13 Años Después: Por Qué Tintín 2 Puede Fracasar (Otra Vez)

Tras más de una década, Peter Jackson y Fran Walsh escriben la secuela de Tintín, que continuará directamente tras El secreto del Unicornio. Un proyecto que busca capturar la elegancia de Hergé sin caer en el espectáculo vacío.

✍🏻 Por Tomas Velarde

mayo 21, 2026

• Peter Jackson y Fran Walsh están escribiendo activamente el guion de la secuela de Las aventuras de Tintín, que comenzará exactamente donde terminó la primera película de 2011.

• Tras más de una década de silencio, este proyecto representa el avance más concreto en años, con Jackson trabajando página a página desde su habitación de hotel en Cannes.

• El verdadero desafío será capturar la elegancia narrativa de Hergé sin perderse en el espectáculo tecnológico que ha caracterizado el cine de animación contemporáneo.


Hay proyectos cinematográficos que parecen condenados a vivir en ese purgatorio creativo donde las buenas intenciones se encuentran con la realidad de la industria. La secuela de Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio ha sido uno de esos casos que, durante más de una década, ha sobrevivido a base de declaraciones esporádicas y promesas difusas.

Ahora, desde el Festival de Cannes, Peter Jackson ha ofrecido algo que no habíamos visto en años: pruebas tangibles de que el proyecto no solo existe, sino que está siendo escrito activamente.

Lo que hace particularmente interesante este anuncio no es solo la confirmación de que la secuela sigue viva, sino el método de trabajo que Jackson ha revelado. En una era donde el cine de animación digital parece haberse convertido en una cadena de montaje industrial, resulta casi reconfortante saber que dos artesanos del calibre de Jackson y Fran Walsh están trabajando el guion con la paciencia y el cuidado que merece el legado de Hergé.


Durante sus entrevistas en Cannes, Jackson ha sido sorprendentemente específico sobre el estado del proyecto. El director neozelandés confirmó que está escribiendo el guion junto a Fran Walsh, su colaboradora habitual, y que el trabajo avanza página a página.

«Literalmente, estoy en la habitación del hotel escribiendo el guion y enviando páginas a Nueva Zelanda», declaró Jackson, ofreciendo una imagen casi romántica del proceso creativo que contrasta con la maquinaria hollywoodiense contemporánea.

La decisión narrativa más significativa que ha revelado Jackson es que la secuela comenzará exactamente donde terminó la película de 2011. Recordemos que aquella primera entrega, dirigida por Steven Spielberg, concluía con la promesa de una nueva aventura relacionada con el tesoro de Rackham el Rojo.

Sin embargo, Jackson ha matizado que, aunque el punto de partida sea ese, la historia se ramificará hacia territorio nuevo. Es una estrategia narrativa sensata que respeta la continuidad sin quedar atrapada en ella.

El proceso de colaboración entre Jackson y Spielberg mantiene la estructura clásica del cine de antaño, cuando los grandes directores trabajaban codo con codo en lugar de delegar en ejércitos de guionistas anónimos. Jackson y Walsh completarán un primer borrador del guion, que posteriormente enviarán a Spielberg para recibir sus notas.

A partir de ahí, el proceso será de ida y vuelta hasta alcanzar un guion definitivo que satisfaga a ambas partes. Solo entonces revelarán qué material de los álbumes originales de Tintín será adaptado.

Vale la pena recordar que la primera película, estrenada en 2011, fusionó elementos de tres álbumes clásicos: El cangrejo de las pinzas de oro, El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo. Aquella decisión de combinar múltiples historias fue un arma de doble filo.

Por un lado, permitió crear una narrativa más densa y cinematográfica; por otro, sacrificó parte de la elegancia episódica que caracteriza las aventuras originales de Hergé.

La técnica de captura de movimiento que Spielberg empleó en la primera película fue, en su momento, objeto de debate. Personalmente, siempre he considerado que aquella elección estética, aunque técnicamente impresionante, creaba una distancia emocional con los personajes.

Spielberg, un maestro indiscutible de la puesta en escena, parecía más interesado en demostrar las posibilidades de la tecnología que en explorar la profundidad emocional de los personajes de Hergé. Hay algo en la captura de movimiento que, cuando se aplica sin mesura, recuerda a aquellos primeros experimentos del cine sonoro: fascinación técnica que eclipsa la sustancia narrativa.

Jackson, por su parte, tiene experiencia sobrada con esta tecnología tras su trabajo en El Señor de los Anillos y El Hobbit. La pregunta es si habrá aprendido de los excesos visuales que caracterizaron aquellas últimas películas.

El Tintín de Hergé es, ante todo, claridad narrativa y elegancia visual. Cada viñeta es un ejercicio de economía expresiva, algo que el cine contemporáneo parece haber olvidado en su obsesión por el espectáculo.

Este anuncio representa el avance más concreto del proyecto en años. Desde el estreno de la primera película, las noticias sobre la secuela habían sido escasas y poco sustanciales: declaraciones ocasionales de Spielberg o Jackson asegurando que el proyecto no estaba muerto, pero sin ofrecer pruebas tangibles de progreso.

El hecho de que Jackson esté escribiendo activamente, página a página, sugiere un compromiso real con el material.

Sin embargo, no podemos ignorar que han pasado más de trece años desde la primera película. En términos cinematográficos, es una eternidad. El paisaje del cine de animación ha cambiado radicalmente, y el público también.


Lo que este proyecto necesita, más que tecnología puntera o efectos deslumbrantes, es respeto por el material original y una comprensión profunda de lo que hace que las historias de Hergé funcionen. La línea clara, la aventura sin cinismo, los personajes definidos con precisión quirúrgica: estos son los elementos que han mantenido vivo a Tintín durante casi un siglo.

Si Jackson y Spielberg logran capturar eso, tendremos una secuela digna. Si se pierden en el espectáculo vacío, será otra oportunidad desperdiciada.

El cine necesita menos pirotecnia digital y más sustancia narrativa. Tintín merece una película que honre su legado, no un ejercicio técnico que lo utilice como excusa. Por ahora, solo podemos esperar y confiar en que dos cineastas de este calibre entiendan la responsabilidad que tienen entre manos.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

Third Card
{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>