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Nathan Fillion confiesa que su mayor miedo al saltar de Superman a Lanterns no era el cambio de tono, sino que ese cambio se llevara por delante la esencia de Guy Gardner.
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La serie orquestó la llegada del personaje con paciencia: no aparece hasta el episodio 6, pero antes ya nos lo presenta con un guiño de lo más ingenioso.
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En mi opinión, el mayor acierto del DCU de Gunn es tratar la coherencia del personaje como un valor sagrado, muy por encima del registro tonal de cada historia; ojalá el fallido intento cinematográfico de hace quince años hubiera entendido esto.
Hay algo que siempre me ha fascinado del universo DC, y es su capacidad para sostener personajes absolutamente distintos dentro de un mismo canon. Batman y Superman comparten mundo, pero sus historias pertenecen casi a géneros diferentes.
Lo mismo ocurre con las series y películas del nuevo DCU de James Gunn: no todo va a sonar igual, ni tiene por qué. Y ahí es donde entra Nathan Fillion con una pregunta muy legítima sobre los hombros.
Porque no es poca cosa lo que le han pedido: que el mismo Guy Gardner que desbordaba energía y descaro en el colorido Superman de 2025 funcione igual de bien en Lanterns, una serie que se acerca más al territorio de True Detective que al de un blockbuster de superhéroes.
¿Puede un personaje tan exagerado sobrevivir a ese cambio de registro sin perder lo que lo hace especial? La respuesta de Fillion es tan simple como inteligente, y merece que le dediquemos un rato.
El reto de ser el mismo en mundos completamente distintos
Fillion dejó claro en declaraciones recientes que su preocupación principal al afrontar la transición de Superman a Lanterns no era el formato, ni el presupuesto, ni la longitud de los episodios. Era algo más fundamental: la coherencia del personaje.
«Mi preocupación era la consistencia. Sabía que iba a haber un cambio de tono. Lo que no quería era que hubiera un cambio en el personaje en sí mismo», explicó el actor.
Y tiene toda la razón en preocuparse. Es un error clásico que cometen algunos proyectos: adaptan al personaje al tono de la historia en lugar de mantenerlo firme mientras el mundo a su alrededor cambia.
Guy Gardner no puede volverse de repente taciturno y filosófico solo porque la serie en la que aparece tenga ese aire. Quien conozca al personaje en los cómics lo sabe: Gardner es, básicamente, el bocazas que se atrevió a soltarle un puñetazo a Batman. Ese carácter no se negocia.
La analogía de Metrópolis y Gotham
Para resolver ese dilema, Fillion recurrió a una comparación que, sinceramente, me parece brillante y muy DC:
«Lo comparé con que, si pasaras un fin de semana en Metrópolis, o un fin de semana en Gotham, serías la misma persona, pero tendrías fines de semana muy diferentes.»
No podría estar más de acuerdo. Es exactamente cómo funciona el mejor worldbuilding del cómic. Un personaje bien construido no cambia de personalidad según el registro de la historia; lo que cambia es el contexto, las circunstancias, el color de la fotografía. Pero tú sigues siendo tú.
Guy Gardner en Lanterns sigue siendo ese tipo bocazas, impulsivo y con un ego del tamaño de Oa. Solo que ahora ese ego choca contra una historia más oscura, y eso, bien ejecutado, genera un contraste enormemente efectivo.
Un debut muy bien orquestado
Lo que me parece especialmente interesante es cómo Lanterns gestionó la llegada del personaje. Guy Gardner no aparece hasta el episodio 6, que transcurre en Rushville.
Y antes de que aparezca en persona, la serie ya nos lo presenta a través de un recorte de cartón en la sección de productos de un supermercado local. Un cartel promocional, ni más ni menos.
Es un detalle pequeño, pero lo dice todo sobre quién es Guy Gardner: alguien que lleva toda la vida queriendo ser famoso, queriendo ser el Linterna Verde. Esa imagen publicitaria revela más sobre su carácter que cualquier escena de acción.
Cuando por fin aparece, responde a una señal de socorro y visita a John Stewart —interpretado por un magnífico Aaron Pierre— en la cárcel, donde acaba liberándolo.
Y ahí empieza a tejerse una relación que ya conocemos en parte gracias a Superman, que transcurre aproximadamente nueve años después de la línea temporal de 2016 en la que se desarrolla Lanterns.
El puzzle temporal del DCU
Este es uno de los aspectos que más me gustan del planteamiento de Gunn. Saber que Guy Gardner acabará asumiendo el manto del Linterna Verde porque John Stewart deja el anillo, y aun así querer ver cómo se llega a ese punto, tiene un atractivo narrativo genuino.
No es spoiler en el sentido clásico. Es arquitectura de universo.
Igual que en los cómics sabes que Bruce Wayne va a seguir siendo Batman, pero cada historia te dice algo nuevo sobre por qué. Es la vieja lección del tebeo: no importa tanto el destino como el camino.
Lo que viene: Man of Tomorrow
Fillion y Pierre repetirán en Man of Tomorrow, la secuela de Superman prevista para 2027, junto a David Corenswet como Clark Kent y Milly Alcock como Supergirl. A la lista se suma también Adria Arjona en un papel todavía sin revelar.
La reunión de los dos Linternas en ese contexto va a tener una carga emocional completamente distinta después de todo lo vivido en Lanterns. Y eso es exactamente lo que debe hacer un universo compartido bien construido.
Conviene recordar de dónde venimos. En 2011 hubo un Green Lantern con Ryan Reynolds que quiso montar toda la mitología de golpe y se pegó un batacazo histórico. El DCU, en cambio, está dosificando, dejando respirar a cada personaje. La diferencia de criterio es abismal.
Al final, lo que Fillion está haciendo con Guy Gardner es lo que diferencia a un buen actor de uno que simplemente sigue instrucciones: entender al personaje lo suficiente como para que sobreviva a cualquier tono, a cualquier género, a cualquier mundo en el que lo pongan.
Gunn lleva tiempo demostrando que sabe elegir a sus actores. Y Fillion, con esa mezcla de comedia y carisma que le hemos visto desde Firefly hasta hoy, tiene justo lo que Guy Gardner necesita para funcionar tanto en una aventura colorida como en un thriller oscuro.
El DCU está construyendo algo con paciencia y criterio. Y yo, sinceramente, estoy disfrutando cada pieza que encaja.