- Kevin Feige ha confirmado que Avengers: Secret Wars no será solo un cierre de la Saga del Multiverso, sino una reinvención completa del UCM desde sus cimientos.
- Robert Downey Jr. vuelve al universo Marvel, pero no como Tony Stark: será Doctor Doom, y eso lo cambia absolutamente todo.
- La película se inspira en el aclamado arco de cómic de Jonathan Hickman y Esad Ribic, aunque sin ser una adaptación directa.
- 💬 Mi opinión: llevo años esperando que Marvel se atreva a hacer algo así con Secret Wars. Es la historia con más potencial para sacudir el UCM de verdad, pero también la más fácil de destrozar si no se hace bien.
- 📅 Fecha de estreno confirmada: 17 de diciembre de 2027
Hay momentos en los que ser fan de Marvel desde los cómics tiene sus ventajas. Cuando Jonathan Hickman y Esad Ribic publicaron su run de Secret Wars en 2015, yo ya sabía que esa historia era una bomba de relojería esperando a explotar en la gran pantalla. No era un crossover más: era una historia sobre el fin de todo, la reconstrucción del universo y el poder absoluto. Épica a una escala que pocas veces se ve en los tebeos.
Y ahora Kevin Feige acaba de confirmar que Marvel Studios tiene esa misma ambición para el cine. No sé si debería estar emocionada o nerviosa. Probablemente las dos cosas a la vez, como cuando suena el tema de los Vengadores por primera vez y se te pone la piel de gallina justo antes de temer que la escena no esté a la altura.
Feige ha hablado abiertamente sobre los planes para Avengers: Secret Wars, y lo que ha dicho no tiene desperdicio. La película no va a ser simplemente el capítulo final de la Saga del Multiverso. Va a ser, según sus propias palabras, una oportunidad para destruir y reconstruir el UCM de forma que permita abrir puertas que ahora mismo están cerradas, conservando a la vez todo lo que ha funcionado.
La referencia que usó Feige no puede ser más clara para cualquiera que haya leído los cómics:
«Como Loki reuniendo las ramas perdidas de la línea temporal al final de todo, recogeremos los hilos del arco de Hickman y Ribic y de todos los que vinieron antes, y tejeremos una nueva historia inspirada en el vasto tapiz de nuestros cómics y películas.»
Y aquí me permito mi lectura personal, porque esa metáfora me parece tan acertada como arriesgada. Acertada porque el final de Loki fue precisamente eso: un personaje sosteniendo el peso de infinitas realidades para que todo siga teniendo sentido. Pero arriesgada porque, si algo aprendimos con esa serie, es que «unir las ramas» puede sonar precioso sobre el papel y quedarse en algo abstracto y frío si no hay emoción humana detrás. Feige está prometiendo mucho con esa frase. Ojalá sepa cumplirlo.
Para los que no hayan leído el cómic original —y os recomiendo encarecidamente que lo hagáis antes de 2027—, aquí va el contexto rápido.
En la versión de Hickman y Ribic, el multiverso colapsa. Todos los universos se destruyen entre sí en eventos llamados incursiones, hasta que solo queda un fragmento de realidad: Battleworld, un planeta patchwork hecho de pedazos de mundos diferentes. Y quien lo gobierna todo, con poder casi divino, es Doctor Doom.

Eso es lo que Marvel quiere traer al cine. No copiado viñeta a viñeta, sino como inspiración para hacer algo nuevo que dialogue con toda la historia del UCM acumulada en más de 30 películas.
Ahora hablemos del elefante en la sala: Robert Downey Jr. como Doctor Doom.
Cuando se anunció, la reacción del fandom fue… digamos que compleja. Porque RDJ es Tony Stark. Es Iron Man. Verle con otra cara, otra voz, otro personaje es un ejercicio de disociación que no todo el mundo está dispuesto a hacer.
Pero pensadlo desde la perspectiva del lore. Si Doctor Doom alcanza en el cine un estatus similar al del cómic, si llega a ser literalmente un dios que reconstruye la realidad a su imagen y semejanza, entonces tiene todo el sentido que sea el actor más icónico del UCM quien lo interprete. No es un guiño nostálgico: es un movimiento narrativo con peso. Me recuerda un poco a cuando en los cómics un rostro conocido esconde algo mucho más grande, y tú, como lector, tardas páginas en asimilarlo.
Y los hermanos Russo vuelven para dirigirlo. Anthony y Joe Russo ya demostraron con Infinity War y Endgame que saben manejar un elenco gigantesco sin que la historia se desmorone. Si alguien puede gestionar la escala de Secret Wars, son ellos.
Lo que más me interesa de todo esto no es la espectacularidad, sino las posibilidades que abre.
Un multiverso destruido y reconstruido significa que Marvel puede introducir a los X-Men y a los 4 Fantásticos de forma orgánica. Puede traer de vuelta a personajes que murieron. Puede presentar versiones alternativas de héroes que ya conocemos. Puede, en definitiva, resetear lo que no ha funcionado sin borrar lo que sí.
Es una carta comodín enorme. Y eso, dependiendo de cómo se use, puede ser lo mejor o lo peor que le ha pasado al UCM.
Aquí está la verdad incómoda que los fans más críticos tenemos que reconocer: Marvel lleva unos años en un bache creativo notable. Hay series de Disney+ que no han estado a la altura, arcos de personajes que se han diluido y un Kang que se ha quedado por el camino.
Y sobre Kang conviene ser claros, porque no todo el mundo sigue las noticias del día a día: Jonathan Majors, el actor que lo interpretaba y sobre quien se iba a sostener toda esta saga, fue apartado por Marvel tras ser condenado por agresión. Eso obligó al estudio a replantear sus planes sobre la marcha y a redirigir el foco hacia Doom. De ahí que el gran villano del multiverso haya cambiado de cara en el último momento.
Secret Wars es, por tanto, su oportunidad de hacer un gran reset narrativo. De volver a ilusionar a los fans que se han ido distanciando y de recompensar a quienes hemos seguido ahí pese a todo.
Pero solo funcionará si hay una historia real detrás del espectáculo. Si hay emoción, consecuencias, personajes que importen. Si no es solo fuegos artificiales con referencias cruzadas para que el fan de turno aplauda en la butaca.
El 17 de diciembre de 2027 sabremos si Marvel se ganó esa apuesta. Yo, de momento, sigo siendo optimista. Con reservas, pero optimista.

