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Anthony Mackie ha contado una anécdota preciosa sobre el momento en que Ian McKellen descubrió en el set de Avengers: Doomsday que él es el nuevo Capitán América, y la respuesta del actor británico es exactamente lo que necesitabas leer hoy.
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Avengers: Doomsday está juntando un reparto histórico que mezcla el MCU con los rostros icónicos de los X-Men de la Fox — el crossover que llevamos soñando desde que leíamos cómics con linterna debajo de las sábanas.
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McKellen confesó que se imaginaba destruyendo Mar-a-Lago para canalizar la furia de Magneto y, como truco de motivación actoral, reconozco que tiene su punto… aunque me preocupa que tanta nostalgia acabe pesando más que el guion.
Hay momentos en el cine que no necesitan efectos especiales ni una banda sonora épica para emocionarte. A veces basta con imaginar a dos actores en un pasillo de rodaje, uno preguntando al otro qué hace en la película, y el otro respondiendo con tres palabras que lo cambian todo. Eso es exactamente lo que pasó en el set de Avengers: Doomsday, y cuando Anthony Mackie lo contó, internet se derritió un poquito.
Y es que hay algo especial en esta historia que va más allá del típico anecdotario de rodaje. Aquí no hablamos solo de dos actores conociéndose. Hablamos de la confluencia de dos universos que durante décadas existieron en paralelo, separados por derechos de estudio y decisiones corporativas, y que ahora comparten set, escenas y —por lo que parece— momentos genuinamente humanos.
La historia la contó el propio Mackie hace unos días, y merece reproducirse casi palabra por palabra. Estaban en el set cuando se cruzó con Sir Ian McKellen. El actor de 86 años, leyenda viva del teatro británico y del cine, le preguntó qué papel interpretaba.
Mackie respondió: «Soy el Capitán América.»
Y McKellen, sin perder un segundo, contestó: «Maravilloso… y te lo mereces.»
Punto. Eso es todo. Y sin embargo es absolutamente perfecto.
Lo que hace tan especial este momento es el peso que tienen esos dos hombres en la historia del cine de superhéroes. McKellen fue Magneto cuando el género todavía tenía que demostrarle algo al mundo, en aquella primera X-Men del año 2000 que muchos consideramos el pistoletazo de salida de todo lo que vino después. Recuerdo verla en el cine siendo una cría, con mis tomos de Claremont manoseados en casa, y pensar que por fin alguien se tomaba en serio a estos personajes. Y Mackie es quien ha recogido el escudo de Steve Rogers tras años construyendo a Sam Wilson, demostrando en Falcon and the Winter Soldier que tiene de sobra lo que hace falta para llevarlo.
Que el primero le diga al segundo «te lo mereces» tiene una dimensión simbólica que ningún guionista habría escrito mejor.
Pero la anécdota de Mackie no es lo único que ha salido a la luz. McKellen también habló en un festival de cine en Roma sobre su experiencia volviendo a ponerse en la piel de Magneto bajo las órdenes de los hermanos Russo. Y aquí la cosa se pone todavía más jugosa.

Según contó, los directores le pedían que pareciera furioso mientras interpretaba los poderes magnéticos del personaje. Necesitaban odio real, destrucción auténtica en su cara. Y McKellen, con la practicidad de quien lleva décadas sobre los escenarios, recurrió a un truco mental.
Se imaginó destruyendo Mar-a-Lago.
Y, al parecer, llegó a gritarlo durante la escena.
Uno puede estar de acuerdo o no con la elección del objetivo imaginario, pero como demostración de compromiso con Magneto —un mutante que ha sufrido la persecución y el odio en su propia piel— tiene una coherencia interna difícil de ignorar.
Ahora bien, hablemos del contexto amplio, porque Avengers: Doomsday está siendo quizás la película con el reparto más ambicioso que ha producido el MCU. Y eso ya es decir mucho.
Por el lado Marvel, junto a Mackie como Capitán América, tenemos a Chris Evans, Chris Hemsworth, Sebastian Stan, Paul Rudd, Tom Hiddleston y, por supuesto, a Robert Downey Jr. en su nuevo papel como Doctor Doom.
Y por el otro lado está lo que de verdad me pone los pelos de punta: los actores de la saga X-Men original. Patrick Stewart vuelve como el Profesor Xavier, James Marsden regresa, Kelsey Grammer recupera a Bestia, Alan Cumming a Rondador Nocturno y Rebecca Romijn a Mística.
Esto no habría sido posible sin la compra de la Fox por parte de Disney en 2019, la fusión que devolvió a los mutantes a casa después de casi veinte años en manos ajenas. Es la reunión que nadie se atrevía a pedir en voz alta. Y está pasando.
Y aquí es donde me toca ponerme la gorra de fan exigente. Porque los hermanos Russo ya demostraron con Infinity War y Endgame que saben manejar narrativas corales de escala épica, pero un reparto así es un arma de doble filo. La nostalgia vende, sí, pero también puede convertirse en muletilla: traer viejas caras solo para arrancar el aplauso es un riesgo real de que la película colapse bajo su propio peso y acabe siendo un desfile de fanservice sin corazón. Ya nos han vendido «el mayor crossover de la historia» más de una vez, y no siempre el guion ha estado a la altura del cartel.
Aun así, si el tono del rodaje es el que sugiere la anécdota de Mackie y McKellen, quizás haya motivos para el optimismo.
La fecha de estreno de Avengers: Doomsday es el 18 de diciembre, y mientras esperamos, historias como esta nos recuerdan por qué seguimos siendo fans después de todos estos años. No solo por las batallas ni por los efectos, sino por esos pequeños momentos que suceden entre personas reales antes de que rueden las cámaras.
Hay algo muy bonito en imaginar a Ian McKellen preguntando con curiosidad genuina qué hace su nuevo compañero en la película, y recibiendo esa respuesta con la generosidad de alguien que entiende perfectamente lo que significa llegar hasta ahí. Avengers: Doomsday aún tiene que demostrarnos mucho —y yo pienso exigírselo—, pero de momento ya nos ha regalado uno de los mejores momentos del año. Y todavía no hemos visto ni un fotograma.

