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Jon Watts, director de la trilogía de Spider-Man de Marvel, está en conversaciones para dirigir la primera entrega de una nueva trilogía de Star Wars escrita por Simon Kinberg, que continuaría la Saga Skywalker después de El ascenso de Skywalker con un posible regreso de Daisy Ridley como Rey.
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Que Watts, un director que ya demostró entender el alma de Star Wars en Skeleton Crew, dé el salto a la gran pantalla con esta saga es la combinación más esperanzadora que ha tenido Lucasfilm en años.
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El proyecto es el más avanzado de los muchos en desarrollo, pero aún carece de luz verde oficial de Disney; lo único confirmado en el calendario es Star Wars: Starfighter, con estreno el 28 de mayo de 2027.
Hay noticias que te llegan como un destello en mitad de la rutina y te obligan a detenerte. No como el momento en que Louise Banks descifra el lenguaje heptápodo en Arrival —eso sería pedir demasiado—, pero sí como una señal que merece atención. Star Wars vuelve a la gran pantalla, y esta vez la combinación de nombres detrás del proyecto tiene, al menos sobre el papel, más consistencia que muchas de las promesas anteriores.
No es la primera vez que Lucasfilm agita el tablero con anuncios que terminan diluyéndose antes de que una sola cámara ruede. Lo hemos visto con Rian Johnson, con Kevin Feige, con Patty Jenkins. Pero hay algo en este movimiento concreto —un director con historial probado, un escritor con años de trabajo encima y un personaje con preguntas abiertas— que invita a pensar que, quizás esta vez, la historia llegue a contarse de verdad.
Jon Watts y el equilibrio entre escala y humanidad
Jon Watts no es el nombre que uno pensaría en primer lugar para dirigir Star Wars. Es, ante todo, el hombre que devolvió a Peter Parker a sus raíces: un chico de barrio con problemas reales enfundado en una máscara de arañas. Y no solo funcionó. Funcionó tres veces seguidas con la trilogía de Spider-Man de Marvel —Homecoming, Far From Home, No Way Home—, manteniendo vivo el corazón del personaje mientras todo lo que le rodeaba crecía hasta proporciones casi inmanejables.
Eso es precisamente lo que Star Wars necesita en este momento.
Y no es una apuesta a ciegas: Watts ya ha pisado ese universo. Fue cocreador de Skeleton Crew, la serie de Disney+ que muchos dejaron pasar sin prestarle atención, pero que para quien se sentó a verla resultó ser una carta de amor al espíritu aventurero de la trilogía original. Watts sabe manejar la escala. Pero también sabe que la escala, sin emoción, no significa nada.
Simon Kinberg y el peso de seis años pensando en este universo
Del otro lado de la ecuación está Simon Kinberg, que lleva trabajando en esta trilogía desde 2018. Seis años pensando en cómo continuar una historia que, para muchos aficionados, terminó de forma bastante imperfecta.
Kinberg conoce bien esta galaxia. Fue cocreador y guionista de Star Wars Rebels, la serie animada que exploró los años oscuros del Imperio con una profundidad narrativa que todavía sorprende. También acumula experiencia en franquicias de enorme envergadura, como las películas de X-Men o la reciente Mr. & Mrs. Smith de Prime Video.
No es alguien que se limite a construir tramas de acción. Es un escritor que parece genuinamente interesado en lo que significa pertenecer a algo, en el coste real de las decisiones y en los grises morales que hacen interesante a cualquier personaje. Eso, en el contexto de Star Wars, da esperanza.
Rey y la pregunta que nadie ha respondido todavía
La historia se situaría después de los eventos de El ascenso de Skywalker, y Daisy Ridley estaría siendo considerada para retomar su papel como Rey.
Hay algo genuinamente poético en eso. Rey es el personaje que terminó la saga cargando con un apellido que no era suyo —Skywalker— y con la misión casi imposible de reconstruir la Orden Jedi desde los cimientos. Es, en esencia, la pregunta más interesante que dejó abierta esa trilogía: ¿qué pasa cuando el héroe gana y tiene que construir algo nuevo?
Es un dilema que la buena ciencia ficción lleva décadas explorando. Lo vimos en Dune, donde ganar la guerra solo abre la puerta a un problema mayor: qué hacer con el poder y con el vacío que deja lo que has destruido. Lo vimos en Blade Runner 2049, con esa idea de levantar identidad y futuro sobre las ruinas de un mundo que ya se derrumbó una vez.
¿Cómo se construye algo duradero sobre esos escombros? ¿Qué clase de Jedi necesita una galaxia que ya ha visto caer a la Orden dos veces? Son exactamente el tipo de preguntas que merecen una respuesta cinematográfica. El tipo de preguntas que, si Kinberg y Watts comprenden lo que tienen entre manos, podrían convertir esta trilogía en algo que valga la pena recordar.
El gran asterisco: todo puede cambiar
Aquí es donde conviene respirar hondo y no perder la perspectiva.
El proyecto todavía no tiene luz verde oficial de Disney. Es, según los informes, el más avanzado de los múltiples proyectos de Star Wars en desarrollo —y hay muchos en esa lista—, pero avanzado no es lo mismo que confirmado.
Mientras tanto, Star Wars: Starfighter ya tiene fecha en el calendario: 28 de mayo de 2027. Eso es real. Lo demás, por ahora, sigue siendo una promesa bien fundamentada.
Hay una diferencia enorme entre anunciar una película y hacerla, y Star Wars lleva años demostrando que esa distancia puede volverse infinita. Pero esta vez, la combinación de un director que sabe manejar franquicias sin perder de vista a las personas que las habitan, y un escritor que lleva media década dándole vueltas a este universo, ofrece algo que escaseaba en el horizonte galáctico últimamente: una razón real para el optimismo.
No el optimismo ingenuo de quien cree cualquier anuncio. Sino el de quien reconoce que, al menos sobre el papel, los ingredientes parecen los correctos por primera vez en mucho tiempo. Star Wars necesita volver al cine con algo que decir. Quizás, solo quizás, esta trilogía sea esa oportunidad.