Disclosure Day se desploma en taquilla con apenas 160 millones recaudados

Disclosure Day se hunde en taquilla con solo 160,4 millones recaudados, lejos de los 287-300 que necesitaba para cubrir gastos. Un desplome del 62% en su segundo fin de semana y la llegada de Toy Story 5 la han dejado al borde del fracaso.

✍🏻 Por Lucas Ferrer

junio 25, 2026
  • Disclosure Day ha recaudado apenas 160,4 millones de dólares en todo el mundo, menos de la mitad de los 287-300 millones que necesita solo para no perder dinero.

  • La película se desplomó un 62% en su segundo fin de semana, ingresando solo 17,2 millones en el mercado doméstico estadounidense: la prueba de que el boca a boca no está funcionando.

  • La llegada de Toy Story 5 —más de 160 millones en su estreno— la ha relegado al segundo puesto, y los inminentes estrenos de Supergirl y Minions & Monsters amenazan con hundirla aún más.

  • Mi opinión: Con casi 200 millones invertidos y un público joven prácticamente desaparecido, el reto se ha vuelto descomunal para una cinta que llegaba con todas las papeletas para ser el bombazo del verano.

  • Los mercados internacionales son ahora mismo el último salvavidas real, y conviene seguirlos de cerca semana a semana.


Cuando Steven Spielberg estrena una película, los analistas de taquilla como yo sacamos la libreta, afilamos el lápiz y nos preparamos para lo que casi siempre es una historia de éxito. Hablamos del hombre que inventó el blockbuster moderno, del director detrás de Tiburón, E.T. o La lista de Schindler. Que su nombre en el cartel no garantice un buen resultado financiero es, en sí mismo, una noticia que merece toda nuestra atención.

Disclosure Day llegó a los cines el 12 de junio con un reparto de auténtico lujo —Josh O’Connor, Emily Blunt y Colin Firth—, un guion de David Koepp sobre una historia original del propio Spielberg y toda la artillería de Universal Pictures detrás. Sobre el papel, todo cuadraba. Era de esas combinaciones que, como analista, das por ganadoras antes de empezar.

Y sin embargo, dos semanas después del estreno, los números cuentan una historia muy distinta. Una historia que, me temo, no tiene un final feliz a la vista.

La película acumula a día de hoy 160,4 millones de dólares en todo el mundo: 78,3 millones en Estados Unidos y 82,2 millones en el resto de territorios.

El problema es que esa cifra representa apenas la mitad de lo que necesita para empezar a respirar. Con un presupuesto de producción de 115 millones y otros 80 destinados a marketing, la inversión total asciende a 195 millones.

Haciendo números —que es lo mío—, el punto de equilibrio se sitúa en torno a los 287-300 millones de dólares mundiales. Dicho de otro modo: queda medio maratón por delante y la película va andando.

El dato más revelador de esta semana es la caída del segundo fin de semana: un 62% respecto al primero, con solo 17,2 millones ingresados en 3.824 salas. Para situarnos: una caída del 50-55% ya se considera importante; cuando supera el 60%, las alarmas suenan solas. El público que fue al estreno no la está recomendando con el suficiente entusiasmo como para llenar las butacas siete días después.

El CinemaScore lo confirma: una nota B. Y aquí conviene explicar qué es esto, porque no todo el mundo tiene por qué saberlo. El CinemaScore es una encuesta que se hace al público real a la salida del cine la misma noche del estreno, y sirve para medir el grado de satisfacción de quienes ya han pagado su entrada. Es, básicamente, el termómetro del boca a boca.

Una B no es un suspenso, pero para una producción de este calibre se esperaba bastante más. Es una nota comparable a la de recientes decepciones comerciales como Masters of the Universe o In The Grey, y esa compañía nunca es buena señal.

Hay otro dato que me parece especialmente llamativo: el perfil del público. Prácticamente nadie menor de 17 años ha pisado la sala para ver Disclosure Day, y solo el 14% de las entradas las compraron espectadores de entre 18 y 24 años.

Eso significa que la película está atrayendo a un público adulto y maduro. No es malo en sí mismo —hay grandes éxitos que viven de ese espectador—, pero dificulta enormemente generar ese entusiasmo viral que hoy cualquier blockbuster necesita para aguantar varias semanas en cartelera. Sin gente joven llenando redes y arrastrando amigos al cine, la mecha se apaga rápido.

Y el panorama competitivo tampoco ayuda. Toy Story 5 arrasó con más de 160 millones en su primer fin de semana y le arrebató el trono de inmediato, dejando a Disclosure Day en segunda posición tras apenas una semana de reinado. Y esto no ha hecho más que empezar: el estreno de Supergirl el 26 de junio y el de Minions & Monsters el 1 de julio seguirán empujándola hacia abajo en las listas. Cuando llegan los pesos pesados de la animación familiar, los demás suelen quedar arrinconados.

Aquí es donde entra la única carta que le queda por jugar: los mercados internacionales. Y conviene mirarlos con calma, porque no todos los territorios funcionan igual. La marca Spielberg sigue teniendo un peso enorme en Europa occidental y en buena parte de Latinoamérica, mercados que históricamente han respondido bien al cine de autor con vocación comercial.

El gran interrogante es China, ese gigante capaz de salvar una película o de ignorarla por completo, y que en los últimos años se ha vuelto cada vez más impredecible para las producciones occidentales. Si Disclosure Day quiere acercarse a la rentabilidad, necesitará que esos territorios remen con fuerza y de forma sostenida, no un buen estreno y luego silencio.

Los números rara vez mienten, aunque a veces se demoran en decir la verdad completa. Disclosure Day acumula ya suficientes señales de alerta como para que cualquier analista encienda las luces de emergencia: la caída del segundo fin de semana, la indiferencia del público joven y la competencia feroz que acaba de aterrizar.

Spielberg lo ha conseguido en situaciones complicadas antes —pocos directores han demostrado tanta capacidad de resiliencia—, y sería precipitado darle por vencido. Pero esta vez los datos no están de su parte, y eso, al final del día, es lo que hace este negocio tan apasionante e impredecible para alguien como yo, que lleva años intentando entenderlo sin terminar de conseguirlo del todo.


Apasionado por los números que cuentan historias, llevo más de 12 años desentrañando qué hay detrás del éxito (o fracaso) en taquilla. Para mí, cada cifra es un reflejo del público y la industria, y me encanta traducir esos datos en análisis claros y sorprendentes.

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