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La franquicia de El Señor de los Anillos abandona su fórmula épica tradicional para apostar por historias más íntimas y centradas en personajes concretos.
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La Caza del Gollum, dirigida por Andy Serkis y prevista para el 17 de diciembre de 2027, explorará la misión de Aragorn de encontrar a Gollum en un periodo conocido por los fans pero nunca llevado a la gran pantalla.
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Shadow of the Past, coescrita por el presentador Stephen Colbert, seguirá a Sam, Merry y Pippin tras los eventos de la trilogía original, consolidando esta nueva dirección narrativa.
💬 Mi opinión: Desde un punto de vista estratégico, el giro tiene toda la lógica del mundo. Las franquicias que repiten su fórmula hasta el agotamiento acaban pagándolo en taquilla —que se lo pregunten a El Hobbit, cuya tercera entrega recaudó un 20% menos que la primera—. Apostar por lo íntimo puede ser exactamente lo que la Tierra Media necesita para seguir siendo relevante.
📌 También relevante: La trilogía original promedió unos 1.000 millones por película, mientras que El Hobbit mostró síntomas de fatiga pese a mantener cifras enormes. Cualquier decisión creativa sobre esta saga es, por tanto, un movimiento con implicaciones millonarias.
Había una época en la que ir al cine a ver El Señor de los Anillos significaba prepararse mentalmente para tres horas largas de montañas nevadas, ejércitos imposibles y un viaje que cruzaba continentes enteros. Peter Jackson nos acostumbró a lo épico en mayúsculas, y los números le dieron la razón.
Y aquí es donde a mí, como obseso de las cifras que cuentan historias, se me iluminan los ojos. La trilogía original (2001-2003) recaudó unos 2.900 millones de dólares, con un ascenso constante que culminó en los 1.140 millones de El Retorno del Rey. El Hobbit (2012-2014) sumó otros 2.900 millones aproximadamente, pero con una señal preocupante: su recaudación fue de más a menos, de los 1.017 millones de la primera parte a los 962 de la última. Entre ambas trilogías, más de 5.800 millones. Una fórmula prácticamente irrompible… hasta que el propio mercado empieza a avisar de que se está agotando.
Porque la industria cambia, los gustos evolucionan y las franquicias tienen que adaptarse o morir lentamente. La Tierra Media está a punto de dar un giro que pocos esperaban: dejar atrás las epopeyas colosales para explorar historias más pequeñas, más íntimas y, quizás por eso mismo, más poderosas. ¿Acierto estratégico o riesgo que los fans no perdonarán? Vamos a analizarlo.
La receta de Jackson era tan clara como efectiva. Tanto en la trilogía original como en El Hobbit, el patrón se repetía sin excepción: héroes que emprenden viajes épicos a través de vastos territorios con el destino del mundo en juego. Incluso La Guerra de los Rohirrim, el largometraje animado más reciente de la saga, mantuvo ese enfoque en batallas de gran escala… aunque su tímido paso por taquilla, muy lejos de los números de antaño, es otra pista de que el modelo pide relevo.
Esta fórmula conectaba directamente con la esencia de Tolkien, que construyó un mundo tan elaborado que necesitaba recorrerse entero para apreciarse. Y el público respondió con entusiasmo durante décadas.
Pero ahora llega el cambio.

La Caza del Gollum (The Hunt for Gollum), dirigida por Andy Serkis —el actor que le dio vida al propio Gollum— y prevista para el 17 de diciembre de 2027, promete romper con todo lo anterior. La película se sitúa entre la partida de Bilbo de la Comarca y el viaje a Moria, y sigue a Aragorn en su misión de encontrar a Gollum. Un periodo que los fans conocen bien en términos generales, pero que nunca había sido llevado a la pantalla grande.
Aquí es donde el planteamiento se vuelve interesante desde un punto de vista narrativo y comercial. Al tratarse de una historia cuyo desenlace ya conocemos, las apuestas narrativas parecen menores. No hay una amenaza de destrucción universal que mantener en vilo al espectador. Lo que hay, en cambio, es la oportunidad de profundizar en dos personajes fascinantes: Aragorn antes de ser Rey, y Gollum antes de perder definitivamente su humanidad.
¿Será suficiente para llenar butacas? La franquicia tiene un capital de conexión emocional con el público que pocas sagas pueden presumir. Gollum, para ser un personaje completamente generado por ordenador, es uno de los más queridos —y perturbadores— del cine contemporáneo. Ese vínculo no se construye de la nada: es fruto de años de trabajo narrativo milimétrico.
En paralelo, aparece Shadow of the Past, coescrita por Stephen Colbert —sí, el presentador televisivo que resulta ser un tolkienista de primera categoría, cosa que no deja de sorprenderme cada vez que lo recuerdo—. La película se centra en Sam, Merry y Pippin después de la trilogía original, e introduce a la hija de Sam como personaje central. Más pruebas de que el nuevo horizonte apunta decididamente hacia lo personal.
Y aquí es donde saco mi cuaderno de análisis de mercado. La jugada no es nueva: es, básicamente, el manual de Disney con Marvel. Series como WandaVision o Loki funcionaron precisamente por acercarse al personaje cuando no estaba salvando el mundo. Pero el mismo mercado enseña la otra cara: cuando la diferenciación se convierte en saturación, la taquilla castiga sin piedad —The Marvels se estampó por debajo de los 210 millones, mínimo histórico del estudio—. La lección para la Tierra Media es clara: lo íntimo vende, pero solo si viene acompañado de sustancia.
El propio Amazon lo sabe. Los Anillos de Poder, con un coste estimado de más de 460 millones solo en su primera temporada, demostró que el nombre de Tolkien todavía arrastra a millones de espectadores, aunque con una recepción tibia que dejó claro que la nostalgia no basta por sí sola.
El éxito de La Caza del Gollum marcará, casi con toda seguridad, el futuro inmediato de la saga. Si el público acepta una historia de El Señor de los Anillos sin batallas épicas ni catapultas, la puerta quedará abierta a décadas de exploraciones más íntimas en la Tierra Media. Si no funciona, veremos un regreso apresurado a los orcos y los ejércitos. Así funciona Hollywood: los datos mandan, siempre.
Personalmente, me parece un riesgo calculado y bien pensado. Los números de los últimos años demuestran que el público tiene hambre de personajes bien construidos, no de secuelas fotocopiadas. La pregunta no es si la Tierra Media puede contar historias pequeñas. La pregunta es si los fans están listos para recibirlas… y si sus carteras responderán en la fila del cine.

