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Brad Bird define Ray Gunn como Buck Rogers meets El halcón maltés: un futuro colorido y optimista en Metropia que esconde corrupción y mentiras.
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El proyecto tiene 30 años y nació pensado en 2D, pero Bird tuvo que sacarlo del sistema de estudios antes de que Netflix, Cinesite y Skydance Animation lo financiaran.
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Sam Rockwell, Tom Waits y Scarlett Johansson ponen voz a la película, que se estrena el 18 de diciembre de 2026 con música de Michael Giacchino.
Hay películas que tardan en hacerse porque son difíciles. Y otras que tardan porque el mundo todavía no sabe qué hacer con ellas. Ray Gunn, lo nuevo de Brad Bird, parece pertenecer a las dos categorías.
El director de El gigante de hierro, Los Increíbles o Ratatouille lleva más de tres décadas con esta idea en la cabeza. Pero conviene matizar, porque él mismo lo hace: no es que la guardara en un cajón esperando su momento. La había dado por muerta.
Buck Rogers se encuentra con El halcón maltés
Bird resume la película con un pitch de ascensor: Buck Rogers meets The Maltese Falcon. Es decir, el futuro algo ingenuo y optimista de la ciencia ficción clásica, con una parte oscura por debajo.
Lo interesante es lo que decide no hacer. Casi todo el cine que imagina el mañana lo pinta sucio, lluvioso y sin esperanza. Bird cita Blade Runner y su lluvia ácida como ejemplo de un futuro en el que nadie querría vivir.
Su apuesta es la contraria: una ciudad, Metropia, que luce colorida y emocionante, pero donde siguen existiendo la corrupción, las mentiras y los compromisos morales de siempre. Me parece una idea muy fértil. Porque quizá el futuro no dé tanto miedo por lo feo que sea, sino por lo bien que pueda disimular lo de siempre.
Una historia que casi no fue
La película sigue al detective privado Raymond Gunn, con la voz de Sam Rockwell, junto a su socio alienígena Eyera (Tom Waits) y una estrella del pop, Venus Nova (Scarlett Johansson). Los arrastra un caso de asesinatos misteriosos.
Bird insiste en que el cartel promocional tiene 30 años, pero que no fue un proyecto que rondara con obsesión todo ese tiempo. En su primer intento, la industria no quiso dar el salto. Cuando surgió otra oportunidad, tuvo que pelear para sacarlo del sistema de estudios, liberarlo de sus condiciones previas y encontrar a quienes aceptaran toda su rareza. «No fue pasivo», viene a decir. Lo único que mantiene intacto es la convicción: era buena idea entonces y lo sigue siendo ahora.
Ahora llega de la mano de Netflix, Cinesite y Skydance Animation.
La película que pudo ser dibujada a mano
Hace tres décadas, Ray Gunn habría sido 2D. Con muchos ordenadores de por medio, sí, pero con un aspecto más cercano al dibujo a mano. Bird, formado junto a los grandes de la animación clásica de Disney, lo dice sin nostalgia amarga: habría estado genial.
La versión final es de animación por ordenador, y él la defiende. Reconoce que fue una decisión vista como comercial y que, cuando alguien pone los recursos, toca colaborar. Lo que no comparte es la creencia, extendida entre ejecutivos nerviosos, de que el público no aceptaría el dibujo a mano.
Qué es (y qué no es) animar personajes
Aquí está, para mí, el corazón de la entrevista. Bird distingue entre animar formas abstractas, como convertir un perro en un avestruz, y la animación de personajes. Según él, esto último separa a los profesionales de los aficionados.
Su filosofía es que la postura, los gestos, el rostro y la manera de ocupar una habitación ya cuentan quién es alguien. El problema es que ese detalle es caro, lento y tedioso, así que el oficio tiende a estandarizar. Su ejemplo favorito son los dientes: siempre la misma hilera de presentador de concurso. Y sin embargo cada boca es distinta.
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Cita la dentadura peculiar de Warren Beatty, atractiva y rara a la vez.
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Recuerda a Medusa, de Los rescatadores, animada por su mentor Milt Kahl.
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En Ray Gunn, Venus Nova tiene un pequeño espacio entre los dientes delanteros.
«Ese es el nombre del juego», resume.
Dos hombres sentados en un coche
Bird recuerda la escena de Los Increíbles en la que Bob y Lucius solo hablan dentro de un coche. Técnicamente, no hacen nada de lo que se supone que debe hacer la animación: ni malabares ni baile. Aun así, los animadores se peleaban por hacerla, porque dos personajes distintos hablando de otro tiempo exigen que todo se sienta en los movimientos más sutiles.
En Ray Gunn habrá escenas tranquilas así, y también secuencias de acción que se desmadran. Para Bird, ahí está la gracia: el gran espectáculo solo importa si nos creemos a quienes lo habitan.
El noir como territorio extremo
Sus referencias van más allá de El halcón maltés y Blade Runner: Out of the Past, El sueño eterno, L.A. Confidential y Atraco perfecto. Pero la reina es Chinatown, que define como una película perfecta. Si Ray Gunn alcanzara una décima parte de su nivel, dice, sería gloria.
Su razonamiento sobre el género me parece lúcido. El noir ya es de por sí un mundo de personajes extremos, y la animación bien trabajada permite exagerar esa esencia en lugar de limitarse a copiarla. La diferencia, afirma, es la animación misma.
Pantalla grande, plataforma de streaming
Ray Gunn llegará sobre todo a través de Netflix, y Bird no esconde su amor por las salas. Pero es honesto: para que alguien vea una película en pantalla grande, primero tiene que existir, y Netflix dio el salto y puso los recursos para hacerla a gran escala. Se proyectará en algunos cines, y él espera que se vea por primera vez allí, aunque lo que más agradece es que exista.
Tiene su ironía. Una historia sobre un futuro reluciente que oculta sus sombras ha necesitado tres décadas para encontrar quien confiara en ella. A veces las ideas no caducan: esperan a que el presente esté preparado para su rareza.
La película se estrena el 18 de diciembre de 2026, con Michael Giacchino a la música. Yo, de momento, tengo ganas de ver cómo se mueve un detective cuando alguien se ha tomado el tiempo de pensar cómo respira.

