Cliff Booth en 1977: el regreso de Brad Pitt con Fincher

David Fincher toma las riendas de la secuela de Érase una vez en… Hollywood escrita por Quentin Tarantino. Brad Pitt regresa como Cliff Booth en el Hollywood de 1977, en un estreno híbrido IMAX + Netflix. Un proyecto inesperado y fascinante.

✍🏻 Por Alex Reyna

mayo 21, 2026

• Brad Pitt regresa como Cliff Booth en una secuela de Érase una vez en… Hollywood, escrita por Tarantino pero dirigida por David Fincher, ambientada en 1977.

• El proyecto tendrá un estreno exclusivo en IMAX el 25 de noviembre antes de llegar a Netflix el 23 de diciembre, en una estrategia de distribución poco habitual.

• La ausencia de Leonardo DiCaprio y la colaboración entre Tarantino y Fincher convierten este proyecto en uno de los más improbables y fascinantes del año.

Hay películas que funcionan como cápsulas del tiempo. Y luego están las que deciden volver a abrirse para mostrarnos otra época, otro ángulo, otra verdad.

Érase una vez en… Hollywood fue la carta de amor de Tarantino a un Hollywood que ya no existe, pero también una reflexión sobre la nostalgia, la violencia y el paso del tiempo. Que ahora vuelva, sin él en la silla de director pero con su voz en cada línea del guion, es una declaración de intenciones: el cine como conversación continua, no como producto cerrado.

Y si hay algo que me fascina de este anuncio es precisamente eso: la idea de que una historia puede seguir respirando, mutando, encontrando nuevas formas. No estamos ante una secuela al uso. Estamos ante un experimento narrativo donde Tarantino escribe, Fincher dirige, y Brad Pitt vuelve a ponerse en la piel de Cliff Booth, pero en un Hollywood completamente distinto.

  1. Disco, cocaína, el ocaso del Nuevo Hollywood. Un terreno fértil para explorar qué queda de un hombre cuando su época ya pasó.

Un proyecto que desafía toda lógica

Llamar a esto «improbable» es quedarse corto.

Tarantino había mencionado en varias ocasiones que su décima película sería la última, un cierre definitivo a una carrera construida sobre la obsesión y el control absoluto. Las aventuras de Cliff Booth (título provisional) nació como una de esas posibles despedidas.

Pero tras completar el guion, Tarantino tomó una decisión que pocos directores de su calibre tomarían: no dirigirla él mismo. En su lugar, reclutó a David Fincher.

Fincher es un cineasta de precisión quirúrgica, de atmósferas opresivas y personajes atrapados en sistemas que no controlan. Tarantino es todo lo contrario: explosivo, digresivo, enamorado del caos controlado. ¿Qué ocurre cuando la voz de uno pasa por el filtro visual del otro?

Me recuerda a cuando Philip K. Dick veía cómo Ridley Scott transformaba ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en Blade Runner.

El ADN estaba ahí, pero la criatura era otra. Aquí tenemos algo similar: el universo es de Tarantino, pero la mirada será de Fincher. Y esa tensión creativa es donde nacen las cosas interesantes.

Brad Pitt vuelve, pero Leonardo DiCaprio no

Cliff Booth fue uno de esos personajes que se quedan contigo. No por lo que hace, sino por lo que representa: lealtad, violencia contenida, un código moral propio en un mundo que ya no lo entiende.

Brad Pitt ganó el Oscar por ese papel, y con razón. Había algo hipnótico en su forma de habitar la pantalla sin esfuerzo aparente, como si Cliff simplemente existiera en ese Hollywood de 1969.

Ahora vuelve, pero ocho años después en la cronología de la historia. Rick Dalton, el actor interpretado por Leonardo DiCaprio, no aparecerá. Y eso dice mucho.

Porque la primera película era, en el fondo, sobre la relación entre esos dos hombres: el que brilla y el que sostiene. Sin Rick, Cliff queda solo. Y un Cliff solo en el Hollywood de finales de los setenta es un hombre fuera de lugar, un vestigio de otra era.

Cuando vi Her, me obsesioné con la idea de quedar obsoleto en tu propio presente. De seguir existiendo mientras el mundo evoluciona en una dirección que ya no te incluye. Cliff Booth en 1977 es exactamente eso: un replicante que ha sobrevivido a su fecha de caducidad, buscando propósito en un sistema que ya no lo necesita.

El reparto de acompañamiento es sugerente: Elizabeth Debicki, Yahya Abdul-Mateen II, Peter Weller, Scott Caan, Carla Gugino. Nombres que prometen capas, matices, personajes que no estarán ahí solo para rellenar.

IMAX primero, Netflix después

La película se estrenará en salas IMAX el 25 de noviembre, con una ventana exclusiva de dos semanas antes de llegar a Netflix el 23 de diciembre.

Es un modelo híbrido que refleja perfectamente el momento en que vivimos: el cine como experiencia colectiva compitiendo (o conviviendo) con el streaming como acceso universal.

Hay algo poético en que una película sobre Hollywood, sobre el paso del tiempo y la obsolescencia, se estrene precisamente en este formato. Como si la propia distribución fuera un comentario sobre lo que cuenta la historia.

El cine en pantalla grande como ritual, como último bastión de una forma de ver que se resiste a desaparecer del todo. Y Netflix, claro, como el futuro inevitable.

¿Qué nos dice esto sobre nosotros?

Al final, lo que me interesa de este proyecto no es solo la película en sí, sino lo que representa.

Tarantino cediendo el control. Fincher entrando en un universo ajeno. Brad Pitt volviendo a un personaje que ya cerró su arco. Todo esto habla de algo más grande: la idea de que las historias no tienen por qué terminar donde creemos, de que pueden seguir creciendo en direcciones inesperadas.

Vivimos en una época obsesionada con los universos expandidos, con exprimir cada franquicia hasta la última gota. Pero esto no se siente así. Se siente como una pregunta genuina: ¿qué le pasó a Cliff Booth? ¿Qué hace un hombre así cuando el mundo que conocía ya no existe?

Es la misma pregunta que plantea Blade Runner con sus replicantes, o Arrival con su percepción del tiempo. ¿Cómo navegamos un presente que no pedimos? ¿Qué hacemos cuando las reglas cambian y lo que éramos ya no encaja?

Cliff Booth en 1977 es todos nosotros intentando encontrar sentido en un mundo que evoluciona más rápido de lo que podemos adaptarnos. Es el doble de acción que ya no tiene a quién doblar. El soldado sin guerra. El analógico en la era digital.

Y quizá por eso necesitamos esta historia. No como nostalgia, sino como espejo.


Noviembre está a la vuelta de la esquina, y con él, una de las propuestas más singulares del año. No sé si funcionará. No sé si Fincher y Tarantino encajarán como esperamos, o si la ausencia de DiCaprio se sentirá como un vacío o como una liberación.

Pero sé que quiero verlo. Quiero sentarme en una sala IMAX y dejarme llevar por esa conversación entre dos cineastas que admiro, mediada por un personaje que ya demostró que tiene mucho que decir.

Porque al final, de eso va el cine: de seguir haciendo preguntas. Y Las aventuras de Cliff Booth promete hacerlas en voz alta, con estilo, y con la certeza de que algunas historias merecen un segundo acto.

Nos vemos en noviembre.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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