Cine

Netflix pone a Andrés Baiz al frente de su propio Top Gun

Netflix confía en el director colombiano Andrés Baiz para levantar su propio Top Gun. Tras una década construyendo originales que marcan la conversación global, la plataforma busca ahora su gran espectáculo.

  • Netflix ha necesitado más de una década para levantar un catálogo de originales que hoy forma parte de la conversación cultural global, con hitos como Squid Game, Wednesday o The Queen’s Gambit.

  • El director colombiano Andrés Baiz, conocido por Narcos, prepara para la plataforma un thriller de acción de gran escala con el espíritu espectacular de Top Gun.

  • Un historial de récords —números uno en decenas de países, tableros de ajedrez agotados y fenómenos virales— convierte este proyecto en una de las apuestas más prometedoras de la casa.


Hay algo profundamente revelador en el tipo de historias que eligen las grandes plataformas en cada momento. No como producto, sino como síntoma. Netflix lleva más de una década siendo uno de los mejores termómetros de lo que nos preocupa, nos seduce y nos une como audiencia global.

Cada vez que un título suyo se convierte en conversación planetaria —de Squid Game a La Casa de Papel, de Wednesday a The Queen’s Gambit— en realidad estamos leyendo un mapa muy preciso de quiénes somos en ese momento concreto.

Por eso la noticia de que Andrés Baiz está desarrollando un thriller de acción al estilo de Top Gun invita a la misma lectura. ¿Por qué ahora? ¿Por qué este tipo de cine? ¿Y qué dice que sea Baiz, con toda su experiencia en el thriller político latinoamericano, quien lleve las riendas?

El origen de todo: cuando Netflix decidió apostar en serio

Febrero de 2013. Netflix estrena House of Cards y, casi sin avisar, reescribe las reglas del entretenimiento. No solo porque la serie fuera extraordinaria, sino porque fue una de las primeras producciones de streaming en colarse con seriedad en los grandes premios de la televisión.

La industria tuvo que reajustar su brújula de golpe. De repente, la legitimidad dejaba de ser patrimonio exclusivo de las cadenas tradicionales.

Lo que siguió fue una acumulación de fenómenos difíciles de repetir. Stranger Things convirtiendo Hawkins en un estado mental colectivo. The Crown devolviéndole humanidad a los protocolos reales. Y Wednesday, dirigida por Tim Burton, arrasando en TikTok con un baile que nadie vio venir.

El director colombiano Andrés Baiz, responsable de Narcos, presentando un proyecto para Netflix

Y luego, Squid Game. Más de 1.600 millones de horas en su primer mes y el número uno en prácticamente todos los territorios donde se estrenó. Eso no es solo un éxito comercial: es un fenómeno que dice algo del momento histórico que habitamos.

La lección de The Queen’s Gambit: el algoritmo no lo hace todo

Hay un ejemplo que me parece especialmente revelador. En sus primeras semanas, decenas de millones de hogares vieron la miniserie protagonizada por Anya Taylor-Joy. Pero lo sorprendente ocurrió fuera de la pantalla.

Chess.com se saturó de usuarios nuevos. Las tiendas se quedaron sin tableros de ajedrez en medio mundo.

Una historia sobre una niña prodigio en los años sesenta desató un boom global del juego. Eso no lo hace el algoritmo. Lo hace la narrativa bien construida.

Y ahí está la clave para entender por qué el anuncio de Baiz importa. Netflix ha aprendido que el gran espectáculo necesita directores que sepan qué están contando, más allá del espectáculo en sí.

Baiz y el thriller de acción: más que un Top Gun en español

Baiz no es un desconocido. Su trabajo en Narcos —una serie que, bajo la coartada del género criminal, es en realidad un estudio sobre el poder y sus consecuencias— lo convirtió en uno de los directores más interesantes de su generación.

Que ahora prepare un thriller con el espíritu de Top Gun parece un salto de género. No creo que lo sea.

Top Gun no es solo acción. Es una película sobre identidad, sobre la relación entre el individuo y las estructuras que lo moldean. Y esa tensión, la del ser humano frente al sistema que lo define, es la misma que me obsesiona en Blade Runner o en Dune: la pregunta de hasta qué punto elegimos, o solo obedecemos.

En manos de alguien que sabe construir personajes con lógica interna, ese material tiene potencial para ser algo más que adrenalina bien filmada. La pregunta que me hago no es si la película será entretenida, sino qué tendrá que decir.

Y quizá esa sea la señal más interesante. Si el espectáculo de acción a gran escala vuelve con fuerza, tal vez sea porque necesitamos volver a creer en historias de individuos capaces de mover estructuras enormes. Un síntoma, otra vez.

En el cine —como en la ciencia ficción que tanto me ocupa— las mejores historias siempre empiezan con una pregunta que todavía no tiene respuesta.

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