómico, encaja con una coherencia casi perfecta.

Channing Tatum y Jonah Hill regresan como los agentes Jenko y Schmidt, dos policías encubiertos cuyo mayor obstáculo no ha sido nunca la delincuencia, sino su incapacidad para aparentar ser jóvenes. Ese chiste central, que ya tenía su gracia en 2012, adquiere ahora una dimensión nueva: ambos actores llegan a esta tercera entrega con casi una década más encima, lo cual convierte el gag en algo casi existencial.

La dirección recae en Rodney Rothman, quien ya fue guionista de 22 Jump Street y que ha coescrito el nuevo guion junto a Hill y Meghan Malloy. Los directores de las entregas anteriores, Phil Lord y Chris Miller, permanecen en el proyecto como productores. Su presencia es, en mi opinión, la mejor señal de todas: son artesanos que entienden la comedia con una precisión que escasea en la industria actual.

Ice Cube, que interpreta al capitán Dickson —el jefe irascible cuya dinámica con los protagonistas generó algunos de los mejores momentos de las películas anteriores—, está en conversaciones para regresar. Sería un error prescindir de él. Basta recordar aquella escena en 22 Jump Street en la que Dickson, hecho una furia, descubre que Schmidt sale con su hija: ese estallido, montado a base de planos cada vez más cerrados sobre un rostro al borde de la combustión, es comedia de relojería pura. Prescindir de ese registro sería amputarle a la saga uno de sus mejores instrumentos.


Conviene detenerse un momento para situar históricamente esta saga. La serie televisiva 21 Jump Street se emitió entre 1987 y 1991. Era una producción policiaca dirigida a un público juvenil que narraba las peripecias de agentes infiltrados en institutos. Lo que la historia del cine y la televisión recuerda hoy de aquella serie es, sobre todo, que fue el trampolín de un entonces desconocido Johnny Depp. Décadas después, la adaptación cinematográfica tomó ese material y lo subvirtió por completo, construyendo una parodia de sí misma con una inteligencia que no siempre se le reconoce.

El desarrollo de esta tercera parte ha sido largo y tortuoso. Los trabajos comenzaron prácticamente en cuanto 22 Jump Street abandonó los cines en 2014. En ese camino, llegó a plantearse una idea que, debo reconocer, me habría resultado fascinante en términos de delirio creativo puro: una fusión entre la franquicia de Jump Street y la saga de Hombres de Negro. Absurda, sí, pero con una lógica interna propia de la comedia más desinhibida. Ese proyecto finalmente no prosperó, aunque se especula con que podría ser referenciado de algún modo en esta nueva entrega.


Sería imprudente juzgar una película que aún no existe. Pero sí puedo señalar las condiciones que determinarán si 24 Jump Street tiene razón de ser o si es simplemente otra secuela tardía que llega cuando nadie la necesitaba. Las mejores comedias de la historia —desde Chaplin hasta el propio Wilder— supieron siempre que la grandeza no se mide en presupuesto sino en precisión, en el timing exacto de un chiste y en la honestidad de no pretender ser lo que no se es.

El reto real de esta película será demostrar que aún hay algo genuino que decir, algo que parodiar con inteligencia en el mundo de 2025. Pensemos en cómo Hitchcock era capaz de sostener una secuencia entera con un simple gesto, o en la frialdad geométrica con que Kubrick encuadraba un plano para que el espectador sintiese lo que ni siquiera se nombraba: el genio, sea en el thriller o en la comedia, reside siempre en el control absoluto del lenguaje. Si los guionistas han sabido aprovechar la distancia temporal y convertirla en material nuevo —y no en simple nostalgia reciclada con más dinero—, quizás esta saga tenga aún una última bala en la recámara. Si no, será una más en la larga lista de regresos innecesarios que el cine contemporáneo colecciona con una fidelidad casi religiosa. El oficio, como siempre, acabará diciendo la última palabra.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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