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King Ghidorah roba el protagonismo en Godzilla Minus Zero

La secuela de Takashi Yamazaki no busca ser más grande que Minus One, sino más arriesgada. Ghidorah tiene más minutos que Godzilla, la violencia es por primera vez para adultos y la pelea real es por quién controla lo que queda después.

  • Ambientada en 1949, la secuela de Minus One sitúa a King Ghidorah en el centro de la historia, con más tiempo en pantalla que el propio Godzilla.

  • Es la primera película de la saga con clasificación R y, según la crítica de DiscussingFilm, su violencia nace de los personajes y no es gratuita.

  • Llega a los cines japoneses el 3 de noviembre y a Norteamérica el 6, y es la primera producción japonesa rodada con cámaras certificadas IMAX.

Hay secuelas que intentan repetir el truco y otras que prefieren romper la chistera. Según la reseña de Andrew J. Salazar en DiscussingFilm, Godzilla Minus Zero pertenece a las segundas: no busca ser más grande, sino más audaz y más arriesgada que Godzilla Minus One.

Y esa decisión me parece interesante, porque el monstruo, en el fondo, siempre ha sido una pregunta sobre qué hacemos con el miedo y con la culpa.

Un país que aún no ha terminado de reconstruirse

Estamos en 1949, dos años después de la derrota de Godzilla. El doctor Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka) dirige la nueva Oficina de Respuesta a Desastres Especiales. Japón intenta levantarse cuando aparece una amenaza extraterrestre que, según la reseña, amenaza con causar más daño que el propio Godzilla y no muestra debilidades.

Ahí entra en juego King Ghidorah, el dragón dorado, que según el texto es el verdadero centro de la película y tiene más tiempo en pantalla que el propio Godzilla. Toho, además, lo ha mantenido oculto en el marketing, salvo algún destello de rayo amarillo en los pósteres y su rugido en los tráileres. En una época en la que los tráileres lo cuentan casi todo, esa discreción es casi un acto de fe en el espectador.

No es una película de «versus»

Lo que más me llama la atención es que Yamazaki parece subvertir las convenciones de las secuelas de la saga. Aquí Godzilla no es el protector de la naturaleza por el que el público debe animar desde el principio. Y el conflicto no se reduce a dos criaturas peleándose.

La reseña lo resume bien: es una historia sobre la rabia, el sacrificio y los ciclos interminables de sangre que perpetúan la guerra y la codicia. Para frenar a Ghidorah, Noda no tiene más remedio que preparar un campo de batalla para Godzilla, con la esperanza de que el vencedor quede herido de muerte o de que se destruyan mutuamente. Es jugar a ser Dios con dos dioses de poder ilimitado, y el precio, de nuevo, lo pagarán vidas japonesas.

Hay además una capa política: detrás del choque de monstruos late una pugna entre Japón y Estados Unidos. Cuando se disipe el polvo, ¿quién controla lo que dejan atrás estas criaturas? Es una pregunta muy de ciencia ficción adulta: el monstruo es el espectáculo, pero la pelea real es por el botín.

Civiles convertidos en herramientas

El corazón sigue siendo la familia Shikishima. Kōichi (Ryunosuke Kamiki), el antiguo piloto kamikaze, y Noriko (Minami Hamabe) han encontrado algo de paz criando a Akiko (Sae Nagatani). Pero el país vuelve a llamar a su puerta y a pedirles más.

Según Salazar, Kamiki muestra su lado más tierno como padre, lo que hace aún más insoportable que se le pida volver a volar como «herramienta de guerra». Hamabe se adentra más en la acción, y Yoshioka, como Noda, es quien sostiene a todos y el mejor momento del reparto. También aparecen Masami Nagasawa como la meteoróloga Makoto Aoyama y Min Tanaka como el profesor Kanji Murakami.

El melodrama, admite la reseña, está presente, pero el elenco abraza la ira y la frustración de la historia sin caer en el exceso.

Una apuesta sin red

Se trata de la primera película de Godzilla calificada R, y según la reseña lo merece con matices. La violencia es cruda y a menudo explícita, más de lo que suele verse en Occidente, pero no gratuita: cada decisión importante nace de los personajes y los hace más humanos.

El profesor Kanji, superviviente de Hiroshima y del ataque a Ginza, es un ejemplo del trauma japonés llevado a la pantalla sin concesiones. También hay giros de ciencia ficción más salvajes de lo esperable tras Minus One. A veces pueden sacar al espectador de la historia, pero acaban resolviéndose con desenlaces satisfactorios, y cada vez más locos.

Efectos con alma

En lo visual, la reseña habla de una mejora sobre una primera entrega ya premiada con el Oscar a los mejores efectos visuales. Con más presupuesto y un alcance narrativo mayor, la acción sigue siendo cercana y palpable. Ghidorah, en concreto, firma algunos de los momentos más impresionantes, y las escenas junto a Godzilla ofrecen un espectáculo inédito en la saga. Además, es la primera producción japonesa que usa cámaras certificadas IMAX.

Lo que me queda tras leerla es una idea: el cine de monstruos funciona mejor cuando el monstruo no es la respuesta, sino la pregunta. Si Yamazaki lo ha conseguido, esta es una película que difícilmente se haría hoy en Occidente. La reseña le da 4,5 estrellas sobre 5. Se estrena el 3 de noviembre en Japón y el 6 en Norteamérica.

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