Anya Taylor-Joy se enfrentó a George Miller por el final de Furiosa

Anya Taylor-Joy presionó a George Miller para reescribir el final de Furiosa y dar a su personaje control real sobre el destino de Dementus. La actriz describe el rodaje como una experiencia asfixiante.

✍🏻 Por Alex Reyna

junio 22, 2026
  • Anya Taylor-Joy presionó insistentemente a George Miller para reescribir el final de Furiosa: A Mad Max Saga y lograr que su personaje tuviera control real sobre el destino del villano Dementus.

  • La actriz describió el rodaje como una experiencia «asfixiante», marcada por la «quietud» y la «rigidez» que Miller le exigía y que chocaba con su forma natural de actuar.

  • Pese al aplauso de la crítica y su entrada en el Top 10 del National Board of Review, la película recaudó apenas 174 millones de dólares frente a un presupuesto que rondó los 168, dejando en el aire el futuro de la saga.

💭 Opinión: Que el final más simbólico de la película tuviera que ser arrancado a pulso por su propia protagonista dice más sobre cómo se toman las decisiones en Hollywood que cualquier polémica de alfombra roja. Lo que permanece no siempre es lo que el sistema quería que permaneciera.


Hay momentos en el cine en que un final no es solo un cierre narrativo, sino una declaración de intenciones. Una forma de decirle al espectador qué entiende esa historia sobre la justicia, sobre el daño, sobre la memoria. Furiosa: A Mad Max Saga tiene uno de esos finales: extraño, visceral, casi mitológico. Y resulta que su existencia no fue nada sencilla.

Lo que pocos sabían hasta ahora es que ese desenlace —quizá el más resonante de todo el universo Mad Max— no estaba garantizado. Tuvo que ser defendido, conversación tras conversación, por la propia Anya Taylor-Joy. Y eso, en sí mismo, ya cuenta algo sobre cómo se construye el cine y sobre lo que significa pelear por la coherencia emocional de un personaje.

La pelea por un final que importara

Furiosa es, desde su propio nombre, un personaje construido sobre la rabia contenida. No la que explota, sino la que se asienta, planifica y espera el momento exacto.

Taylor-Joy lo entendía bien. Por eso, cuando leyó el final original, sintió que algo faltaba. Que Furiosa merecía más que regalarle a Dementus —el hombre que destruyó su vida, interpretado por Chris Hemsworth— una muerte limpia. Una muerte rápida no es venganza. Es una salida fácil.

Lo que la actriz reclamaba era otra cosa: que Furiosa pudiera deshacer la vida de Dementus del mismo modo en que él deshizo la suya. Que tuviera control absoluto sobre ese destino. Que su nombre, por fin, significara algo.

«Solo abogué y abogué y abogué para que viviera a la altura de su nombre. Esa era mi montaña en esa película, y lo conseguí, pero fue muy, muy difícil de ganar.»

Difícil de ganar. Tres palabras que contienen más verdad sobre el proceso creativo en una superproducción que muchas entrevistas enteras.

Un final que vale la pena defender

El resultado de esa batalla es uno de los desenlaces más inusuales que ha dado el cine de acción reciente.

Furiosa no mata a Dementus. Lo aprisiona en la Ciudadela, ya lisiado. Y planta en su cuerpo el hueso de un melocotón —el mismo que le entregó su madre—, convirtiéndolo en abono vivo del que brota un árbol.

Es una imagen que se queda contigo. Una metáfora que opera en varios niveles a la vez: la violencia que se transforma en vida, el dolor que se convierte en raíz, el verdugo que termina siendo tierra fértil para algo nuevo.

A mí estas imágenes me funcionan como un imán. Soy de los que pausan Arrival para apuntar una frase, o de los que se quedan días dándole vueltas a un plano de Her. El árbol que nace de Dementus pertenece a esa categoría: una idea que sigue trabajando en tu cabeza mucho después de salir de la sala.

Y aquí está lo interesante de verdad. Ese final propone una pregunta que nos atañe a todos: ¿qué entendemos por justicia? Vivimos en una cultura entrenada para celebrar el castigo, la destrucción del otro como forma de cierre. Furiosa elige otra cosa. Elige la transformación. Me recuerda a ciertos principios que laten en Dune: la venganza verdadera no consiste en aniquilar, sino en convertir el daño en algo que perdure. George Miller lleva décadas levantando un universo que no se conforma con la superficie, y este final lo confirma. Aunque, paradójicamente, hiciera falta que alguien empujara desde dentro para que existiera.

El rodaje como experiencia límite

Taylor-Joy también reveló que el proceso fue, en sus propias palabras, «asfixiante».

Miller le pidió interpretar a Furiosa desde una «quietud» y una «rigidez» que chocaban con su manera habitual de levantar personajes. Es el tipo de exigencia que puede ser brillante o paralizante, según el día.

La actriz optó por no hablar mal de la experiencia en público. Su razonamiento es revelador: hacerlo no perjudicaría a nadie salvo a ella misma.

Hay algo casi filosófico en esa decisión. Una intérprete que pelea con uñas y dientes por el alma de su personaje, pero que escoge el silencio cuando se trata de su propia experiencia. Como si supiera con exactitud qué batallas merecen librarse en voz alta y cuáles no.

El problema de la taquilla

Furiosa fue aclamada por la crítica. El National Board of Review la situó entre las diez mejores películas de 2024. Pero recaudó apenas 174 millones de dólares en todo el mundo, una cifra que, frente a un presupuesto cercano a los 168 millones, ni siquiera cubre el coste real una vez sumado el marketing.

Eso ha dejado en pausa Mad Max: The Wasteland, la siguiente entrega prevista de la saga.

Es una de esas contradicciones que el cine repite cíclicamente: la película más interesante es, a veces, la que menos gente va a ver.


Lo significativo de la historia de Taylor-Joy no es la anécdota de que cambió un final. Es lo que revela sobre el oficio: que incluso en las producciones más colosales, las decisiones que de verdad importan —las que deciden si un personaje será recordado o simplemente visto— se libran en conversaciones difíciles, repetidas, agotadoras, a puerta cerrada.

Furiosa ya vive en el canon. Su árbol de paz ya está plantado. Y si ese final existe, es porque alguien decidió que valía la pena pelear por él. Eso, más que cualquier cifra de taquilla, es lo que permanece. El próximo diciembre, Taylor-Joy regresará a otro universo de ideas grandes con Dune: Parte Tres. Pero lo que sembró en el desierto de Mad Max ya no se puede borrar.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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