Cine

DreamWorks lleva el folclore filipino a su película más personal

Joel Crawford y Januel Mercado ambientan en las Filipinas de los noventa una aventura sobre dos amigas que, para volver a casa desde una isla mágica, deben renunciar a sus recuerdos compartidos. La crítica le da cuatro estrellas y media.

  • Forgotten Island es lo nuevo de Joel Crawford y Januel Mercado, directores de El gato con botas: el último deseo, ambientado en las Filipinas de los años noventa.

  • Dos amigas inseparables acaban en la isla mágica de Nakali y solo pueden volver a casa renunciando a los recuerdos que comparten.

  • La crítica de DiscussingFilm le da cuatro estrellas y media y destaca su mezcla de anime 2D y animación 3D, con un reparto que incluye a Dave Franco y Lea Salonga.

Hay películas de animación que te hacen reír y otras que te dejan pensando en una persona concreta. Forgotten Island, la nueva propuesta de DreamWorks, pertenece a las segundas sin renunciar a las primeras.

Joel Crawford y Januel Mercado, los directores de El gato con botas: el último deseo, firman una historia ambientada en las Filipinas de los años noventa. Su apuesta es muy concreta: cuanto más específica es la cultura que retrata, más universal resulta lo que cuenta.

Una isla que exige un sacrificio

Jo (con la voz de H.E.R.) y Raissa (Liza Soberano) son amigas inseparables desde la infancia. Las unen la imaginación desbordada y la fascinación por el folclore filipino, sobre todo por las historias de la isla olvidada de Nakali, que la abuela de Jo les contaba de pequeñas.

Entonces llega la bifurcación. Raissa ha aceptado estudiar ingeniería aeroespacial en Caltech, en Estados Unidos, y no se lo ha dicho a Jo. Para la familia de Raissa, Jo es el ancla que frena a su hija. Para Jo, Raissa se dispone a soltar un lazo que ella no quiere soltar.

La víspera del vuelo se abre un portal mágico y ambas acaban en Nakali. Volver a casa tiene un precio: renunciar a los recuerdos que comparten, simbolizados en sus pulseras de la amistad. Para volver tienen que olvidarse.

Es una metáfora muy potente. A veces crecer implica elegir qué parte de nuestra historia común cargamos con nosotros y cuál dejamos atrás.

Una resaca mágica con corazón

Al despertar en la playa, las dos han perdido la memoria de la noche anterior. Lo que sigue es una aventura de reconstrucción al estilo de Resacón en Las Vegas, con un guía de lo más sospechoso: Raww, al que da voz Dave Franco.

El guion sostiene un equilibrio difícil. Los chistes llegan a toda velocidad, con muchos gags que se pagan más adelante, pero nunca desactivan lo que está en juego. El humor no tapa la herida, la acompaña.

Y la herida tiene dos lados. Raissa solo mira hacia delante, presionada por la familia y por su propia ansiedad. Jo se queda anclada en el presente, quizá como una forma de rebeldía ante la facilidad con que su amiga está dispuesta a marcharse.

Amigas imperfectas, como las de verdad

La película nace en parte de la propia amistad de sus directores. Han citado como inspiración a dos mujeres filipinas reales: Kathy, la esposa de Crawford, y Jo, la hermana de Mercado. Se nota en los detalles: las canciones de época, las referencias culturales muy concretas, la ropa. Cada elemento aporta algo a la relación entre las protagonistas.

Lo más valioso, para mí, es que el filme no esconde los defectos de sus protagonistas. Raissa y Jo pueden ser frustrantes, injustas, incluso insoportables la una con la otra. Es raro ver esa honestidad en una película de animación hecha en Hollywood.

El resultado es que, según avanza la trama, uno cambia varias veces de opinión sobre quién tiene razón. Y las lágrimas, según la crítica de Andrew J. Salazar, se ganan sin manipulación.

Un reparto coral donde nadie sobra

El elenco de voces es enorme: Manny Jacinto como el demonio bebé Bungi, Kevin McCann como el príncipe acuático Mermahn, Ronny Chieng como el malhumorado rey Truffle Wuffle de los duwende, Jenny Slate como Batiba y la gran Lea Salonga como la temible Manananggal.

El riesgo era evidente: tantas criaturas del mito filipino podían convertirse en un desfile de cameos. Sin embargo, incluso los secundarios que parecen puro chiste o puro obstáculo tienen sus propias grietas.

Muchos de ellos guardan secretos. No mienten por maldad, sino por miedo a perder el cariño y la compañía. Esa idea conecta con el tema central: casi todos tememos quedarnos solos antes de saber cómo pedir que alguien se quede.

DreamWorks sigue reinventándose

El estudio atraviesa una etapa de renovación visual, con títulos como El gato con botas: el último deseo, The Bad Guys, Robot salvaje o Dog Man, que se alejan del 3D más clásico hacia algo más pictórico e impresionista.

Aquí dan un paso más al integrar elementos del anime 2D en la propia narración, no solo en un par de secuencias. Hay guiños a Dragon Ball y Sailor Moon, pero no funcionan como truco: son una extensión de los personajes. Cuanto más exagerados y de dibujo animado se vuelven, más humanos parecen.

La música de Nathan Matthew David, uno de los talentos filipinos que participan detrás de las cámaras, refuerza ese carácter de homenaje.

Lo específico como puerta de entrada

Quizá lo más interesante de todo es la lección de fondo. Mientras otros estudios parecen huir de las historias demasiado particulares por miedo a no llegar a todo el mundo, esta película demuestra lo contrario: la especificidad cultural es la vía más directa hacia la emoción universal.

No hace falta ser filipino, ni haber vivido los noventa, para entenderla. Basta con haber sentido ese vértigo de ver cómo alguien cercano empieza a alejarse, y con haberse preguntado qué parte de esa persona nos llevaremos.

  • Dirección y guion: Joel Crawford y Januel Mercado.

  • Duración: 108 minutos.

  • Estreno en cines: 25 de septiembre de 2026.

  • Valoración de la crítica fuente: cuatro estrellas y media sobre cinco.

Quizá el verdadero tema de Forgotten Island sea este: no se trata de aferrarse para no perder, sino de aprender a querer también a la distancia. Y que eso lo diga una película de animación, con humor y con riesgo, ya es una pequeña victoria.

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