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Warner Bros. Pictures negocia los derechos cinematográficos de Theo of Golden, la novela de Allen Levi que ha vendido más de 3,5 millones de ejemplares solo en Estados Unidos, con Tom Hanks en conversaciones para protagonizarla y producirla.
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En mi opinión, pocos actores vivos poseen hoy la capacidad de Hanks para transmitir humanidad sin resbalar hacia el sentimentalismo fácil: si este proyecto sale bien, será precisamente porque el material y el intérprete se buscaban el uno al otro.
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El recorrido del propio libro es casi tan cinematográfico como su trama: autopublicado por un abogado reconvertido en músico que rondaba los 70 años, conquistó el mundo por el boca a boca y el empujón decisivo del podcast de Oprah Winfrey.
Hay proyectos que uno intuye, antes incluso de que se rueden, que albergan algo especial. No por los efectos especiales, ni por la franquicia detrás, ni por el universo expandido de turno. Sino porque la materia prima es sólida, el actor es el idóneo y la historia tiene ese peso específico que no todo el dinero del mundo puede fabricar. Cuando me llegó la noticia de que Tom Hanks estaba en conversaciones para protagonizar la adaptación de Theo of Golden, sentí algo que llevaba tiempo sin sentir: genuina curiosidad.
Y lo digo con la cautela que dan los años. El cine actual me ha acostumbrado a la decepción. Vivimos en una era de secuelas perpetuas y de franquicias que devoran cualquier atisbo de originalidad. Pero de vez en cuando aparece un proyecto que rompe esa inercia. Éste, por sus ingredientes, tiene toda la pinta de ser uno de ellos.
Warner Bros. Pictures está negociando los derechos cinematográficos de Theo of Golden, la novela de Allen Levi que ha conquistado a lectores en todo el mundo de una forma que pocas obras consiguen hoy en día: sin ruido publicitario, sin campaña de marketing multimillonaria, con la fuerza silenciosa del boca a boca. Y es en ese mismo marco donde Hanks negocia encarnar al protagonista.
La historia sigue a Theo, un hombre que llega al ficticio pueblo de Golden y queda fascinado por una serie de retratos al lápiz de los residentes expuestos en una cafetería. Theo compra los dibujos y decide entregarlos personalmente a cada uno de los retratados. Lo que comienza como un gesto casi caprichoso se convierte en una sucesión de encuentros que le obligan a confrontar su propio pasado doloroso.
Es, en esencia, el tipo de historia que el cine sabe contar cuando quiere. Íntima, de personajes, con capas emocionales que se revelan de forma gradual. Me recuerda en espíritu —aunque no en forma— a ciertos filmes del Hollywood clásico que sabían construir la emoción sin gritar. La sobriedad con la que Billy Wilder abordaba el dolor humano, o la precisión narrativa de William Wyler en The Best Years of Our Lives, esa escena imborrable en la que Homer, el marinero mutilado, muestra sus prótesis a su prometida en la penumbra de un dormitorio y Wyler resiste la tentación de subrayar nada. El material tiene ese potencial.
Tom Hanks: el hombre adecuado

Que Hanks sea el candidato para encarnar a Theo no debería sorprender a nadie que conozca su trayectoria. Es un actor que lleva décadas demostrando una capacidad poco común para transmitir verdad emocional sin artificio. Lo vimos en Philadelphia, en The Green Mile y, sobre todo, en aquel plano de Cast Away en el que su personaje pierde a Wilson en el mar: sin una sola línea de diálogo, solo un rostro devastado, Hanks sostiene la escena con una economía de gestos que muchos actores tardarían una carrera entera en aprender. Tiene esa cualidad rara: la de hacer que el espectador olvide que está viendo a un actor.
Además, Hanks participará también como productor, junto a Gary Goetzman —su habitual colaborador en Playtone— y Gil Netter, productor con un historial sólido en adaptaciones literarias: Marley & Me, La vida de Pi, Just Mercy o Agua para elefantes.
Y aquí surge la pregunta que más me inquieta: ¿quién debería dirigir esto? Una historia tan contenida no admite el subrayado ni la partitura invasiva. Exige una puesta en escena paciente, planos largos que respeten el silencio, una cámara que sepa cuándo quedarse quieta. En manos de un cineasta enamorado del montaje frenético, este relato se desmoronaría. Necesita a alguien que entienda que la emoción, en el cine, casi siempre nace de lo que no se muestra.
Un libro que llegó solo
Lo que hace especialmente interesante este proyecto es la historia detrás de la novela. Allen Levi, abogado reconvertido en músico que vivía en una isla de Georgia, publicó Theo of Golden en 2023, su primera novela, con apenas promoción. Frisaba los 70 años. El libro comenzó a circular por recomendación personal, con la ayuda determinante de su sobrina Aron Ritchie.
Medios como The Washington Post, The Wall Street Journal y The New York Times acabaron prestándole atención. El momento decisivo llegó cuando Oprah Winfrey habló del libro en su podcast, disparando su visibilidad de forma exponencial. Simon & Schuster publicó la edición de gran tirada en octubre, y desde entonces se han vendido más de 3,5 millones de ejemplares solo en Estados Unidos. El libro ha sido traducido a 43 idiomas y ha encabezado listas de superventas en el Reino Unido, Italia y los Países Bajos.
Se han trazado comparaciones con Los puentes de Madison, la novela de Robert James Waller que también encontró primero su audiencia entre lectores de cierta edad antes de dar el salto a la pantalla. La película de Clint Eastwood con Meryl Streep fue, hay que reconocerlo, mejor de lo que muchos esperaban: aquel plano de Streep con la mano temblando sobre la manija del coche, bajo la lluvia, decidiendo entre quedarse o marcharse, es una de las cimas emocionales del cine de los noventa. Ojalá este proyecto siga un camino similar.
Por su parte, Levi participará como productor ejecutivo en la adaptación, lo cual siempre es una señal a tener en cuenta. La implicación del autor en el proceso puede ser garantía de fidelidad al texto… o una fuente de conflictos creativos. Habrá que ver cómo se gestiona ese equilibrio.
Theo of Golden llega al cine en el momento adecuado. El cine íntimo, el cine de personajes, el cine que se atreve a ser pausado y silencioso, lleva años luchando por encontrar su espacio en las carteleras. Una historia así, con Hanks al frente, podría recordarle al gran público que no todo tiene que explotar para conmover.
Me quedo a la espera, con la cautela que me da la experiencia y con la esperanza que nunca he conseguido perder del todo. Porque de vez en cuando el cine —incluso el cine de hoy— te recuerda por qué uno empezó a quererlo.

