- Las primeras reacciones a los dos episodios iniciales son abrumadoramente positivas, con la interpretación de Summer H. Howell como Carrie White señalada como su mayor fortaleza.
- La adaptación traslada la historia al presente y pone el foco en las ansiedades adolescentes de la era digital y el ciclo de la violencia en un mundo hiperconectado.
- La serie, de ocho episodios, llega a Prime Video el 7 de octubre con Stephen King como productor ejecutivo y Mike Flanagan como creador, guionista y showrunner.
- 💬 Opinión de Álex: Lo que más me interesa no es si supera a la película de De Palma, sino si Flanagan logra que una historia de 1974 nos diga algo verdadero sobre lo que significa ser joven y diferente hoy. Y por lo que se ve, parece que sí.
Hay adaptaciones que llegan para tapar un hueco en el mercado. Y hay adaptaciones que llegan porque alguien tiene algo que decir.
Mike Flanagan lleva años demostrando que pertenece a la segunda categoría. Con The Haunting of Hill House, con Midnight Mass, con The Fall of the House of Usher, ha convertido el horror en una herramienta para hablar de duelo, fe, adicción, muerte. No es un artesano del susto. Es alguien que usa el género como lente para mirar al ser humano. Por eso, cuando se anunció que adaptaría Carrie de Stephen King en formato serie para Prime Video, la pregunta no era si lo haría bien. La pregunta era qué quería decir con ello.
Una novela corta que se convierte en ocho episodios
Una de las dudas más razonables que generó este proyecto desde el principio era estructural: Carrie es una novela relativamente breve. King la escribió en 1974 y estuvo a punto de tirarla a la papelera. ¿Puede sostenerse durante ocho episodios sin diluirse?
Según los primeros críticos que han accedido a los dos capítulos iniciales, la respuesta es sí.
Bill Bria, de /Film, escribió que sus reticencias se evaporaron en los primeros minutos: «Mike Flanagan vuelve a obrar su magia como adaptador. Relevante, reverente y sorprendente.» No es un cumplido menor viniendo de alguien que sigue de cerca su trabajo.
Y en el fondo tiene sentido. Porque Carrie nunca fue solo una historia de telequinesis y sangre de cerdo. Fue siempre una historia sobre el rechazo, sobre lo que le hacemos a quien no encaja, sobre la crueldad que puede anidar en comunidades pequeñas y familias rotas. Ahí hay material más que suficiente para explorar.
La apuesta más arriesgada: actualizarla al presente
Lo que más debate ha generado desde el primer tráiler en el San Diego Comic-Con de 2026 no es la duración, sino la decisión de trasladar la historia al mundo contemporáneo.
Flanagan se aleja aquí tanto del material original como de su propia reputación de adaptador fiel de King. Y eso es valiente.
Tyler Taing, de Discussing Film, lo describe así: «Es una verdadera modernización centrada en las ansiedades adolescentes y el ciclo de la violencia en nuestra era digital.» Y eso lo cambia todo.
Porque el acoso en 1974 tenía una escala. Hoy, esa misma humillación puede grabarse, compartirse, viralizarse en segundos. El daño se multiplica. La audiencia del horror crece sin límite. Lo que le ocurría a Carrie White en los pasillos de su instituto ahora puede sucederle a millones de personas a la vez, de maneras que King ni imaginó cuando escribió la novela.

Aquí es donde salta mi resorte de aficionado a la ciencia ficción. Porque esto que plantea Flanagan es, en esencia, el territorio de Black Mirror: la idea de que la tecnología no reescribe la naturaleza humana, solo le da un altavoz descomunal. La viralización como castigo público, el linchamiento digital, la vigilancia entre iguales… son distopías que ya no habitan el futuro, sino nuestro bolsillo. Y Carrie, curiosamente, encaja como un guante en ese marco.
Flanagan parece querer hablar exactamente de eso. De cómo la conexión permanente no nos ha hecho más empáticos, solo más rápidos a la hora de hacer daño.
Summer H. Howell y el peso de un personaje icónico
Ponerse en la piel de Carrie White después de Sissy Spacek —y en menor medida de Chloë Grace Moretz— no es tarea sencilla.
Pero todos los críticos coinciden en un punto: Summer H. Howell está a la altura. Tessa Smith, de Mama’s Geeky, la define como «fenomenal». Bria habla de una interpretación «que parte el corazón».
No pretendo repasar aquí toda su trayectoria previa, porque lo relevante es otra cosa: lo que describen estos primeros visionados apunta a algo esencial. Que Howell ha encontrado la humanidad del personaje antes que sus poderes. Y eso es precisamente lo que esta historia necesita para funcionar. Un monstruo no da miedo hasta que primero nos duele.
Flanagan, King y el peso de la herencia
Esta es la cuarta adaptación en imagen real de Carrie. La de 1976, dirigida por Brian De Palma, es una de las grandes películas del género. Las de 2002 y 2013 existen, con todo lo que eso implica.
Lo llamativo es que Stephen King, conocido por sus relaciones complicadas con las versiones de sus obras, aquí no solo ha dado su visto bueno: forma parte del proyecto como productor ejecutivo. Eso dice algo.
King sabe reconocer cuándo alguien trata su material con respeto y con propósito. Y Flanagan ha demostrado ser de esas personas.
Al final, lo que más me atrae de este proyecto no es el morbo de comprobar si supera a De Palma. Ese debate es entretenido, pero un poco estéril. Lo que me interesa es si Flanagan consigue que Carrie nos incomode de la manera correcta: no por la sangre, sino por el reconocimiento.
Soy de los que se quedan días dándole vueltas a una película —pausé Arrival para apuntar frases, me quedé pensando en Her durante una semana—, y sospecho que esta Carrie va a ser de esas. Por esa sensación de mirar a un personaje marginado y ver reflejado algo que preferiríamos no ver de nosotros mismos, de nuestras redes sociales, de nuestras comunidades online. Las mejores historias de terror hacen eso. No asustan desde fuera. Asustan desde dentro.
Y quizá esa sea la pregunta grande que late bajo la serie: si hemos construido un mundo hiperconectado que nos permite ver el dolor ajeno en tiempo real y, aun así, seguimos eligiendo mirar hacia otro lado. El terror, cuando es bueno, nunca habla de fantasmas. Habla de nosotros.
El 7 de octubre sabremos si Flanagan lo ha conseguido. Yo, desde luego, estaré ahí.

