¿Por qué The Mandalorian and Grogu divide a la crítica?

Con un 62% en Rotten Tomatoes, The Mandalorian and Grogu es acusada de sentirse como un episodio largo, pero celebra la artesanía práctica y el regreso a la aventura autocontenida que definió el Star Wars clásico.

✍🏻 Por Alex Reyna

mayo 22, 2026

The Mandalorian and Grogu ha recibido un 62% en Rotten Tomatoes, criticada por sentirse como una «misión secundaria» cuando en realidad recupera el espíritu de aventura pulp que definió el Star Wars original.

• El rechazo revela algo incómodo: decimos querer historias sencillas y autocontenidas, pero hemos sido condicionados a esperar que cada película «importe» para algo más grande, reflejando nuestra ansiedad moderna ante experiencias que simplemente existen sin expandirse.

• La película abraza la artesanía práctica y los efectos tangibles en una era de CGI homogéneo, una elección estilística que conecta con el cine de fantasía clásico pero que algunos malinterpretan como deficiencia técnica.


Hay algo profundamente irónico en cómo recibimos las historias que decimos querer. Durante años, parte del fandom de Star Wars ha pedido a gritos que la saga vuelva a sus raíces, que abandone la obsesión por conectarlo todo, que deje de lado las amenazas cósmicas y simplemente nos cuente aventuras.

Y ahora que The Mandalorian and Grogu hace exactamente eso, la respuesta ha sido… tibia. Un 62% en Rotten Tomatoes. Críticas que la tachan de «misión secundaria». Como si eso fuera un defecto.

Me pregunto si hemos olvidado qué era Star Wars antes de convertirse en mitología. Antes de los debates sobre midiclorianos y líneas temporales. Antes de que cada película tuviera que «significar algo» para el futuro de la franquicia.

Porque si pausamos un momento y recordamos, la magia original no estaba en la complejidad, sino en la aventura pura.

El problema no es la película, es nuestra relación con las historias

Cuando George Lucas creó Star Wars, no estaba pensando en construir un universo cinematográfico interconectado. Estaba haciendo su versión de Flash Gordon, mezclando samuráis, westerns y seriales de aventuras de los años 40. Era pulp. Era energía pura envuelta en efectos especiales y personajes carismáticos.

The Mandalorian and Grogu vuelve a ese espíritu.

La película sigue a Din Djarin y Grogu en una misión que involucra a Rotta el Hutt, señores de la guerra imperiales y la Nueva República. No hay superarmas. No hay profecías. No necesita redefinir el futuro de la galaxia.

Es una aventura autocontenida, del tipo que solíamos ver en las matinés de los sábados.

Y sin embargo, eso se ha interpretado como una debilidad. Los críticos han señalado que se siente como un «episodio largo». Pero esa es exactamente la intención.

El problema es que hemos sido condicionados a esperar que cada entrada de Star Wars mueva fichas en un tablero más grande. Que cada historia «importe» para algo más allá de sí misma.

Y eso dice algo inquietante sobre nosotros. Hemos desarrollado una ansiedad cultural ante lo autocontenido. Como si una experiencia que no se expande, que no promete secuelas, que no deja hilos para teorías futuras, fuera de algún modo… insuficiente.

¿Cuándo decidimos que una historia completa en sí misma dejó de ser suficiente?

La artesanía como acto de resistencia

Algo que me fascina de The Mandalorian and Grogu es su compromiso con la artesanía práctica. Criaturas reales. Puppets. Miniaturas. Visuales inspirados en stop-motion.

En una época donde todo se resuelve con CGI, esta película abraza técnicas que le dan una textura única.

Algunos críticos han señalado ciertos efectos visuales como «deficientes». Pero creo que están malinterpretando una elección estilística deliberada. Hay una diferencia entre algo que se ve mal porque está mal hecho, y algo que se ve «artesanal» porque busca evocar el cine de fantasía clásico.

Recuerdo ver The Dark Crystal de niño. O las criaturas de Labyrinth. No se veían «reales» en el sentido fotorrealista. Pero tenían presencia. Tenían alma. Porque eran objetos físicos frente a la cámara, no píxeles generados en postproducción.

The Mandalorian and Grogu busca esa misma sensación.

Y en un panorama donde todo tiende a la homogeneidad visual del CGI perfecto, esa decisión merece ser celebrada. Es casi un acto de resistencia contra la uniformidad estética que domina el blockbuster moderno.

Hay algo profundamente humano en lo imperfecto, en lo tangible. Y esta película lo entiende.

¿Qué dice nuestro rechazo sobre nosotros?

Aquí está la pregunta incómoda: ¿qué queremos realmente de Star Wars?

Porque si escuchamos las conversaciones del fandom, parece que queremos aventuras sencillas. Personajes carismáticos. Diversión sin pretensiones. Menos conexiones forzadas con la «gran mitología».

The Mandalorian and Grogu ofrece exactamente eso.

Y aun así, la respuesta ha sido tibia. Porque en el fondo, creo que hemos desarrollado una relación complicada con la franquicia. Queremos que sea importante. Queremos que cada película «cuente». Queremos eventos, no simplemente películas.

Pero esto refleja algo más amplio. Vivimos en una era donde el streaming nos ha entrenado para consumir narrativas como si fueran maratones infinitos. Donde cada historia es un capítulo de algo mayor. Donde nada termina realmente, solo pausa hasta la siguiente temporada.

Hemos perdido la capacidad de apreciar lo completo. Lo cerrado. Lo que simplemente es.

Star Wars no nació como evento. Nació como aventura. Y esta película lo recuerda.


Quizás el verdadero problema no es la película, sino que hemos olvidado cómo disfrutar de una aventura sin analizarla hasta la muerte. Sin preguntarnos qué significa para el futuro de la franquicia. Sin compararla con todo lo que vino antes.

The Mandalorian and Grogu no necesita ser más de lo que es. Es divertida. Es artesanal. Captura el espíritu de lo que hizo especial a Star Wars en primer lugar.

Y si eso no es suficiente, tal vez el problema no está en la pantalla, sino en cómo hemos aprendido a mirarla.

A veces, lo más valiente que puede hacer una película es simplemente ser una buena aventura. Nada más. Nada menos.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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