DC

Grant Morrison destroza a Momoa como Lobo. Elogia Lanterns sin reservas

Grant Morrison calificó la actuación de Momoa como Lobo de una de las peores que ha visto en una película. Pero elogia Lanterns con entusiasmo. Cuando el hombre que reescribió a Superman dice algo así, merece que lo escuches aunque no estés de acuerdo.

  • Grant Morrison ha calificado la actuación de Jason Momoa como Lobo en Supergirl de «una de las peores que ha visto en una película», pese a que sobre el papel el casting parecía infalible.
  • Cuando el hombre que reescribió a Superman en All-Star Superman señala un problema, no se trata de ruido de redes; conviene tomárselo en serio, sobre todo cuando lo hace con argumentos y no con bilis.
  • El guionista escocés, sin embargo, ha rectificado con Lanterns pasando del escepticismo al elogio, y de paso destapa un agujero de guion en el segundo acto de una película que se quedó en 126,4 millones de dólares de recaudación mundial.

Hay pocas voces en el mundo del cómic que carguen con tanto peso como la de Grant Morrison. Hablamos del tipo que convirtió a un Superman casi olvidado en el icono más emotivo de la historia del personaje, que jugó con la cuarta pared en Animal Man y que le dio a Batman una mitología que todavía resuena.

Cuando Morrison opina sobre adaptaciones de DC, no lo hace como un fan cualquiera desde el sofá: lo hace como alguien que, literalmente, ha construido parte de ese universo con sus propias manos.

Y llega en un momento delicado. Estamos en plena reconstrucción de la casa bajo la batuta de James Gunn, con un DC Studios que intenta pasar página tras los vaivenes de la era Snyder y dejar atrás aquellos tropiezos de principios de los 2000 que muchos preferimos olvidar. Así que cada estreno se examina con lupa. Y las palabras de Morrison esta vez mezclan elogios inesperados con una crítica que duele precisamente porque viene envuelta en lógica aplastante.

Morrison se reconcilia con Lanterns

Empecemos por las buenas noticias, porque las hay.

Morrison no arrancó con buen pie respecto a Lanterns. Su crítica inicial apuntaba a que la serie apostaba por un enfoque demasiado austero, demasiado «de andar por casa», para una historia que debería tener la escala galáctica propia del Cuerpo de Linternas Verdes.

Era una queja comprensible, y viniendo de él tiene todo el sentido: quien recuerde su etapa en JLA, con aquellos Green Lanterns que se codeaban con amenazas cósmicas de dimensiones imposibles, entiende que Morrison reclame para las Linternas ese aliento estelar que las distingue de cualquier otro superhéroe.

Sin embargo, ha revisado su postura tras ver más episodios. Y el cambio es significativo.

Ahora elogia la interpretación de Kyle Chandler como Hal Jordan, destacando cómo su aparente dejadez —lo que Morrison llama una «rutina de borracho irresponsable»— funciona en realidad como una capa de misdirection muy efectiva.

También valora el arco de Aaron Pierre como John Stewart, que según Morrison va desprendiéndose progresivamente de esa rigidez inicial para revelar algo más interesante debajo.

Kyle Chandler, actor de Hal Jordan en Lanterns, en el panel de San Diego Comic-Con 2026

Es un buen recordatorio de que a veces hay que darle tiempo a una historia para que respire. Algo que, curiosamente, hasta el propio Morrison ha tenido que aprender junto con los espectadores.

El problema Momoa

Y aquí es donde la cosa se complica.

Morrison admite que tenía expectativas altas con Supergirl, especialmente con la presencia de Jason Momoa como Lobo. Y es que, sobre el papel, el casting parecía casi infalible.

Lobo es un personaje excesivo, físicamente imponente, con un humor negro brutal y una energía caótica que encajaría como un guante con la personalidad que Momoa ha proyectado durante años en pantalla. Cualquiera lo habría firmado.

Pero lo que Morrison vio le dejó completamente desconcertado.

Sus palabras, recogidas por ComicBookMovie.com, no dejan mucho margen a la interpretación: «fue, de hecho, una de las peores actuaciones que he visto en una película, y bastante desconcertante, porque sé que Momoa no suele ser tan malo y Lobo parece un personaje hecho para él».

Es una crítica brutal, sí. Pero fíjate en el matiz que la acompaña: Morrison no está atacando a Momoa como actor. Está señalando que algo falló en el proceso, que entre el papel, el actor y la pantalla se perdió algo fundamental.

Eso apunta tanto a la dirección y al montaje como a la interpretación. Y es un recordatorio de que un casting perfecto sobre el papel no garantiza nada si la producción no sabe qué hacer con él.

El agujero del segundo acto

Por si la actuación no fuera suficiente problema, Morrison también identifica un fallo narrativo que hace que el segundo acto de Supergirl se tambalee.

El argumento, resumido: Krypto sufre los efectos de una toxina y hay que perseguir al villano —Krem de las Colinas Amarillas, descrito por Morrison como un «aburrido gánster rumano de bajo nivel»— para encontrar la solución.

El problema es que la solución ya estaba disponible desde el principio.

Según Morrison, Supergirl simplemente tendría que haber llevado a Krypto a un mundo de sol amarillo. Los rayos de ese sol habrían devuelto al perro su invulnerabilidad, eliminando cualquier efecto de la toxina sin necesidad de perseguir a nadie.

Es el tipo de agujero de guion que, una vez lo ves, no puedes dejar de verlo. Y que convierte a Krem en un obstáculo prescindible antes incluso de que arranque el tercer acto.

Al final, Supergirl se queda en los 126,4 millones de dólares de recaudación mundial, una cifra que refleja esa sensación de «ni fu ni fa» que rodea a la película. No es un desastre total —Milly Alcock como Supergirl recibe elogios incluso de Morrison, y eso no es poca cosa—, pero tampoco es el arranque rotundo que este nuevo DC necesitaba para convencer a los escépticos.

Y ahí está lo interesante. El plan de Gunn es una carrera de fondo, no un sprint, y tropiezos como este forman parte del proceso de cualquier universo que se está construyendo desde los cimientos. Lo importante es aprender de ellos.

Precisamente por eso la crítica de Morrison resulta tan valiosa: no viene a destruir, sino a señalar qué falló y por qué. En un ecosistema donde las opiniones sobre DC suelen ser defensa ciega o condena sin matices, escuchar a alguien que sabe exactamente de qué habla —y que ha estado dentro de ese universo durante décadas— es un soplo de aire fresco.

Ojalá los responsables de DC Studios lo estén leyendo.

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