Los Guardianes son la trilogía que sostuvo el MCU — y Gunn se la llevó a DC

Los Guardianes llevan doce años siendo la trilogía más infravalorada del MCU. Sin ellos no existe el contexto cósmico que hizo grande a Thanos, ni el arco emocional que justificó el final de Endgame. Gunn les regaló a DC su mayor activo sin que casi nadie lo notara.

✍🏻 Por Clara Domenech

agosto 11, 2026
  • La trilogía de Guardianes de la Galaxia lleva doce años siendo la más infravalorada del MCU, pese a ser una de las piezas que sostiene todo el andamiaje cósmico del universo.

  • Sin los Guardianes no existiría el contexto galáctico que convirtió a Thanos en el villano que recordamos en Infinity War y Endgame.

  • El éxito de James Gunn con esta trilogía lo catapultó hasta la silla de co-CEO de DC Studios, donde ha dado forma al nuevo universo DC e imprimido su sello en Superman (2025).

Mi opinión: Tiene algo poético y agridulce que la trilogía que mejor entendió lo que significa ser una familia de inadaptados sea también la que «le regaló» Gunn a la competencia. Duele un poquito, no os voy a mentir, pero no pienso negarle el mérito donde lo tiene.

Relevante: Gunn pilota el nuevo DCU junto a Peter Safran, y Superman (2025) ya ha demostrado que su talento para crear personajes complejos y emocionalmente ricos sigue intacto.


Hay algo curioso en cómo funciona la memoria del fandom. Recordamos los grandes hitos del MCU —la primera Iron Man, el chasquido de Thanos, el «Avengers, assemble»— pero, no sé cómo, dejamos que ciertas trilogías se nos escurran entre los dedos. Y la de los Guardianes de la Galaxia es, sin ninguna duda, la víctima más injusta de ese olvido selectivo.

Han pasado doce años desde que una nave llena de inadaptados con una playlist ochentera —y setentera— irrumpió en nuestras vidas. Y cuanto más tiempo pasa, más me convenzo de que no valoramos lo suficiente todo lo que esta trilogía supuso, no solo para el MCU, sino para el cine de superhéroes en general. Así que vamos a hablar de ello como se merece.


La trilogía que siempre está en segundo plano

Cuando se habla de las mejores trilogías del MCU, los nombres que salen a relucir son siempre los mismos: Spider-Man, Captain America y, ahora, Deadpool & Wolverine. Los Guardianes, por alguna razón que se me escapa, siempre llegan después. Siempre en el segundo escalón.

Y eso es una injusticia enorme.

Coger a un grupo de personajes prácticamente desconocidos para el gran público —yo los conocía de los cómics, de las etapas de Abnett y Lanning, y aun así entré al cine con cierto escepticismo— y convertirlos en algunos de los favoritos del fandom es un milagro narrativo que no deberíamos dar por sentado. Recordemos que en 2014 nadie sabía quién era un mapache con escopeta ni un árbol que solo dice tres palabras. El MCU arriesgó de verdad con esta apuesta, y le salió redonda.

Y ojo, que lo logró sin renunciar a la emoción. Todavía se me pone la piel de gallina cuando arranca «Come and Get Your Love» en esa primera secuencia con Peter Quill bailando por un templo alienígena. Ahí ya deberíamos habernos dado cuenta de que teníamos algo especial entre manos.


El efecto Gunn: del espacio exterior al Hombre de Acero

El elenco de Guardianes de la Galaxia Vol. 3, la trilogía dirigida por James Gunn que sostuvo el MCU

Y aquí viene la ironía más grande de toda esta historia.

James Gunn construyó algo extraordinario dentro del MCU, y ese éxito fue el trampolín que lo llevó directamente a… DC Studios. Sí, el director que nos dio a Star-Lord, a Rocket y a ese «We Are Groot» que nadie puede escuchar sin que le tiemble un poco la barbilla es ahora co-CEO de DC junto a Peter Safran.

Y Superman (2025), la primera gran piedra del nuevo universo DC, lleva su huella inconfundible: ese equilibrio entre lo luminoso y lo roto, entre el chiste y el nudo en la garganta.

