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Brad Bird, director de Los Increíbles y El Gigante de Hierro, presenta Ray Gunn, un thriller de animación que cruza el noir clásico con la ciencia ficción retro —con Sam Rockwell y Scarlett Johansson poniendo voz al detective y a la femme fatale— y que llegará a cines el 4 de diciembre y a Netflix el 18.
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Opinión de Álex: La estética de 1939 no me parece un capricho visual, sino una pregunta incómoda: como ya hizo Blade Runner, el retro-futurismo sirve para averiguar qué sombras arrastramos con nosotros aunque cambiemos de siglo.
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Bird concibió esta idea hace casi treinta años, lo que convierte a Ray Gunn en un proyecto profundamente personal antes que en un encargo de estudio.
Hay géneros que parecen haber nacido el uno para el otro. El noir habla de un mundo corrompido donde la verdad siempre tiene un precio. La ciencia ficción habla de hacia dónde vamos como civilización, de qué perdemos por el camino. Cuando ambos se cruzan, el resultado suele ser algo más que entretenimiento: una forma de mirar el presente desde un ángulo oblicuo, casi incómodo.
Eso es precisamente lo que me llama la atención de Ray Gunn. No es solo la premisa. Es que alguien como Brad Bird, uno de los cineastas de animación más inteligentes de las últimas décadas, haya decidido que esta era la historia que quería contar. Y que haya tardado casi treinta años en contarla. Eso, de por sí, ya dice algo.
Un detective en el futuro que huele a pasado
Ray Gunn es la nueva película animada de Bird, el mismo que firmó Los Increíbles, El Gigante de Hierro y Ratatouille. La premisa, en sus propias palabras, es sencilla y ambiciosa a partes iguales: «El Halcón Maltés meets Buck Rogers». Noir clásico y ciencia ficción retro. Mezclados, no agitados.
El protagonista es Raymond Gunn, un detective privado con voz de Sam Rockwell, arrastrado hacia una trama de alienígenas, asesinatos y el glamour oscuro de una estrella multimedia. A su lado, o quizás en su contra, aparece Venus Nova: la femme fatale a la que da vida Scarlett Johansson.
La historia transcurre en Metropia, una ciudad futurista diseñada con la estética visual de 1939, y llegará a cines el 4 de diciembre y a Netflix el 18.
Eso último es lo que más me intriga. 1939. El año en que el mundo estaba a punto de romperse. La elección no parece casual.
Por qué el retro-futurismo dice más de lo que aparenta
Cuando veo una estética de 1939 proyectada hacia el futuro, pienso en algo que va más allá del diseño de producción. Pienso en Blade Runner, que tomó el noir de los años cuarenta y lo convirtió en una pregunta sobre qué significa ser humano. Pienso en cómo ciertos períodos cargados de tensión encuentran su eco en los futuros que imaginamos.
El retro-futurismo no es nostalgia. Es una forma de preguntar: ¿qué soñamos que seríamos, y en qué nos convertimos?
Un mundo de coches voladores y láseres con la moral corroída del cine negro no es solo una decisión estética. Es una declaración de que el futuro no resuelve lo que somos. De que la codicia, la corrupción y la ambición nos acompañan aunque cambiemos de siglo.
Brad Bird y el tiempo que tardan las buenas ideas
Hay algo muy revelador en la historia detrás de este proyecto: Bird imaginó Ray Gunn hace décadas, más o menos cuando trabajaba en El Gigante de Hierro. Es decir, esta historia lleva casi treinta años viviendo en su cabeza antes de encontrar su forma.
Las buenas ideas, a veces, necesitan tiempo. O el momento adecuado.
Solo cuando Skydance y Netflix se implicaron pudo ponerse en marcha. Esa espera tan larga me hace pensar que estamos ante algo en lo que Bird cree profundamente. No un encargo. Una obsesión.
Voces que ya traen historia propia
El reparto tiene su propia lógica interna. Rockwell tiene una manera única de encarnar la ambigüedad moral, esa zona gris que define al héroe noir: alguien que no es del todo bueno ni del todo malo, pero que se mueve por un mundo hecho para aplastarlo.
Johansson, por su parte, ya sabe lo que es ser voz de algo más grande que un personaje. En Her fue el alma de una película entera sin aparecer en pantalla. Aquí, como Venus Nova, tendrá que lograr que la femme fatale trascienda el cliché.
Ambas son apuestas interesantes. Y Bird no suele equivocarse en estas decisiones.
Ray Gunn llega primero a cines seleccionados el 4 de diciembre y el 18 del mismo mes aterriza en Netflix. Ese pequeño privilegio de ser experiencia de sala antes de convertirse en contenido de plataforma no parece un detalle menor para alguien como Bird, que siempre ha defendido el cine como algo que merece verse grande.
Hay algo en esta propuesta que me tiene pensando desde que leí la descripción del proyecto. No es el género. No es el reparto. Es la pregunta que toda buena ciencia ficción acaba haciendo, disfrazada de entretenimiento: ¿qué clase de mundo estamos construyendo, y qué sombras trae consigo? Soy de los que pausaron Arrival para apuntar frases en un cuaderno, así que reconozco enseguida el tipo de película que te deja con el bolígrafo en la mano. Ya veremos si Bird lo consigue. Pero que lleve treinta años intentándolo es, de por sí, razón suficiente para prestarle atención.