Por qué Hellboy 3 con Ron Perlman ya no va a pasar

Doug Jones admite que un Hellboy 3 con Ron Perlman es ya casi imposible. Dos reinicios fallidos, el cambio de reglas de la industria y la edad de los actores han cerrado, quizás para siempre, esa puerta.

✍🏻 Por Alex Reyna

junio 17, 2026
  • Doug Jones reconoce que un Hellboy 3 con Ron Perlman es ya casi imposible, tras casi dos décadas de silencio, dos reinicios fallidos y una industria que ha cambiado de reglas.

  • La edad de los actores, la transformación económica del cine y el fracaso del reboot de 2019 han cerrado, quizás para siempre, la puerta a la trilogía que Guillermo del Toro nunca llegó a completar.

  • Jones reflexiona sobre el paso del tiempo en el cine de criaturas, mientras avanza hacia proyectos más ligeros, lejos de los maquillajes extenuantes que marcaron su carrera.

  • Opinión de Álex: hay algo profundamente melancólico aquí. No es solo la cancelación de una película, sino el retrato de cómo el tiempo y el mercado pueden silenciar visiones que merecían un cierre digno.


Hay películas que no terminan. No porque sus historias sean eternas, sino porque algo —el dinero, el tiempo, las circunstancias— les arrebata el último acto. Hellboy 3 es una de esas historias inconclusas que el cine arrastra desde 2008, como una promesa que nunca llegó a pronunciarse del todo.

Y no hablo solo de una secuela de superhéroes. Hablo de la mirada de Guillermo del Toro: un cineasta que entiende a los monstruos no como amenazas, sino como espejos. Sus dos entregas de Hellboy tenían algo que pocas películas del género consiguen: calor humano dentro de criaturas que la sociedad rechaza. Ese tercer acto sigue sin existir. Puede que nunca exista. Y Doug Jones acaba de explicar por qué.

El peso de los años

Doug Jones, el actor que dio vida a Abe Sapien en las películas originales de Del Toro —ese ser acuático de inteligencia melancólica que, lo confieso, fue siempre el personaje que más me atrapó de toda la función—, ha hablado recientemente con motivo de su documental Get Me Doug Jones.

Recuerdo la primera vez que vi a Abe moverse en pantalla. No pensé «qué buen efecto especial», pensé «qué criatura tan triste y tan despierta». Esa sensación es difícil de fabricar, y es exactamente lo que se pierde cuando una franquicia cambia de manos.

Su mensaje es claro, aunque lo envuelve con la delicadeza de quien no quiere herir a nadie: el barco probablemente ya zarpó.

Han pasado casi diecisiete años desde el estreno de Hellboy II: The Golden Army. Ron Perlman, el actor que encarnó al demonio de mano de piedra con una autenticidad que costaba horas de maquillaje y décadas de oficio, tiene hoy 75 años.

Jones lo dice con humor, pero la reflexión es seria: ellos dos podrían ser el dúo de superhéroes más mayor de la historia del cine.

Y no es solo cuestión de edad. Las exigencias físicas de aquellas películas eran brutales. Horas bajo prótesis, transformaciones que empezaban antes del amanecer y acababan bien entrada la noche. Repetir eso hoy, con más años a la espalda, sería un desafío de otra dimensión.

Una industria que ya no juega con las mismas reglas

Pero el tiempo no es el único obstáculo. El dinero también habla, y lo hace en un idioma que ha cambiado mucho desde principios de los 2000.

Las dos primeras películas de Del Toro no fueron grandes éxitos de taquilla. Funcionaron, tuvieron su público fiel, pero no arrasaron en las salas. Lo que las mantuvo con vida fue el mercado del DVD: una fuente de ingresos que llegaba después del estreno y que, en aquel momento, bastaba para justificar una secuela.

Ese modelo ya no existe. El streaming ha reescrito por completo la ecuación. Las plataformas no generan aquel ingreso diferido que permitía que proyectos de nicho sobrevivieran y crecieran con el tiempo. Y una tercera entrega de Hellboy —con los efectos visuales que exigiría, con el presupuesto que implicaría— necesitaría un respaldo financiero que hoy resulta mucho más difícil de reunir.

Es la misma paradoja que vemos en tantos proyectos ambiciosos: el público los desea, pero la industria ya no puede permitírselos. La pregunta interesante no es «¿por qué no se hace?», sino «¿qué tipo de cine deja de ser posible cuando cambian las condiciones que lo sostenían?».

El fracaso de los reboots como punto final

Por si la edad y el dinero no fueran suficientes, la franquicia recibió dos golpes que la dejaron tendida.

En 2019, Neil Marshall dirigió un reinicio de Hellboy con David Harbour al frente. No conectó con la crítica ni con el público, y la taquilla lo confirmó. Marshall llegó a distanciarse públicamente del resultado final, un gesto que rara vez acompaña a un trabajo del que uno se siente orgulloso.

Luego llegó Hellboy: The Crooked Man en 2024. Otra tentativa que corrió suerte parecida. Intentaba recuperar la esencia de las criaturas, pero sin el pulso emocional que Del Toro había depositado en aquellos personajes, costaba entender qué quería ser exactamente.

Y ahí está lo revelador: estos intentos no solo erosionaron la marca, sino que dejaron clara una idea para los estudios. Lo que el público echaba de menos no era a Hellboy, sino a Del Toro, a Perlman y a Jones. Esa combinación concreta. Y eso, hoy, es casi irreproducible.

Lo que queda cuando el tiempo pasa

Hay algo que me fascina de esta historia, y no es la nostalgia.

Es la idea de que ciertos proyectos tienen una ventana de existencia muy concreta. Como las civilizaciones de Dune, o las sociedades que imagina la ciencia ficción más inteligente: hay condiciones que permiten que algo florezca, y cuando esas condiciones desaparecen, no hay forma de reconstruirlas de manera artificial.

La trilogía de Del Toro no era solo entretenimiento. Era un argumento sobre la aceptación, sobre el rechazo de lo distinto, sobre dónde trazamos la línea entre monstruo y persona. Es la misma pregunta que me dejó paralizado al final de Blade Runner: ¿qué nos hace humanos, si un replicante puede sentir el miedo a desaparecer mejor que nosotros? Abe y Hellboy jugaban en ese mismo terreno, solo que desde el otro lado del espejo: criaturas que parecían monstruos pero sentían como personas.

Ese tercer acto que nunca llegó tenía cosas que decir sobre todo eso.

Y quizás eso sea lo más triste. No que no vaya a hacerse, sino que lo que tenía que contar se queda sin voz. Hay películas que mueren en taquilla; esta murió antes de nacer, en una sala de reuniones donde los números no salían.

Jones, mientras tanto, sigue adelante. Produce su documental, continúa actuando y parece haber hecho las paces con la idea de que no todos los finales llegan en forma de película.

A veces el final es simplemente el silencio. Y aprender a escucharlo también es una manera de entender el cine.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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