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Robert Eggers adaptará Romeo y Julieta de Shakespeare tras el estreno de Werwulf, con una recreación histórica minuciosa de Verona y un enfoque lingüístico radical.
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Focus Features se hizo con los derechos tras una guerra de pujas contra A24, Sony y Warner Bros., con un presupuesto en los altos setenta millones de dólares.
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La versión promete ser la antítesis del Romeo + Julieta de Baz Luhrmann de 1996: nada de puentes hacia el presente, sino inmersión total en el pasado.
Hay directores que hacen películas. Y hay directores que construyen mundos. Robert Eggers pertenece a esa segunda categoría, esa especie rara que no puede contar una historia sin entender primero el olor de la madera con la que se levantaban las casas de la época, o cómo sonaba exactamente el idioma que hablaban sus personajes.
Es el tipo de obsesión que, cuando se aplica bien, no se parece a ninguna otra cosa. Y ahora tiene un nuevo objetivo: Romeo y Julieta.
La noticia llegó como suelen llegar las cosas que merecen la pena: inesperadamente, con más preguntas que respuestas. Porque si hay una historia que casi todo el mundo cree conocer, es esta. Y si hay alguien capaz de demostrarnos que no la conocemos en absoluto, es Eggers.
Una carrera construida sobre la incomodidad histórica
Para entender por qué esta noticia importa, hay que recordar qué ha hecho Eggers hasta ahora.
The Witch nos devolvió al puritanismo americano del siglo XVII con una ferocidad documental más perturbadora que cualquier horror moderno. El Hombre del Norte fue un poema épico vikingo que olía a barro y a sangre. Nosferatu recuperó el mito del vampiro sin concesiones estéticas contemporáneas.
En todos estos proyectos, el período histórico no es decorado. Es el argumento.
Eggers no recrea el pasado para hacerlo accesible. Lo recrea para hacerlo extraño, para recordarnos que el mundo que habitamos hoy no es el único mundo posible.
Y aquí es donde conecto con él de una forma casi personal. Me pasó con Arrival: la pausé varias veces para apuntar frases, porque me fascinaba cómo un idioma alienígena reordenaba la manera de pensar de sus personajes. Esa idea —que el lenguaje construye la realidad— es exactamente lo que Eggers persigue cuando resucita una lengua muerta o un ritual olvidado.
Shakespeare como nunca lo has oído: una apuesta radical
Lo más llamativo de esta adaptación no es que Eggers vaya a rodar Romeo y Julieta. Es cómo planea hacerlo.
Según The Hollywood Reporter, la intención es recuperar el sonido original de la época. Conviene aclarar un matiz que muchos titulares confunden: no hablamos de «inglés antiguo» —el anglosajón de Beowulf, incomprensible hoy—, sino del inglés moderno temprano de la era isabelina, con su pronunciación original reconstruida.
Es una diferencia importante, y precisamente ese detalle es lo que hace de Eggers, Eggers. No busca lo arcaico por capricho, sino la textura exacta de una voz que llevamos siglos escuchando mal.
Pensad en lo que hizo Baz Luhrmann en 1996: mantuvo el texto de Shakespeare pero trasladó la acción a una ciudad moderna de pistolas y neón. Era una estrategia de accesibilidad, un puente entre el clásico y el espectador.
Eggers hace lo contrario. Elimina el puente. Te pide que nades.
Ambientada íntegramente en Verona, con vestuario, arquitectura y costumbres de época, esta versión promete ser la más incómoda y la más honesta que se haya rodado jamás de la tragedia.
Una guerra de estudios y un presupuesto que habla
El proyecto no llegó a Focus Features de forma tranquila.
La productora tuvo que imponerse en una guerra de pujas con A24, Sony y Warner Bros. El presupuesto final ronda los altos setenta millones de dólares: por debajo de El Hombre del Norte, pero muy por encima de sus primeros trabajos.
Y eso dice algo. Los grandes estudios no se pelean así por un proyecto salvo que crean que hay algo importante en juego. Focus, que ya distribuyó Nosferatu y estrenará Werwulf, ha decidido seguir siendo el hogar cinematográfico del director.
Lo que llevaba años gestando
Lo curioso es que nada de esto sorprende si seguías de cerca a Eggers.
En un perfil de The New Yorker de 2022 mencionó que investigaba «algo isabelino». Luego llegaron las referencias a la música Tudor y Estuardo que ponía en casa mientras trabajaba. Las pistas apuntaban a algún lugar cercano a Shakespeare, aunque nadie sabía exactamente dónde.
Ahora lo sabemos.
El reparto sigue siendo un misterio. No hay Romeo ni Julieta anunciados. Y la pregunta que todos se hacen en voz alta es: ¿en qué papel aparecerá Willem Dafoe?
La historia más conocida, vista como si fuera la primera vez
Hay algo que me parece profundamente significativo en esta elección.
Romeo y Julieta es una de esas historias que hemos consumido tanto que creemos que ya no puede decirnos nada nuevo. Ocurre igual en la ciencia ficción: el viaje espacial, la distopía, el robot con conciencia. De tanto repetirse, ciertos arquetipos se gastan hasta perder la idea original que los hizo poderosos.
La única forma de recuperar esa fuerza es hacerlos incómodos otra vez. Volverlos ajenos.
Y aquí está lo que de verdad me interesa: qué dice de nosotros esta necesidad de desintoxicar un mito. Que un cineasta tenga que reconstruir una lengua entera para que volvamos a sentir dos muertes que conocemos de memoria revela hasta qué punto hemos anestesiado nuestras propias emociones a base de repetirlas.
Me quedé pensándolo durante días, igual que me pasó con Her. Eggers no quiere que entendamos mejor a Romeo. Quiere que lo escuchemos por primera vez.
El proyecto de A Christmas Carol queda, de momento, aparcado. Y tiene todo el sentido: esto no es una película pequeña. Es una declaración.
En un año ya marcado por apuestas arriesgadas de los grandes estudios (repasamos algunas en nuestro análisis de la taquilla de 2026), cuando Denis Villeneuve se enfrentó a Dune, muchos dijeron que era inadaptable. Cuando Eggers rodó The Witch, dijeron que era demasiado lenta, demasiado densa, demasiado exigente. En ambos casos, lo que parecía un obstáculo era exactamente el punto.
Eggers con Shakespeare recuperando su sonido original, en una Verona sin concesiones, con todo el peso histórico encima, es el tipo de proyecto que parece una locura hasta que lo ves. Y entonces entiendes que era la única forma posible de contarlo.
Que no sepamos aún quién interpreta a los protagonistas casi da igual. Lo que ya sabemos basta para intuir que esto será diferente. Y en un panorama donde «diferente» es una promesa que rara vez se cumple, Eggers sigue siendo de los pocos que merece el beneficio de la duda.