Colony: el regreso de Yeon Sang-ho al terror zombi

Yeon Sang-ho vuelve al género con Colony, que debuta con un 70% en Rotten Tomatoes, lejos del 95% de Train to Busan. Una película entretenida y llena de acción, pero que carece de la profundidad emocional y el estilo de su predecesora.

✍🏻 Por Tomas Velarde

mayo 22, 2026

• Yeon Sang-ho regresa al género zombi con Colony, que debuta con un 70% en Rotten Tomatoes, lejos del 95% de Train to Busan.

• La crítica señala que la película es entretenida y llena de acción, pero carece de la profundidad narrativa y el estilo de su predecesora de 2016.

• El director coreano demuestra que repetir el éxito de una obra maestra es una tarea casi imposible, incluso para los más talentados.


Hay algo profundamente revelador en el hecho de que un cineasta regrese al género que le dio la gloria. Es un acto de valentía, sin duda, pero también una apuesta arriesgada: ¿cómo superar aquello que ya alcanzó la excelencia?

Yeon Sang-ho lo sabe bien. En 2016, con Train to Busan, no solo revitalizó el cine de zombis, sino que demostró que el género podía ser vehículo de una narrativa humana compleja, de tensión sostenida y de una puesta en escena impecable.

Ahora, una década después, vuelve a ese territorio con Colony, y los primeros veredictos nos recuerdan una verdad incómoda: la repetición rara vez iguala al original.

La pregunta no es si Colony es una buena película. La pregunta es si puede estar a la altura de su predecesora. Y según parece, la respuesta es un rotundo «no del todo».

Pero eso, lejos de ser un fracaso, nos invita a reflexionar sobre las expectativas, sobre la evolución de un autor, y sobre lo difícil que resulta mantener el equilibrio entre espectáculo y sustancia en el cine de género contemporáneo.


Colony ha debutado en Cannes 2026 con un 70% en Rotten Tomatoes, basándose en diez críticas iniciales. Es una puntuación respetable, desde luego, que la sitúa entre las cinco películas mejor valoradas de Yeon Sang-ho.

Sin embargo, la comparación con Train to Busan y su 95% resulta inevitable y, francamente, desfavorable.

La película cuenta con un reparto notable: Jun Ji-hyun, Koo Kyo-hwan, Ji Chang-wook, Shin Hyun-been, Go Soo y Kim Shin-rok. El argumento nos sitúa en una conferencia de biotecnología donde un profesor queda atrapado junto a otros supervivientes tras el estallido de un virus.

El escenario es claustrofóbico, la premisa prometedora. Pero algo falla en la ejecución.

Los críticos coinciden en que Colony funciona como entretenimiento. Es una película de acción apocalíptica, llena de secuencias dinámicas y zombis amenazantes.

Pero ahí radica precisamente el problema: se queda en la superficie.

Lo que hizo grande a Train to Busan no fueron los zombis en sí mismos, sino la forma en que Yeon utilizó el género para explorar la condición humana bajo presión extrema. Aquella película era un estudio de clases sociales, de paternidad, de sacrificio.

Cada personaje tenía un arco definido, cada decisión moral resonaba. La tensión no provenía únicamente de la amenaza física, sino del conflicto interno y externo entre los supervivientes.

En Colony, según apuntan las reseñas, esa profundidad narrativa brilla por su ausencia.

El estilo visual tampoco alcanza la precisión de su predecesora. Recuerdo perfectamente aquel plano secuencia en el vagón del tren, la coreografía milimétrica del caos, la forma en que Yeon controlaba cada elemento del encuadre para maximizar la angustia.

Era cine de género elevado a la categoría de arte.

Colony, por lo que se desprende de las primeras impresiones, opta por un enfoque más convencional, más orientado al espectáculo inmediato que a la construcción de atmósfera y significado.


Vale la pena recordar el contexto de la franquicia Train to Busan. Seoul Station, la precuela animada estrenada poco después del éxito de 2016, obtuvo un perfecto 100% entre la crítica, aunque solo un 40% de aprobación del público.

Una brecha significativa que evidencia la diferencia entre ambición artística y conexión popular.

Train to Busan, en cambio, logró ese equilibrio mágico: 95% de crítica y 89% de audiencia. Era una película que funcionaba en todos los niveles.

Luego llegó Peninsula en 2020, y el desencanto fue palpable. Con un 55% de crítica y un 76% de audiencia, la secuela cometió el error clásico: abandonar lo que funcionaba en busca de un espectáculo más grande.

Más acción, peor CGI, personajes débiles, y una ausencia casi total de la tensión zombi que definía el original.

El cine de zombis, cuando está bien hecho, no necesita explosiones ni persecuciones de coches. Necesita humanidad, necesita miedo genuino, necesita que nos importe quién sobrevive y quién no.

Romero lo entendió perfectamente en La noche de los muertos vivientes. Carpenter lo sabía cuando construía la tensión en La cosa. Y Yeon Sang-ho lo demostró en 2016.


Mientras tanto, Hollywood lleva desde 2018 intentando desarrollar The Last Train to New York, una adaptación americana dirigida por Timo Tjahjanto y con guion de Gary Dauberman.

El productor James Wan ha confirmado que el proyecto sigue en desarrollo, aclarando que no se trata de un remake sino de una continuación.

Uno no puede evitar cierto escepticismo. Las adaptaciones americanas de éxitos asiáticos rara vez capturan la esencia del original. Suelen pulir los bordes, suavizar las aristas, convertir lo específico en genérico.

Colony se estrenará el 21 de mayo de 2026 en Corea del Sur y el 28 de agosto del mismo año en Estados Unidos. Con sus 123 minutos de duración, tendrá tiempo suficiente para desarrollar su historia.

La pregunta es si Yeon Sang-ho ha optado por llenar ese tiempo con sustancia o simplemente con más acción.

El cine de género no es inferior al cine de autor; de hecho, los mejores ejemplos del género son precisamente cine de autor. Hitchcock lo sabía. Carpenter lo sabía. Romero lo sabía. Y Yeon Sang-ho lo demostró en 2016.


Quizá el problema no sea Colony en sí misma, sino nuestras expectativas. Quizá estemos condenando a Yeon a vivir eternamente a la sombra de su obra maestra.

Pero esa es la maldición de crear algo verdaderamente excepcional: todo lo que venga después será medido con esa vara. Y pocas cosas resisten esa comparación.

El regreso de Yeon Sang-ho al género zombi nos recuerda que el talento no garantiza la repetición del milagro. Colony puede ser una película disfrutable, competente incluso, pero parece destinada a ser una nota al pie en la filmografía de su director.

No es un fracaso, pero tampoco es un triunfo.

Es simplemente otra película de zombis en un mercado saturado de ellas, cuando lo que esperábamos era algo más.

Al final, Train to Busan permanecerá como la referencia, como ese momento perfecto en que todo encajó: dirección, guion, actuaciones, ritmo, emoción.

Colony tendrá que conformarse con ser su hermana menor, la que llegó después y nunca pudo igualar la grandeza de la primera.

Y quizá eso esté bien. No todas las películas tienen que ser obras maestras. Pero cuando un director nos ha demostrado que es capaz de alcanzar esas alturas, es inevitable sentir cierta decepción cuando se queda a medio camino.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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