Cine

Brad Pitt cree que la IA salvará el cine de presupuesto medio — y los números le dan la razón

Brad Pitt sostiene que la IA puede resucitar el cine de presupuesto medio abaratando efectos visuales. Los números le respaldan: Bitcoin de Doug Liman ahorró más de 200 millones usando IA en decorados e iluminación. El segmento de 40-90 millones tenía los días contados.

  • Brad Pitt sostiene que la IA podría resucitar el cine de presupuesto medio —entre 40 y 90 millones de dólares— abaratando los efectos visuales y devolviendo a la vida un segmento casi extinto.

  • El actor lleva más de veinte años exigiendo por contrato la propiedad y destrucción de sus escaneos digitales, aunque ahora admite que quizá pecó de precavido.

  • Pitt distingue entre replicar su imagen y reproducir las decisiones que toma en tiempo real durante una interpretación, algo que considera irremediablemente humano.

Opinión: Su argumento sobre los presupuestos medios es el más lúcido y menos manoseado de todo el debate sobre la IA en Hollywood, y los números de taquilla llevan años dándole la razón en silencio.


Hay conversaciones en Hollywood que se repiten tanto que uno ya podría recitarlas de memoria. Actores que temen perder su trabajo, guionistas en pie de guerra, directores reivindicando la creatividad humana frente a la máquina. El debate sobre la inteligencia artificial en el cine sigue ese mismo guion desde hace un par de años, y a estas alturas es casi tan predecible como el tercer acto de una película de Marvel.

Por eso, cuando alguien rompe el molde y plantea algo distinto, merece que le prestemos atención.

Brad Pitt no es exactamente el perfil habitual de defensor tecnológico, pero en una reciente entrevista de portada para Esquire dijo algo que, para alguien como yo —que lleva años mirando cifras de taquilla y preguntándose por qué ciertas películas han desaparecido de la cartelera—, tiene una lógica aplastante. Y cuando un argumento viene respaldado por los números, lo mínimo es sentarse a escucharlo.


El hueco que nadie quiere llenar

Para quien siga de cerca el mercado, la tendencia no sorprende. Hollywood se ha polarizado de forma brutal: por un lado, franquicias con presupuestos que darían para el PIB de un país pequeño; por el otro, producciones de bajo coste pensadas para plataformas o nichos muy concretos. En medio, ese rango de entre 40 y 90 millones de dólares que fue el hogar de los dramas adultos, los thrillers de autor y las películas con ambición comercial sin ser blockbusters, ha quedado en tierra de nadie.

Y aquí es donde tocan los números, que para eso estamos. En 2023, más del 75% de la recaudación doméstica en Estados Unidos vino de la parte alta de la tabla, las grandes franquicias. Piensen en Oppenheimer: 100 millones de presupuesto y una excepción tan comentada precisamente porque es una rareza. O en The Whale, rodada por menos de 3 millones. Lo que casi no encuentran ustedes son títulos en esa franja intermedia, la que antaño nos dio Seven, El club de la lucha o Michael Clayton.

¿La razón? Los costes de producción se han disparado, los efectos visuales cuestan un ojo de la cara y el público ha partido sus hábitos entre la sala y el sofá. Resultado: los estudios ya no ven margen, y un segmento entero del cine —el que más dramas y thrillers de calidad ha parido en las últimas décadas— agoniza.

La propuesta de Pitt es directa: la IA podría recortar justamente esos costes de efectos visuales que ahogan a las producciones medianas. «Hay mucho rechazo hacia la IA, pero va a ser precisamente lo que, usado como herramienta, ayude a que se hagan estas películas de entre 40 y 90 millones de dólares», afirmó. Desde una perspectiva puramente económica, la lógica es sólida. No es una defensa ciega de la tecnología; es identificar dónde puede aportar valor sin sustituir el talento.

Lo que la IA no puede copiar

Brad Pitt en la portada de Esquire hablando sobre el futuro del cine de presupuesto medio y la inteligencia artificial

Dicho esto, Pitt no viene a proclamar que la máquina lo puede todo. Cuando le preguntaron si una IA podría replicar una de sus interpretaciones, reconoció la posibilidad técnica pero señaló algo esencial: reproducir su cara, su voz y sus gestos es una cosa. Capturar las decisiones que toma en tiempo real durante un rodaje es otra completamente distinta.

La interpretación, según el actor, implica reaccionar al otro actor en el momento, adaptarse a lo que pide el director, responder al espacio físico, aprovechar la imprevisibilidad de cada toma. Todo eso genera decisiones irrepetibles. «El producto final podría no ser mis elecciones, lo que yo encontré y descubrí en ese momento», explicó. Es una distinción que va mucho más allá de la habitual retórica sobre el alma humana, y resulta más honesta precisamente por eso.

Veinte años de escaneos y un dilema sin resolver

Uno de los detalles más reveladores de la entrevista es que Pitt lleva más de dos décadas siendo escaneado digitalmente para sus proyectos. Y durante todo ese tiempo ha exigido por contrato ser propietario de esos escaneos y que se destruyan tras su uso. Vamos, que el hombre lleva veinte años triturando copias digitales de sí mismo como quien borra el historial del navegador.

Ahora reconoce cierto arrepentimiento por esa cautela extrema. En un mundo donde la imagen digital de un artista tiene un valor económico creciente, destruir sistemáticamente esos archivos quizá no fue la jugada más estratégica. Es un dilema que toda la industria tendrá que resolver más pronto que tarde: quién posee la imagen digital de un actor y qué derechos tiene sobre ella.

Fuera del cine, Pitt también habló de su experiencia con la IA generativa. Escuchó una canción creada íntegramente por inteligencia artificial y admitió que era sorprendentemente buena. Pero le faltaba algo difícil de definir: esa cualidad específicamente humana que todavía no se puede fabricar del todo.

En cuanto a sus próximos trabajos, tiene en cartera Heart of the Beast y, especialmente llamativa, The Adventures of Cliff Booth, escrita por Quentin Tarantino y dirigida por David Fincher. Una combinación de nombres mayúsculos que, según el propio Pitt, tendrá una estructura más cercana a la televisión episódica que a una secuela al uso. Tarantino escribiendo y Fincher dirigiendo: si ese proyecto sale mal, me como mis hojas de cálculo.


El debate sobre la IA en Hollywood no se va a cerrar en una entrevista de revista, por muy bien planteada que esté. Pero lo que Pitt pone sobre la mesa es exactamente lo que los datos de taquilla llevan años señalando en voz baja: el cine de presupuesto medio está en apuros reales y necesita soluciones reales. Si la inteligencia artificial puede ser parte de esa solución sin sacrificar lo esencial del proceso creativo, sería un experimento que valdría la pena seguir muy de cerca.

Y les aseguro que, cuando lleguen los primeros resultados en taquilla de las producciones que hayan usado estas herramientas, seré el primero en actualizar la hoja de cálculo. Porque si esos números tienen algo que contarnos, prometo traducirlo en algo que merezca la pena leerse.

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