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El CEO de AMC, Adam Aron, defiende en un artículo de opinión publicado en Variety la fusión entre Paramount y Warner Bros. Discovery como palanca esencial para aumentar los estrenos en sala y plantar cara a los gigantes tecnológicos.
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AMC registró en el segundo trimestre de 2026 los mayores ingresos y EBITDA ajustado (el beneficio bruto antes de intereses, impuestos y amortizaciones) de sus 106 años de historia, con una taquilla doméstica que creció un 11% interanual, su mejor trimestre en siete años.
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La empresa fusionada se comprometería a estrenar al menos 30 películas al año en salas, con ventanas exclusivas de 45 días para VOD premium y 90 días para suscripción antes de llegar a plataformas de streaming.
💬 Mi opinión: Que el CEO de la mayor cadena de cines del mundo use su tribuna para pedir que aprueben una fusión millonaria no ocurre todos los días. Pero cuando le das la vuelta a los datos, su argumento resulta aplastante: menos películas en cartel es, directamente, menos dinero para todos.
📌 Dato que merece atención: El 87% de los jóvenes de la Generación Z fue al cine al menos una vez en el último año, el porcentaje más alto de cualquier generación. Si alguien sigue convencido de que el cine en sala está muerto, que se lo cuente a ellos.
Hay fusiones que pasan desapercibidas y hay fusiones que remueven los cimientos de toda una industria. La posible unión entre Paramount y Warner Bros. Discovery encaja claramente en la segunda categoría. Estamos hablando de dos de los estudios más históricos de Hollywood fundiéndose en un solo coloso, y la pregunta que flota en el ambiente es inevitable: ¿esto es bueno o malo para el cine tal y como lo conocemos?
Quien ha decidido responder a esa pregunta en voz alta, y con datos, es Adam Aron, CEO de AMC Theatres, la mayor cadena de cines del mundo. No lo ha hecho en una rueda de prensa cómoda ni en una entrevista amigable, sino en un artículo de opinión publicado en Variety. Aron ha cogido el micrófono para decirnos, sin rodeos, que esta fusión no solo es buena para AMC, sino que resulta necesaria para la supervivencia del cine en sala. Y los números que maneja hacen difícil no prestarle atención.
El cine ha vuelto, y con fuerza
Después de años de malas noticias —la pandemia, las huelgas de 2023, las predicciones apocalípticas sobre la muerte del cine— la industria está protagonizando una remontada notable. AMC y su filial europea Odeon han invertido más de 1.000 millones de dólares desde 2020 en mejorar sus salas: pantallas premium, proyección láser, butacas más cómodas y una oferta gastronómica que ya no se limita a palomitas rancias de dudosa procedencia.
Los resultados están ahí. En el segundo trimestre de 2026, AMC registró sus mayores ingresos y EBITDA ajustado en sus 106 años de historia. La taquilla doméstica creció un 11% respecto al año anterior, marcando el mejor trimestre en siete años. Nada mal para una industria que muchos daban por finiquitada.
Y ojo con un detalle que a mí, que sigo la taquilla mercado a mercado, me parece clave: esa inversión de Odeon en Europa no es casualidad. Mientras Estados Unidos tira del carro con las grandes franquicias, el público europeo responde cada vez mejor a la experiencia premium en sala. La recuperación no es un fenómeno estadounidense aislado, sino una tendencia global que se mueve casi en paralelo a ambos lados del Atlántico.
¿Y qué tiene que ver la fusión con todo esto?
Aquí es donde Aron pone sobre la mesa su argumento central. El problema real del sector no es que la gente no quiera ir al cine, sino que hay cada vez menos películas para ver en sala. Desde la pandemia y las huelgas de 2023, el número de estrenos de los grandes estudios de Hollywood ha caído de forma significativa.

A eso se suma la presión para acortar las ventanas de exclusividad en cines antes de lanzar los títulos en plataformas, lo que ha ido entrenando al público a esperar cómodamente en casa en lugar de comprar una entrada. Un hábito difícil de romper, como bien saben los que manejamos cifras de taquilla semana a semana.
La tesis de Aron es sencilla: un Paramount-Warner Bros. fusionado tendría la escala suficiente para producir más películas y competir de tú a tú con Amazon, Apple y Netflix. No se trata de cuántos logos aparecen en los carteles, sino de cuántas películas llegan realmente a las pantallas.
Respuesta a quienes quieren bloquear la fusión
La operación no está exenta de obstáculos. Varios fiscales generales de estados norteamericanos están demandando para impedirla, argumentando que perjudicaría a los operadores de cines. Aron les responde directamente, y con cierta ironía: su demanda, dice, «invierte la economía de nuestro negocio».
Su razonamiento es impecable desde el punto de vista financiero: AMC negocia película a película y sala a sala, y ha rechazado condiciones que no le convenían. Lo que de verdad amenaza a los cines no es un estudio demasiado poderoso, sino un estudio demasiado débil con pocas películas que ofrecer. Una sala vacía no recauda en taquilla, y tampoco vende palomitas (ni de las buenas ni de las otras).
Los compromisos concretos sobre la mesa
La fusión ya ha recibido el visto bueno de autoridades regulatorias de unos 65 países. Ese detalle no es menor: cuando dos tercios del planeta te dan luz verde, el bloqueo dentra en el terreno de lo puramente doméstico. La empresa resultante, liderada por David Ellison, se ha comprometido a estrenar al menos 30 películas al año en salas, con ventana exclusiva mínima de 45 días para VOD premium (el alquiler digital de estreno, ese que pagas para ver la película en casa antes que nadie) y 90 días para plataformas de suscripción.
Ellison ya ha demostrado que va en serio: Paramount pasó de estrenar 8 películas el año pasado a 15 en 2026. Y aquí me pongo personal, porque títulos como Top Gun: Maverick o la saga Misión: Imposible son de esas películas que uno agradece haber vivido en pantalla grande, con el sonido retumbando en el pecho. Ver cómo funcionan primero en cines y después en streaming —exactamente en ese orden— es la mejor demostración de que el modelo aguanta cuando el producto es bueno.
La postura de Aron se puede resumir en una sola frase que él mismo pronuncia: «Un slate débil es una amenaza mucho mayor para nosotros que un estudio fuerte. Más películas significan más venta de entradas». Por si a alguien le suena a chino lo del slate, es simplemente la cartera de estrenos que un estudio tiene programada; cuanto más nutrida, más gasolina para llenar salas. Difícil llevarle la contraria cuando los datos respaldan cada palabra.
Lo que está en juego con esta fusión no es solo el destino de dos estudios históricos, sino el modelo de distribución cinematográfica que conocemos. Si los compromisos se cumplen, las salas podrían disfrutar de un flujo constante de contenido de calidad. Si no, estaremos ante otro episodio de promesas bien intencionadas que se evaporan en cuanto cambia el viento del mercado. Seguiremos los números de cerca. Siempre lo hacemos.