Como fan de Marvel, reconozco que celebrarlo desde este lado del ring se siente rarísimo. Es como aplaudir cuando el mejor jugador de tu equipo ficha por el rival de toda la vida. Una parte de mí querría que Gunn hubiera seguido explorando los rincones cósmicos de Marvel —¿os imagináis lo que habría hecho con Adam Warlock ya bien establecido?—, pero otra parte entiende perfectamente por qué DC lo quería a toda costa.

¿Habría llegado Gunn a ese puesto sin la trilogía de los Guardianes? Difícil saberlo. Lo que sí puedo afirmar con seguridad es que esas tres películas demostraron algo muy concreto: que Gunn sabe cómo hacer que un puñado de personajes excéntricos e improbables te roben el corazón. Y eso, en este género, vale su peso en vibranium.


Sin ellos, no hay Thanos

Dentro del propio MCU, el peso de los Guardianes es igual de monumental, aunque por motivos distintos.

Pensad en lo que aportó la película de 2014: nos presentó el Nova Corps, nos dejó ver por primera vez a los Coleccionistas y sus rarezas, y —lo más importante— puso sobre la mesa la Gema del Poder como una de las Gemas del Infinito. Ese fue el momento en el que el MCU dejó de mirarse el ombligo terrícola y abrió la puerta a lo verdaderamente cósmico.

Fue esta saga la que le dio cuerpo a Thanos más allá de un cameo sonriente en la escena poscréditos de Los Vengadores. La que lo ató a las Gemas, la que nos mostró a Gamora y a Nebula como sus hijas, la que empezó a tejer toda esa mitología galáctica que estallaría años más tarde en Infinity War y Endgame.

Sin ese trabajo de worldbuilding —hecho casi de tapadillo, mientras nos reíamos con las bromas de Drax—, el Thanos de 2018 no habría tenido ni la mitad de la fuerza que tuvo. Y si Endgame se convirtió en el acontecimiento que fue, una buena parte de ese mérito les pertenece también a estos inadaptados.


Una masterclass en películas de equipo

Hay algo más de lo que no se habla lo suficiente: los Guardianes son, probablemente, el mejor ejemplo del MCU de cómo se ejecuta bien una película coral de superhéroes.

Star-Lord tiene su arco. Gamora tiene el suyo. Drax, Rocket, Groot, Nebula, Mantis… todos tienen su momento, todos importan, todos evolucionan. Y conseguir eso con un reparto tan variopinto es endiabladamente difícil. Hay producciones del MCU con el doble de presupuesto y el triple de recursos que no lo han logrado ni de lejos.

Y luego está Vol. 3. La historia de Rocket, ese flashback con Lylla y sus amigos de laboratorio, es de lo más doloroso y hermoso que ha parido Marvel en toda su historia. Lloré. Lloré sin disimulo. Fue el cierre que esta trilogía merecía: emotivo, honesto y respetuoso con cada uno de sus personajes. Una rareza en el cine de superhéroes que merece reconocerse como lo que es: una despedida hecha con amor.


Doce años después, los Guardianes de la Galaxia siguen siendo la trilogía que el MCU nunca supo del todo cómo poner en valor, pero que, al mismo tiempo, ha sido una de sus aportaciones más decisivas. Han construido mundos, le han dado vida al mejor villano del universo cinematográfico y han formado a uno de los directores más influyentes del género de esta generación. Todo eso sin quitarse el casco.

Si todavía no habéis visto las tres películas del tirón, hacedlo. Y si ya las conocéis, volved a ellas con esta perspectiva nueva. Porque a veces los héroes más importantes no llevan capa. A veces llevan un walkman, una casete heredada y un árbol de copiloto.


Crecí con los cómics de Marvel y me enamoré del MCU desde el primer “I am Iron Man”. Me encanta seguir teorías, analizar tramas y perderme en cada nuevo estreno, pero también sé cuándo algo no está a la altura. Disfruto del hype, pero escribo con criterio. Porque si no le exigimos al cine que mejore, ¿entonces para qué estamos aquí?

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