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Paramount pagó 2.800 millones en créditos de Netflix para cerrar el pleito antimonopolio

Paramount pactó con 12 estados para cerrar la demanda antimonopolio contra su fusión con Warner. El precio: 2.800 millones en créditos de Netflix, inversiones obligatorias en California y un consejo editorial independiente para CNN y CBS News. La operación de 111.000 millones avanza.

  • Paramount ha pactado con 12 estados de EE. UU. para desactivar la demanda antimonopolio que amenazaba su fusión de 111.000 millones de dólares con Warner Bros. Discovery.

  • Entre las condiciones aceptadas destacan un consejo editorial independiente para CNN y CBS News, el compromiso de estrenar 30 películas al año en cines y 1.500 millones adicionales en producción durante cinco años.

  • Mi opinión: la promesa de las 30 películas anuales en sala es el dato que pienso vigilar de cerca; es justo el tipo de cifra cuantificable que dentro de unos años delatará si Paramount cumplió su palabra o si todo fue marketing regulatorio de guante blanco.


Confieso una debilidad profesional: cuando veo una operación empresarial tan grande, lo primero que hago no es pensar en Batman ni en Harry Potter, sino en ir a buscar la hoja de cálculo. Llevo años traduciendo cifras de taquilla en historias, y pocas veces me había topado con un número tan difícil de digerir sin un café bien cargado delante.

Imaginad por un momento que Netflix y Paramount se sientan a la misma mesa de póker, con miles de millones sobre el tapete, pujando por hacerse con Warner Bros. Discovery como si fuera la partida del siglo. No es el guion de una película —aunque con todos los estudios que van a controlar podrían rodarla mañana mismo—; es exactamente lo que ha ocurrido en los últimos meses. Hablamos de una fusión valorada en 111.000 millones de dólares, un pago de ruptura de 2.800 millones a Netflix y una nueva entidad que reunirá algunos de los activos audiovisuales más valiosos del planeta.

Pero antes de cerrarlo todo oficialmente, el camino ha tenido baches. Doce estados de Estados Unidos, con California a la cabeza, presentaron una demanda para bloquear la operación por motivos antimonopolio, en un pulso que llegó a incluir la exigencia de una fianza de 1.880 millones de dólares por parte de Paramount. El desenlace, sin embargo, no ha sido un juicio épico digno de John Grisham, sino algo mucho más pragmático: un acuerdo negociado con concesiones que, al menos sobre el papel, suenan razonablemente equilibradas.


Un acuerdo que llega con condiciones

Para que los fiscales generales de esos doce estados retiraran la demanda, Paramount tuvo que sentarse a negociar y aceptar compromisos nada menores.

El primero afecta a algo que hoy genera más debate que cualquier estreno taquillero: la independencia editorial. Paramount se compromete a crear un consejo de periodistas que supervisará la autonomía informativa de CNN y CBS News. En un momento en que la credibilidad de los medios vive bajo escrutinio permanente, esta concesión tiene un peso simbólico considerable, más allá de lo que dicte el papel firmado.

El segundo es el que más me interesa como analista de la industria: la obligación de distribuir un mínimo de 30 películas al año en cines. Y aquí conviene poner contexto numérico. Un gran estudio de Hollywood suele estrenar entre 15 y 25 títulos anuales en sala, así que 30 no es una cifra de relleno: es un compromiso ambicioso. Máxime cuando la asistencia a los cines en Estados Unidos sigue moviéndose entre un 20% y un 25% por debajo de los niveles previos a la pandemia. En un sector donde cada nuevo gigante parece inclinarse cada vez más hacia el streaming, ver a una corporación de este tamaño firmar por escrito su apuesta por la gran pantalla es una señal que merece seguimiento. No garantiza nada, pero los números sobre el papel siempre son el primer paso para pedir cuentas.

Torre del agua icónica de los estudios Warner Bros en Burbank, California
Torre del agua de Warner Bros. Studios en Burbank. Crédito: Steven Lek, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

El tercero es puramente económico: 1.500 millones de dólares adicionales en producción cinematográfica durante los próximos cinco años. Si esa cifra se ejecuta de verdad, daría para alimentar tanto las carteleras como las plataformas del grupo durante una buena temporada.


Cómo Paramount le ganó la partida a Netflix

Para entender la dimensión de todo esto, conviene retroceder un paso. Warner Bros. Discovery tenía sobre la mesa un acuerdo inicial con Netflix valorado en 82.700 millones de dólares. Un número ya de por sí estratosférico.

Pero llegó Paramount, controlada por la familia Ellison, con una propuesta que los accionistas de WBD no podían ignorar: 31 dólares por acción en efectivo. No en acciones, no en promesas de sinergias futuras: en efectivo contante y sonante. Y para rematar el trato, Paramount asumió además el coste de romper el acuerdo previo con Netflix: 2.800 millones pagados para que la plataforma se apartara del camino sin dramas.

El resultado es que Paramount, una empresa que hace nada peleaba por encontrar su sitio en el streaming, se ha convertido en el comprador más ambicioso del entretenimiento en muchos años.


El nuevo gigante: qué tendrá Paramount bajo su paraguas

La lista de activos que controlará la empresa resultante es, francamente, abrumadora: HBO y su catálogo de series de prestigio, CNN como referente informativo internacional, el archivo histórico de Warner Bros. Pictures y todo el universo de DC Comics, con Batman y Superman al frente.

A eso se suman las Looney Tunes —con Bugs Bunny incluido, que algo tendrá que decir sobre todo esto—, Harry Potter y Juego de Tronos. Tres franquicias que, por sí solas, justificarían casi cualquier operación de esta magnitud. Y como jugada estratégica adicional, Paramount planea fusionar Paramount+ con HBO Max para crear un servicio de streaming capaz de competir de tú a tú con los grandes del sector.


Lo que acaba de ocurrir no es un movimiento corporativo más: es una reconfiguración profunda de cómo se producirá, distribuirá y consumirá el cine y la televisión en los próximos años. Los números impresionan, pero lo verdaderamente relevante es qué harán con todo ello. Tener a Batman, Harry Potter y los informativos de CNN bajo el mismo techo es una cosa; gestionarlo con coherencia estratégica y financiera es, probablemente, mucho más difícil.

Desde mi perspectiva, el compromiso de estrenar 30 películas al año en cines es el indicador que seguiré con más atención. La gran pantalla necesita que las corporaciones no solo hablen bonito en los comunicados de prensa, sino que cumplan cuando las cámaras ya no están. Paramount lo ha puesto por escrito, y eso es un punto de partida. Si dentro de tres o cuatro años las cifras de taquilla respaldan esa promesa, estaremos ante uno de los acuerdos mejor ejecutados de la historia reciente. Y si no, tocará volver a la hemeroteca y recordarles sus propios números. Eso, lo prometo, lo haré encantado.

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